Ciudadanos se enfrentan a los policías antidisturbios durante una jornada de protestas en La Paz, (Bolivia). EFE/Martin Alipaz
Un golpe de Estado jamás está constituido por un hecho aislado. No existe un momento puntual que pueda ser definido como el generador definitivo de una ruptura democrática. Cualquier golpe es un proceso acumulativo en el que el “marco” es fundamental para crear las condiciones necesarias y suficientes que garanticen su efectividad. La erosión de legitimidad del objetivo a derrocar se hace por múltiples vías que abonan un campo en el que luego las acciones destituyentes procuran ser presentadas como democráticas.
Por el carácter multidimensional del proceso golpista, nunca podríamos afirmar que existe un único responsable. Siempre hay muchos actores que participan en esta tarea, desde quién acaba asumiendo la Presidencia pos golpe hasta aquel que inicia una campaña de desgaste con una fake news.
En Bolivia, el golpe de Estado contra la democracia, con el objetivo de deponer a Evo Morales como presidente, también contó con muchos participes, cada cual en su justa condición; unos como colaboradores y otros como cómplices; los hubo más pasivos o más activos; algunos planificaron desde el inicio y otros se fueron sumando a medida que se fueron desarrollando los acontecimientos.
He aquí un recuento breve, pero preciso, de quiénes fueron todos los corresponsables del golpe de Estado en Bolivia, con nombres y apellidos:
El fascismo de los comités cívicos, especialmente el de Santa Cruz. Este movimiento político, tan violento como racista, no es nuevo, sino que viene desde el principio de la gestión de Evo Morales, porque jamás aceptaron que un representante indígena y campesino fuera quien tuviera el mandato popular para gobernar el país. Lo intentaron muchas veces, con muchos representantes diferentes y, esta vez, el turno fue de Luis Fernando Camacho, quien no se presentó a elecciones, quien no tiene ningún voto, pero decidió que la violencia y el terror eran las armas para alcanzar el objetivo: derrocar a Evo y acabar con el Estado de Derecho y orden constitucional del país.
La oposición partidaria que sí se presentó a las elecciones. Fundamentalmente, Carlos Mesa, principal contrincante de Evo Morales, derrotado en las últimas elecciones, fue clave en todo este proceso golpista, desconociendo resultados por anticipado y declarando fraude mucho antes que se produjeran las elecciones. El mismo día de los comicios salió a anunciar que había segunda vuelta sin que se culminara el recuento de votos. Luego de las elecciones, mantuvo constantemente una postura silenciosa, cómplice, ante la violencia desatada por los comités cívicos, reacomodándose al nuevo eje político golpista sin exigir que se frenara.
La actual Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Siempre presente cada vez que existe un proceso de desestabilización antidemocrático. Esta vez lo hizo de forma directa, participando en el proceso electoral. Primero, fue con el informe preliminar de la misión electoral, que sin base alguna, anunció que era “recomendable una segunda vuelta”. Segundo, con un informe preliminar de la auditoría lleno de debilidades, sesgado y parcial, sin rigor, y centrado en su mayoría en criticar al sistema provisorio de transmisión de datos (no vinculante). Y es que a la hora de analizar las actas oficiales, las reales, únicamente logró demostrar irregularidades en 78 actas de un total de 34.555, lo que supone el 0,22%. De hecho, la muestra seleccionada, en sus propias palabras escritas en el informe, no obedece a criterios estadísticos sino que eligieron los casos allá donde el partido oficialista había obtenido muchos votos. El informe está plagado de adjetivos y adverbios con tono valorativo y discrecional (“comportamiento inusual”, “presumiblemente”) demostrando su incompetencia en cuanto a rigor e imparcialidad.
El Gobierno de los Estados Unidos. Otro infaltable: como siempre, tras cada golpe, reaparece precipitadamente reconociendo al nuevo presidente autoproclamado. Aunque esta vez, desde inicios de este año, diferentes autoridades del Departamento de Estado -por ejemplo, Kimberly Breier- ya habían declarado que el proceso electoral boliviano estaba repleto de irregularidades, usando incluso el término de “potencial fraude”; además, plantearon más de una vez que se debía de estudiar el desconocimiento de los resultados que de la cita electoral se desprendieran.
La policía. Es la segunda vez que lo hace. En el año 2008 se amotinó y desconoció al presidente Evo, provocando inseguridad ciudadana y desestabilización política y social. No prosperó en ese entonces, pero ahora lo repitió en un momento de gran caos y estado de terror provocado por el movimiento fascista en las calles. Fue un actor clave en la última fase del golpe de Estado.
Las Fuerzas Armadas. Seguramente este es el actor más difícil de descifrar en este golpe. Actuó en forma muy particular: hasta el último momento no se pronunció ante la grave situación. En primer lugar, cuando todo comenzaba a estar al límite, emitieron un comunicado escueto pero con un párrafo último muy ambiguo. Después, en uno de los momentos de mayor tensión, se mantuvieron en silencio hasta que, al final, salieron a pedir la renuncia del presidente Evo. Es muy probable que al interior hubiera división, y todavía la haya. Las Fuerzas Armadas tuvieron varias horas de desconcierto, sin querer aprovecharse del vacío institucional de poder existente, y en ningún momento asumieron el control de las riendas del país. Sin embargo, esto no les exime de responsabilidad porque se fueron acoplando al tsunami golpista. A partir de ahora veremos qué ocurre porque la partida aún no está cerrada en cuanto a su papel en los próximos días y semanas. Hasta el momento, la autoproclamada presidenta ha cambiado al comandante de las Fuerzas Armadas, lo cual quiere decir que no se fía del anterior ni de la ascendencia de éste sobre otros mandos intermedios.
Ciertos medios de comunicación. Jamás pueden faltar en cada golpe. Son claves para construir el marco de referencia antes, durante y después. Uno de los principales responsables en esta tarea en Bolivia es Página Siete. Un ejemplo es suficiente para demostrar cuál fue su forma de generar el máximo nivel de zozobra: desde la noche de las elecciones hasta 48 horas después, sostuvo en su portal como entrada principal el resultado de una encuestadora privada, Viaciencia, que daba sólo 4 puntos a favor de Evo para instalar la idea del fraude a pesar que ya había sido publicado oficialmente el cómputo preliminar y definitivo. Este medio siempre fue el máximo exponente del marco del fraude, antes y después, defendiendo el desconocimiento de los resultados desde el inicio y saliendo rápidamente a avalar la transición no democrática. Además, hay otros actores involucrados. No podemos obviar el rol del “periodista” Carlos Valverde, quién en la previa del referéndum del 2016, fue responsable de la campaña sucia en base al “caso Zapata”, orientada a erosionar la imagen de Evo Morales.
Los actores económicos. Los grandes empresarios del país se enriquecieron mucho en el ciclo largo de bonanza económica. Es por ello que esta vez no está tan claro que este golpe de Estado tenga su raíz en su posición en contra del modelo económico boliviano. El eje explicativo central de este golpe definitivamente reside en el racismo que posee una clase boliviana que no acepta a lo indígena, esencia de un Estado Plurinacional. Sin embargo, los grandes grupos económicos del país tampoco están ajenos a esta cuota de desprecio por todo lo que tenga que ver con lo indígena. Es por ello que, seguramente, buena parte de los grandes empresarios del país hayan estado dubitativos entre aceptar la dirección indígena que le garantiza un proyecto económico estable y altamente rentable para ellos, o participar en este golpe a favor de dirigentes que sólo saben ser violentos en las calles.
Los oportunistas de siempre. No falta el títere de turno que siempre quiere la foto como presidente, aunque sea en condición de autoproclamado. Esta vez este papel, a lo Guaidó, lo desempeña la opositora beniana Añez, que obtuvo algo menos de 50.000 votos para obtener su banca de senadora. De todas formas, lo que es seguro es que ella, a pesar que se auto promulgue y algunos otros lo repitan, jamás será la Presidenta del país.
Tras el anuncio del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y del líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, de un preacuerdo para formar el primer Gobierno de coalición de la democracia española, muchos políticos del Partido Popular y Vox han mostrado su cabreo en redes sociales. "Aliados de un golpe de estado" y "Gobierno enemigo de la nación" han
sido algunos de los calificativos que han utilizado los políticos de
derecha y ultraderecha al conocer la noticia. Con todo ello, el tuitero Javier Durán ha pedido a sus seguidores que
compartan las reacciones de los políticos para hacer un "hilo con las mejores reacciones fachas al pacto progresista de gobierno".
Por favor, hilo con las mejores reacciones fachas al pacto progresista de gobierno. Vamos a llamarlo...#FachAndFurious
Entre los más ofendidos se encuentran la expolítica del PSOE que
luego pasó a UPyD y que, en las pasadas elecciones, pidió el voto por el
PP, Rosa Díez, el líder de la ultraderecha de Vox, Santiago Abascal, el
europarlamentario de VOX, Hermann Tertsch y el actual alcalde del
Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. Además de varios
periodistas.
La vida se abre camino. Si no teníamos bastante con la caverna bramando contra el acuerdo de Gobierno entre PSOE y Unidas Podemos, en los últimos días varios
”dinosaurios” han despertado de su letargo: Felipe González, Juan
Carlos Rodríguez Ibarra, Joaquín Leguina y José María Aznar. Han vuelto a la vida y tienen hambre de ser escuchados. Vamos a repasar lo que han dicho (sugerencia: escuchen esta música mientras siguen leyendo para mayor inmersión)
El expresidente socialista, Felipe González, aseguró este jueves que “como los jóvenes”, él también siente “orfandad representativa”.
Pese a evitar comentar detalles del pacto para un Gobierno progresista,
sí se animó a clavar sus garras en Sánchez e Iglesias asegurando que
“lo que sabemos por ahora es cómo se reparten los cargos”. “Si tienen un carguito pelean menos otras cosas”, aseguró el exconsejero de Gas Natural. También tuvo palabras sobre la situación en Catalunya y afirmó que "los que no están con el independentismo no son libres o lo son como muchos disidentes en Cuba".
En el mismo acto estuvo presente otra vieja gloria, el expresidente de la Junta de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra quien reiteró, como ya dijera en 2016, que abandonará el PSOE y Pedro Sánchez “forma gobierno con Unidas Podemos, ERC y los independentistas”.
Por su parte, el ex presidente de la Comunidad de Madrid (PSOE) Joaquín Leguina ha asegurado en una entrevista en Okdiario que “Sánchez ha metido a España en un lío y no quiere pagar el coste: irse”. También ha afirmado que las ideas de podemos “son más viejas que la tos”.
Otro de los que han regresado entre al rugidos ha sido el expresidente José María Aznar, con unas declaraciones propias de un Tyrannosaurus rex: "Frankenstein, comparado con lo que viene, era un modelo de armonía”. Entre varias afirmaciones asustaviejos, con palabras como “miseria”, “ruptura” o “desmantelar”, ha vaticinado que ese Gobierno "traerá consecuencias muy serias a nivel constitucional, económico y social".
En las redes, los alaridos de los “dinosaurios” han despertado a los tuiteros:
La opinión de Felipe González en relación al gobierno #PSOEPodemos es tan relevante como la de Emilio Aragón en relación a 'Mindhunter'. pic.twitter.com/jT2R4PPDpQ
Felipe González y Rodriguez Ibarra, después del
acuerdo PSOE y UP, se sienten huérfanos políticos. Justo lo contrario
que me pasa a mi. Hoy, quienes llevamos tiempo sufriendo orfandad
política, notamos algo más de calor y esperanza. Les hemos transferido
la sensación de orfandad
Felipe González y otros dinosaurios del @PSOE boicoteando la formación de un gobierno progresista. La extinción les llegará sin necesidad del cambio climático. pic.twitter.com/so84vrtCnv
— Federación de Amig@s Socialistas /♥️ (@FSocialistas) November 14, 2019
Dice Felipe González, que siente orfandad
política y que le disgusta que PSOE y Unidas Podemos hablen de sillones y
ni habla del pacto programático que han firmado.
Sabemos que él ya hace mucho que dejó de ser socialista y está más por su puerta giratoria y sus amigos del IBEX. pic.twitter.com/VWORrZB3JJ
Entre los problemas para llegar a fin de mes y los disgustos que le da Sánchez, ahora el que no duerme bien es Felipe González. pic.twitter.com/S4odCzwYWL
Por mucho que se esfuerce Felipe González, nunca
conseguirá superar aquella entrevista en la que aseguró que podría haber
volado la cúpula de ETA y que tenía infecciones urinarias por la ley
del tabaco ya que salía a fumar fuera de los sitios y se sentaba sobre
piedras frías.