lunes, 29 de julio de 2019

La izquierda ha de ser de izquierdas LIDIA FALCÓN

La razón acaba siempre por tener razón
Lenin

El drama representado en los últimos días en el Parlamento con las sesiones de investidura fallidas y el epílogo que están ahora representando los dirigentes de las dos formaciones que debían haber formado gobierno, Podemos y PSOE, atribuyendo cada uno al contrario la culpa del fracaso, nos enseña claramente que en política la solución siempre es la más sencilla. Y esta es que la izquierda ha de actuar como una fuerza de izquierda.
La insistencia, casi desesperación, con que Iglesias y las demás dirigentes de Podemos pidieron a Sánchez participar en el gobierno, con varios ministerios, se hizo patética a medida que resultaba más evidente que Sánchez no quería de ninguna manera tener sentado a la misma mesa a Pablo Iglesias exigiéndole derogar el artículo 135 de la Constitución, la reforma laboral, la nacionalización de las eléctricas, la devolución de los 60.000 millones entregados a la banca, y otras medidas igualmente “fáciles” de cumplir para quien debe seguir las instrucciones de la Unión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, sin contar con el Departamento de Estado de EEUU y la OTAN.
Situación ésta que ya no es un secreto para nadie, no solo porque tanto Julien Assange como Carlos Enrique Bayo han desvelado los últimos secretos que guardaban los servicios de inteligencia de muchos de esos organismos, sino porque el propio Pedro Sánchez nos dio una información de primera mano sobre las presiones que recibía su partido en la entrevista que concedió a Jordi Évole en la Sexta, en los momentos de su exilio del PSOE.
Lo más desconcertante ha sido que Iglesias, y algunas de sus acólitas, le repetían a Sánchez continuamente que precisamente porque era de tal modo dependiente de los organismos internacionales así cómo de la patronal española, ellos tenían que estar presentes en el Consejo de Ministros para vigilarle. Y, al parecer, creían que Sánchez iba a aceptar.
No sólo las declaraciones de desconfianza que realizó Pablo Iglesias desde el primer momento tenían que molestar al PSOE, como a cualquier otro a quien le espetas que no se fía de ti, sino que precisamente por ello el aludido debía querer tenerlo lo más lejos posible.
Estas normas de relación de simple educación social no parecen haberlas aprendido los dirigentes de Podemos que utilizan la televisión como el pregón del pueblo para que todo el mundo se entere. Mientras, los podemitas permanecen autistas frente a la hostilidad que tanto Sánchez y Calvo y Ábalos, como la mayoría de los barones socialistas  sienten hacia su formación política y sus modos de hacer, ya que lo último que quieren es tener de gobernantes a esos hooligans inmaduros que se formaron políticamente en las plazas del 15M, a donde quiere volver a Monedero.
Si tal situación no abría los ojos a Iglesias y le hacía comprender que la izquierda comunista, en lo que todavía quede de comunismo en Unidas Podemos, no puede gobernar con la socialdemocracia, a menos que se someta al abrazo del oso que supone aceptar las reglas del juego de la derecha, solamente repasando la historia del siglo XX podría haber comprendido la imposibilidad de su propuesta. Desde Mitterrand a González y Almunia, las alianzas de socialistas y comunistas han concluido siempre con la derrota de estos últimos, que les ha llevado a la irrelevancia. Y más cerca en el tiempo la experiencia de Tsipras en Grecia, y la de Andalucía con Susana Díaz, debería haberles enseñado también.
Si la izquierda quiere actuar de izquierda, es decir si no se engaña con los cantos de sirena del discurso laclauniano de que ya no hay izquierda ni derecha ni lucha de clases ni se debe aplicar el análisis materialista de la realidad porque estamos en la postmodernidad, no puede someterse a las imposiciones de un partido socialista que se ha caracterizado por ser el mejor aliado del Capital. Entrar en el gobierno del PSOE será aceptar los acuerdos del Consejo de Ministros donde habrá 15 ministros socialistas para 3 de UP, y en consecuencia cualquiera puede entender que o aceptas sus decisiones o te vas, después de haber aireado tu pataleta en las ruedas de prensa.
Entrar en el gobierno del PSOE es ser cómplice del mismo o pasarse el tiempo protestando y criticando a tus socios de mesa. ¿Y eso era lo que quería Iglesias? Por supuesto, otro asunto es votar la investidura de Sánchez que inevitablemente ha de ser para evitar otras elecciones, en las que muy probablemente la izquierda tiene todo que perder.
El Partido Feminista de España en enero de 2019, en la Coordinadora de Izquierda Unida, ya se pronunció contra la coalición con Podemos en las inmediatas consultas electorales, explicando por enésima vez que esas alianzas invisibilizan a IU, la vuelven irrelevante y en consecuencia sus militantes  se desaniman y, para colmo, no concitan más votos, como se pretende. Porque los votantes no desean aceptar la derechización o la derrota de su formación, y para votar a la derecha ya tienen el original.
Nuestro pronóstico se cumplió tanto en las generales como en las municipales, autonómicas y europeas. Y en esto llegó el drama de la investidura, y volvimos a decir que no había que pedir puestos en el gobierno sino apoyar la investidura y actuar como oposición de izquierda, si es que realmente queremos ser de izquierdas.
Porque lo verdaderamente importante es no perder de vista quien es el enemigo principal de las clases trabajadoras y de las mujeres. El Capital y el Patriarcado unidos han hundido a la mayoría de la población española en la pobreza, la humillación y la violencia, y los partidos que son su correa de transmisión piensan mantener el mismo objetivo, aunque adornen sus declaraciones con juramentos de feminismo y socialismo.
Y no tantos juramentos, que una de las constataciones que desde el Partido Feminista hicimos fue que las fuerzas políticas de izquierda, que  expusieron sus programas y objetivos en el Parlamento,  ni aún mencionaron la criminal masacre que están sufriendo las mujeres españolas por la violencia machista.
Resulta indignante que ninguno de los oradores que se identifican de “progreso”, todos hombres menos la representante de Junts per Catalunya,  que nos obsequiaron en la tribuna de oradores con sus discursos de denuncia de los problemas de la ciudadanía y ofrecido sus programas para resolverlos, mencionó con detalle los gravísimos ataques y carencias que  está sufriendo la población femenina, que constituye el 52% de la total. La hipocresía con que en otros momentos alaban el feminismo  quedó desenmascarada en las sesiones parlamentarias.
Finalmente parece que la dirección de IU se pronuncia para plantear que no hace falta entrar en el Consejo de Ministros sino aprobar una investidura con un programa más o menos controlable. Y he aquí otra actuación inaceptable, porque hacía dos días que IU había planteado una consulta a las bases sobre si quería participar en el gobierno y la respuesta previsible dio una mayoría absoluta a la opción positiva, claro que con la participación del 16% del censo. Y, de pronto, sin nueva consulta –cosa imposible- cambia la propuesta. ¿Y dónde queda la opinión de las bases? ¿Y para qué la quería la dirección, si al final decide por su cuenta?
Es evidente que ha llegado el momento de que se forme gobierno para acabar con la provisionalidad y el desconcierto que existen en las administraciones españolas. Se están creando y prolongando numerosos problemas para las clases trabajadoras y las mujeres por la falta de unos presupuestos indispensables, que, aunque insuficientes, pueden paliar, en la medida en que lo hará el PSOE, las carencias que padecen los sectores sociales más vulnerables: las mujeres, los niños, los discapacitados, la sanidad , los transportes, los becarios, la investigación, etc. Por ello constituye una absoluta falta de responsabilidad por parte de las formaciones políticas que se han abstenido permitir que la interinidad del gobierno se prolongue en perjuicio del pueblo español al que todos dicen querer tanto. Y aunque ya sabemos las complicidades que mantiene el PSOE con el Capital, en el momento actual no solamente es el único que tiene posibilidades de gobernar sino que es bastante más deseable que el gobierno de la derecha.
Con la abstención, Podemos ha demostrado nuevamente su inmadurez y falta de preparación política, y con la obstinación en solicitar ministerios mantiene pretensiones que no tienen correlato en la fuerza parlamentaria que posee.
Si, tal como se prevé, se tienen que repetir las elecciones en noviembre los resultados serán demoledores para Unidas Podemos y para las formaciones políticas que forman parte de la coalición o que están asociadas con ella.
Ciertamente, repetimos, la izquierda española hoy ha de demostrar que es de izquierdas, y además ser inteligente. De otro modo está trabajando para su propia desaparición.

Terrorismo yanquis contra Venezuela


domingo, 28 de julio de 2019

Gobierno de coalición La coalición que pide Podemos encalla con el portazo del PSOE y el pacto de legislatura que demanda IU Los de Pedro Sánchez rechazan volver a negociar la entrada de miembros de Unidas Podemos al Ejecutivo y los de Alberto Garzón piden que se priorice un acuerdo programático ante el riesgo de repetir las elecciones.

Alberto Garzón y Pablo Iglesias en el hemiciclo del Congreso / Imagen de archivo - EUROPA PRESS
El gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos está hoy más lejos. El fracaso de Pedro Sánchez en la investidura ha abierto un nuevo escenario y los últimos movimientos, externos e internos, dentro del Grupo Confederal, le ha hecho perder fuelle al objetivo que persiguen los de Pablo Iglesias desde la campaña electoral: impulsar medidas sociales de calado, pero desde el Ejecutivo.
La tensión y el enfrentamiento vividos con los socialistas durante las negociaciones y el debate de investidura situaron a Podemos frente a dos importantes desafíos: arrastrar a un PSOE que amenazaba con elecciones a una segunda etapa de negociaciones (un "reinicio" de las conversaciones, "de cero"), y coser las heridas de la dura batalla que han protagonizado contra los de Sánchez en los últimos días.
En Podemos son partidarios de "apartar las afinidades personales" para dejar paso a la política, aunque las relaciones parecieron quedar tocadas también en este segundo ámbito. No obstante, la intención de la formación morada era clara: unas nuevas negociaciones para un gobierno de coalición antes de septiembre, "sin líneas rojas", "con respeto" y con la disposición a estudiar todas las propuestas del PSOE, incluso las que ya habían rechazado.
Ese no era el guión del PSOE. Un día han tardado los de Sánchez en dejar claro que el coste político para Podemos del fracaso en la investidura iba a ser el rechazo tajante al gobierno de coalición. No negociarán más la entrada de los de Iglesias al Ejecutivo, y van a explorar "nuevas posibilidades". De la entrevista del presidente del Gobierno en funciones el jueves no salió un mensaje rotundo respecto a los de Iglesias, pero su discurso (en el que "socio prioritario" dejó paso a "las cuatro grandes fuerzas de este país") sonaba distinto. Ese sonido lo definió Calvo este viernes dando un portazo a un acuerdo de Gobierno.
El primer obstáculo era claro, pero las trabas al ejecutivo de coalición no se iban a quedar ahí. Las diferencias que se produjeron en el seno del Grupo Confederal entre Izquierda Unida y Podemos minutos antes de la investidura se materializaron este viernes en un posicionamiento político de los de Garzón que aboga por abandonar la idea de entrar en el Gobierno si con ello se evita la repetición electoral.

El debate entre IU y Podemos no se queda en el Pleno

Las formaciones lograron ponerse de acuerdo antes del Pleno y, aunque hubo rumores de que IU podría votar distinto al resto del grupo, finalmente coordinaron su voto para que la abstención a Sánchez se revistiera de firmeza. Pero el debate parece no haberse quedado en la sesión de investidura e Izquierda Unida ya ha hecho público que su prioridad es la de llegar a un acuerdo programático, un pacto de legislatura con Unidas Podemos influyendo en el Gobierno desde el exterior: la llamada vía portuguesa.
Las bases para ese pacto, proponen los de Garzón, serían las medidas incluidas en el acuerdo para los Presupuestos Generales del Estado de 2019 que firmaron Iglesias y Sánchez. Sin embargo, la posición de Podemos es clara en este sentido, y, de hecho, los acuerdos alcanzados con el PSOE forman parte de este argumento. "Necesitamos estar en el Gobierno para que Sánchez cumpla", repitió Iglesias en casi todos los escenarios de campaña, sobre los que acusó a los socialistas de no llevar a cabo las medidas a las que se comprometieron con la formación morada.
El gobierno de coalición pierde enteros, pero sigue siendo el objetivo del partido. Desde la formación insisten en que las diferencias en los posicionamientos con Izquierda Unida forman parte de la "normalidad" de Unidas Podemos: "Somos un grupo confederal, primero se toman decisiones autónomas en cada partido y luego las debatimos".

La vicepresidenta, en el ojo del huracán; el 'gurú' de Sánchez, entre bambalinas El fracaso de la negociadora y el estratega Iván Redondo en las negociaciones del PSOE con Podemos suscita críticas internas en el partido


La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. (EFE/J.J.Guillén)
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En los cenáculos de La Moncloa está muy extendido el comentario de que cuando las cosas salen bien, es gracias a Iván Redondo, jefe de Gabinete de la Presidencia del Gobierno, y cuando salen mal, siempre es culpa de la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo. Sin embargo, en esta ocasión, los reproches se están distribuyendo a partes iguales, porque lo que todos constatan dentro del PSOE es el estrepitoso fracaso de la negociadora y el estratega para conseguir el acuerdo con la formación morada.
Calvo se puso al frente de la negociación con Unidas Podemos, sorprendentemente en contra de lo que anunció José Luis Ábalos, ministro de Fomento y número dos del PSOE, dos días antes, cuando informó de que ese liderazgo recaía en Adriana Lastra, portavoz parlamentaria de los socialistas, y María Jesús Montero, ministra de Hacienda. Ya en ese momento, algún diputado del PSOE comentó que esa decisión estaba destinada a que el pacto no saliera.
Más allá de que fuese imposible el acuerdo por las posiciones de Unidas Podemos, como alegan las fuentes negociadoras, Carmen Calvo se ha colocado en el ojo del huracán por la filtración del documento negociador de Unidas Podemos, por un lado, al quedar en evidencia que el texto con cambios salió desde la Vicepresidencia del Gobierno y, por otro, por el nuevo título que, desde el PSOE, se puso al documento: “Las exigencias de Podemos al PSOE”. "Exigencias" por "propuestas", que era el término original.
A esto se une que a la vicepresidenta también se le atribuye el comentario de que el Ministerio de Trabajo no podía estar en manos de Unidas Podemos para no incomodar a la CEOE, Una frase que la vicepresidenta no llegó a desmentir tajantemente cuando fue preguntada en la Cadena Ser. Fuentes de Ferraz, sin embargo, confirmaron a Público en las últimas horas que la frase la dijo ella.
Al otro lado, entre bambalinas, siempre figurando al lado del presidente para ser visto, pero apartándose en el momento justo, está Iván Redondo, director del Gabinete de Sánchez, a quien se atribuye la estrategia negociadora, además, desde el 28-A, aunque ésta no se concretara realmente hasta las últimas 72 horas y con Redondo ya en un segundo plano.
Al exdirector de Gabinete, también, del expresidente extremeño José Antonio Monago, le endosan todos los éxitos, el cacareado win-win y frases tan memorables como que “El Gobierno no cambia de posición, el Gobierno madura sus decisiones” o la de “Si la gente no se acuerda de lo que comió ayer, tampoco de lo que anteayer decía el Gobierno”. Con estas aportaciones, Iván Redondo sigue envuelto en un halo de gurú o spin doctor del que dicen en su entorno que ya está pensando sacar réditos económicos en futuro no muy lejano.
Numerosos miembros de la Ejecutiva socialista, aunque de momento en privado, critican cómo se ha enfocado la negociación y la estrategia. La ausencia de visión política, la tardanza en sentarse a buscar un acuerdo en serio con un programa potente de base, las contradicciones en los mensajes o los avances paso a paso creen estos dirigentes consultados que solo fueron alimentando la creencia en Podemos de que iban a conseguir todas sus reivindicaciones. Fuentes de la formación morada, de hecho, aseguran en este sentido que Redondo desplegó un discurso en sus reuniones con el jefe de Gabinete de Pablo Iglesias, Pablo Gentili, y Pedro Sánchez, otro con el secretario general de Podemos al mismo tiempo, en otro despacho.

Las diferencias personales

De hecho, como contó Cristina de la Hoz en El Independiente hace días, fue el director de Gabinete quien durante la primera reunión de Iglesias y Sánchez (la que concluyó con el "Estamos de acuerdo en que tenemos que ponernos de acuerdo" del líder de Podemos), paseó a los dirigentes y asesores de Iglesias por la sala del Consejo de Ministros, diciéndoles: "Aquí vais a estar". "La percepción de la delegación de Podemos tras la primera reunión entre Sánchez e Iglesias fue que su entrada en el Ejecutivo era segura aunque exigiría una larga negociación", escribe De la Hoz.
A todo este juego de estrategias y estrategas hay que sumar las diferencias personales entre Calvo y Redondo, que pasaron de ser un rumor que se extendió al poco tiempo de formarse el Ejecutivo pero que constituyen ya un clamor en el entorno del presidente y en Ferraz, sede del PSOE, lo que no ayuda a Sánchez a dibujar una sola y nítida dirección en sus planes. “Si Sánchez sigue de presidente, solo puede quedar uno o una”, sostiene un dirigente socialista que conoce bien la situación interna de La Moncloa, Otros apuntan que “mejor, ninguno”. Al margen de la responsabilidad de Podemos, Calvo y Redondo, los dos, habrían fracasado en su objetivo: investir a Pedro Sánchez.
Por todo ello, no son pocos los miembros de la dirección socialista que apuntan a que, si se abren nuevas conversaciones con la formación morada, es necesario cambiar de interlocutores y, por supuesto, de estrategia.
Quienes así piensan señalan a la portavoz del grupo parlamentario socialista, Adriana Lastra, para que vuelva a intentar recabar el apoyo del partido de Pablo Iglesias, aunque no se le ofrezca ya un Gobierno de coalición –como han confirmado tanto el presidente en Telecinco como la vicepresidenta en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros– y la negociación sea ya una tarea muchísimo más complicada, con profundas heridas abiertas entre Iglesias y Sánchez, pero también entre sus equipos.
El “PSOE de Lastra”, frase que suele utilizar Gabriel Rufián, portavoz de ERC, empieza a acuñarse entre los socialistas dirigentes que se sienten más cercanos al discurso de la diputada asturiana. En la misma órbita de Lastra sitúan, además, a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. De hecho, fuentes de Ferraz sostienen que la cesión del Ministerio de Igualdad a Podemos fue impulsada por la exconsejera andaluza, ya que la vicepresidenta se negaba a soltar un área de la que suele hacer bandera y que ahora está bajo su responsabilidad. En lo que sí hay unanimidad, en todo caso, es que si en estos dos meses hay un nuevo intento para conseguir el apoyo de los diputados de la confluencia de izquierda, hay que cambiar la estrategia y a los negociadores. Aunque admiten los mismos interlocutores que eso lo decidirá el presidente en funciones.