viernes, 11 de septiembre de 2026

El palestino aceptable

El palestino aceptable
Fuentes: Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

El mundo está dispuesto a escuchar al palestino que cuenta cómo perdió su casa, enterró a sus hijos o pasó años en una prisión. Mucho más difícil le resulta escucharlo cuando habla como sujeto político, reivindica el retorno, cuestiona los límites trazados para su liberación o defiende la lucha armada. Entre uno y otro aparece una frontera invisible: la que determina qué debe pensar, decir y hacer un pueblo ocupado para merecer nuestra solidaridad.

Hay un palestino al que resulta relativamente fácil escuchar. Puede contar que perdió su casa, enseñar la llave que su familia conserva desde 1948, hablar del campo de refugiados donde nació, de los años que pasó en una prisión israelí, del hijo que perdió bajo las bombas o del olivar que los colonos arrancaron. Puede llorar ante una cámara, pedir ayuda y denunciar la ocupación. Su sufrimiento conmueve y, mientras permanezca dentro de esa imagen, puede despertar una solidaridad enorme.

El problema comienza cuando deja de explicar únicamente lo que le han hecho y empieza a hablar de lo que piensa hacer frente a ello. Entonces ya no estamos solamente ante una víctima, sino ante un sujeto político. Y un sujeto político tiene objetivos, organizaciones, alianzas, estrategias y una idea propia de lo que significa liberarse. Es ahí donde comienza el examen. Al palestino se le pregunta qué condena, qué organizaciones reconoce, qué métodos considera legítimos, qué fronteras está dispuesto a aceptar y qué solución política debería asumir. Puede resistir, naturalmente, pero debe hacerlo de la manera correcta.

Hay algo profundamente contradictorio en esta relación. Cuanto más indefenso aparece el palestino, más fácil resulta abrazar su causa. El niño bajo los escombros no plantea demasiados problemas políticos. La familia expulsada de su casa puede despertar indignación. La anciana que conserva la llave de la vivienda de la que fue expulsada en 1948 puede convertirse en un símbolo universal del exilio. Pero la mirada cambia cuando esas mismas personas hablan de retorno, liberación o resistencia. Porque entonces dejan de ser únicamente víctimas de una injusticia que podemos condenar sin preguntarnos necesariamente qué consecuencias políticas debería tener esa condena.

Resistir, pero dentro de los límites

Buena parte del mundo político, mediático e institucional acepta unas formas de resistencia palestina con mucha mayor facilidad que otras. Pero esta mirada no se limita a gobiernos, instituciones o grandes medios. También atraviesa a una parte importante de los movimientos de solidaridad con Palestina y de la izquierda, que expresan su apoyo al pueblo palestino mientras establecen los límites dentro de los cuales consideran legítima su resistencia.

Se celebra la cultura palestina, se escucha a sus escritores, se aplauden las manifestaciones y se apoyan campañas internacionales. Incluso el boicot, presentado tantas veces como ejemplo de resistencia no violenta, ha sufrido intentos de prohibición, criminalización y persecución. Parece que casi cualquier forma de resistencia palestina termina encontrándose, tarde o temprano, con alguien dispuesto a explicarle hasta dónde puede llegar.

Pero hay una frontera donde esas condiciones se hacen especialmente visibles: la lucha armada. Cuando el palestino toma las armas deja de ser únicamente la víctima que podíamos compadecer y se convierte en un sujeto que pretende intervenir directamente en su propia historia. En ese momento, la pregunta deja de ser qué violencia está sufriendo y pasa a ser qué violencia está ejerciendo. La ocupación, las expulsiones, las prisiones, los asentamientos, el bloqueo y los bombardeos quedan relegados al contexto, mientras la respuesta palestina ocupa el centro. Como si la historia comenzara exactamente en el instante en que el colonizado decide responder.

También aquí importa el lenguaje. Se habla de «violencia» como si bastara la palabra para borrar la relación entre quien domina y quien lucha contra esa dominación. Pero la violencia empleada para conquistar, expulsar y mantener sometido a un pueblo no puede equipararse a la violencia revolucionaria o liberadora que surge para poner fin a una situación colonial, porque no ocupan la misma posición política. Negar esta diferencia significa colocar al opresor y al oprimido en un mismo plano y llamar a eso «neutralidad».

Y, sin embargo, al palestino se le exige con frecuencia que renuncie a la lucha armada como condición para merecer solidaridad. Esa exigencia no procede solamente de gobiernos y medios que respaldan a Israel. También aparece en una parte de la izquierda y de los movimientos solidarios: se defiende al palestino perseguido, encarcelado, desplazado o asesinado, pero se retrocede cuando ese mismo palestino reivindica la lucha armada como parte de su proceso de liberación. Entonces reaparecen las condenas exigidas, las distancias y las instrucciones sobre cómo debería resistir.

Al palestino se le pide así moderación frente a una realidad que no tiene nada de moderada. Se espera que encuentre las palabras adecuadas mientras entierra a los suyos, que responda correctamente mientras pierde su casa y que condene antes de poder denunciar. Se examina una y otra vez la violencia del colonizado mientras la violencia colonial que hizo necesaria la resistencia acaba convertida en el paisaje permanente de la conversación.

Una resistencia diseñada desde fuera

El problema no termina en los métodos. También se quiere decidir quién puede resistir. Gobiernos, instituciones y grandes medios clasifican constantemente a las organizaciones palestinas entre moderadas y radicales, interlocutores válidos y fuerzas con las que ni siquiera se admite hablar.

Pero sería demasiado cómodo atribuir esta lógica únicamente al poder institucional. También existe dentro de una parte considerable de la izquierda y de los movimientos de solidaridad. Se afirma apoyar al pueblo palestino mientras se intenta seleccionar qué palestinos pueden representarlo, qué ideología debería tener su resistencia y qué organizaciones merecen formar parte de ella. Si son marxistas resultan más comprensibles para unos; si son islamistas se convierten inmediatamente en un problema para otros; si son nacionalistas tampoco siempre encajan en las categorías desde las que se interpreta la lucha palestina.

La contradicción es difícil de ignorar: se proclama el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación mientras se intenta determinar desde fuera qué fuerzas palestinas son suficientemente aceptables para ejercerla.

Existen organizaciones revolucionarias e internacionalistas que han rechazado esta lógica y han entendido que la solidaridad comienza precisamente por reconocer al pueblo palestino como sujeto de su propia lucha. Pero siguen siendo una minoría frente a una cultura política mucho más extendida que pretende acompañar a Palestina estableciendo al mismo tiempo las condiciones de ese acompañamiento.

La solidaridad internacional no puede convertirse en un casting político. Defender el derecho de un pueblo a decidir su camino no significa compartir cada posición, estrategia o decisión de todas sus organizaciones. Podemos criticarlas y discutir con ellas. Los propios palestinos lo hacen. Pero una cosa es ejercer el derecho a la crítica y otra convertir nuestras preferencias políticas en el examen que un pueblo debe superar para que reconozcamos su derecho a resistir. La solidaridad condicionada deja de ser solidaridad cuando exige al pueblo oprimido parecerse políticamente a quien dice apoyarlo.

Hay todavía una condición más profunda. No solamente se quiere decidir cómo debe resistir el palestino y quién puede hacerlo, sino también qué puede querer. Puede reclamar ayuda humanitaria, un alto el fuego o mejores condiciones de vida. Puede reivindicar un Estado dentro de determinadas fronteras y aceptar como horizonte aquello que la llamada comunidad internacional ha decidido considerar razonable. Pero cuando afirma que su problema no comenzó en 1967, sino con la colonización y la expulsión de su pueblo en 1948; cuando reivindica el retorno de los refugiados como un derecho real y no como un símbolo; cuando cuestiona que otros puedan decidir de antemano qué parte de su tierra debe aceptar perder; o cuando habla de la liberación de toda Palestina, vuelve a atravesar la frontera de lo permitido.

Ahí descubrimos que el palestino aceptable no solamente debe resistir correctamente. También debe desear correctamente. Puede imaginar el futuro que otros consideran posible, utilizar los métodos que otros consideran legítimos y aceptar los límites políticos que otros han establecido para él. Después llamamos a todo ello moderación.

¿Quién examina a quién?

Durante décadas se ha preguntado a los palestinos qué deberían hacer. Por qué no negocian, por qué no reconocen, por qué no condenan, por qué apoyan a determinada organización, por qué protestan de determinada manera, por qué toman las armas o por qué no aceptan aquello que se les ofrece. Cada una de estas preguntas puede formar parte de una discusión política. El problema aparece cuando todas juntas construyen una condición permanente: cambien ustedes y quizá entonces reconoceremos plenamente sus derechos.

Pero un derecho que depende del comportamiento perfecto de quien lo reclama deja de funcionar como un derecho. Un pueblo sometido a dominación colonial no debería tener que demostrar que posee la ideología correcta, la estrategia correcta o el grado exacto de moderación que tranquilice al resto del mundo para que se reconozca su derecho a organizarse, regresar, resistir y liberarse.

Quizá por eso resulta tan fácil solidarizarse con el palestino convertido exclusivamente en víctima. No nos exige demasiado. Podemos llorarlo, indignarnos, exigir que llegue ayuda humanitaria e incluso condenar a quienes lo matan. El palestino que se organiza, define sus propios objetivos, rechaza las soluciones diseñadas para él y decide resistir —también con las armas— plantea una cuestión mucho más difícil: nos obliga a aceptar que no somos nosotros quienes debemos escribir el guion de su liberación.

Los palestinos han probado prácticamente todos los lenguajes que durante décadas se les ha pedido utilizar. Han negociado, firmado acuerdos, acudido a organismos internacionales y tribunales, organizado huelgas, marchas, campañas de boicot y movilizaciones populares. También han resistido con las armas. Y después de todo ello siguen encontrándose ante un examen permanente sobre qué clase de palestino estamos dispuestos a aceptar.

Quizá sea esa la pregunta equivocada. La cuestión no debería ser qué tiene que pensar, decir o hacer un palestino para resultar aceptable ante nosotros, sino por qué seguimos creyendo que nos corresponde decidirlo. Antes de volver a examinar sus palabras, sus organizaciones, sus objetivos o sus formas de resistencia, quizá deberíamos responder nosotros a una pregunta mucho más incómoda: ¿quién nos concedió el derecho de decidir cómo debe comportarse un pueblo para merecer ser libre?

Fuente: https://humanidadenred.org/el-palestino-aceptable-articulo-exclusivo-para-la-redh-de-jaldia-abubakra-palestina/

El doble de Raúl Castro (y otros papelazos)

 

Cubainformación.- El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas acaba de aprobar por unanimidad un informe en el cual se pide el fin del régimen de sanciones, el bloqueo petrolero y el asedio de Estados Unidos a Cuba. ¿Y qué nos dicen estas decenas de medios especializados en el tema Cuba, muchos de ellos afincados en Miami y en otros lugares? Lo veremos hoy en Miami Fake.


Transcripción y redacción con ayuda de IA.

1. Informe del Consejo de Derechos Humanos que pide acabar con el cerco a Cuba es un “cuento”

Leemos en Diario de Cuba: "La ONU vuelve a comprar el cuento de la buena víctima del régimen cubano respecto a Estados Unidos". Esto es lo que nos dice uno de estos medios que financia el gobierno de Estados Unidos, que son la voz del Departamento de Estado en su política criminal contra el pueblo cubano.

Alena Duhan, relatora especial sobre sanciones a países que visitó el año pasado la isla, dice en un informe contundente que ha aprobado por unanimidad el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que “las medidas coercitivas de carácter general impuestas a los cubanos tienen un efecto devastador en toda la población, especialmente personas en pobreza, mujeres, niños, personas mayores con discapacidad y con enfermedades crónicas”.

Pero claro, esto no les gusta a todos estos medios que se dicen independientes, pero que son dependientes de la USAID y la NED, los entes gubernamentales de Estados Unidos que financian su estructura, como Diario de Cuba.

En Diario de Cuba leemos que “lo hizo a través de su Consejo de Derechos Humanos. La ONU, que aprobó por unanimidad el informe de esta relatora tras visitar la isla y `comprar´ cada una de las tesis del castrismo”, además de que “no señaló al régimen por el resquebrajamiento integral de la isla, sino que lo exculpó”.

¿A quién le vamos a creer? ¿A Marco Rubio, a estos asesinos de la Casa Blanca? ¿A quién vamos a creer? ¿A los medios de comunicación que paga Marco Rubio como Diario de Cuba para extender su relato al mundo? ¿O vamos a creer a una relatora independiente especializada en sanciones que nos está probando cómo afecta una política de cierre y bloqueo petrolero a toda una población civil inocente?

Porque Diario de Cuba, después de decir que lo que dice Alena Duhan es mentira y que “le saca la cara al gobierno cubano”, etc., escribe y suscribe las palabras de Marco: "trágicamente, el pueblo cubano está sufriendo, pero no sufre por nuestra culpa".

Y añade siempre la coletilla, la voz de alguna organización supuestamente no gubernamental, generalmente cuyo nombre empieza por la palabra Observatorio. “El Observatorio cubano de Derechos Humanos -dice- señaló a Duhan cuando viajó a la isla, que la miseria que hoy vive Cuba se debe al fracaso del sistema político económico comunista y no a las medidas de otros países”.

El Observatorio cubano de Derechos Humanos, que es presentado como una ONG independiente (me río yo de lo de “independiente”), está financiada por el gobierno de Estados Unidos desde hace décadas. Es decir, es un apéndice civil del gobierno que impone el bloqueo. ¿Para qué? Para que todos sus informes le sirvan a este gobierno que impone un bloqueo a una población inocente… para justificarlo.

2. Tras aparición de Raúl Castro, sigue el papelazo desde Miami

Por otro lado, ¿han seguido el papelazo que ha hecho Diario Las Américas y todos estos medios financiados por el gobierno de Estados Unidos de temática cubana sobre el caso de la supuesta muerte o enfermedad terminal de Raúl Castro?

“Está grave, grave. Este es el audio que disparó los rumores sobre la salud de Raúl Castro”. Leemos en Cuba Noticias 360, que trata de exculpar el vergonzoso nuevo caso de fake news de los últimos días, que “Diario Las Américas reveló cómo le llegó a la redacción una grabación de un hombre” que aseguraba que Raúl estaba muy enfermo y que además pedía que no fuera divulgado ese audio por el riesgo de identificarle: la película de terror de siempre, que le iban a encarcelar, fusilar y después de fusilar, volver a fusilar.

“Algunas de sus fuentes continuaron expresando dudas -nos dice- después de ver las imágenes de Raúl Castro” reapareciendo el otro día en un acto oficial en el que se le hacía una especie de homenaje, era un acto por el aniversario de la seguridad personal tanto de Raúl como en su momento de Fidel, ahora de Díaz Canel, que por cierto, Díaz Canel perteneció en su momento al equipo de seguridad personal de Raúl.

Y una de las personas, de las fuentes que dijeron a Diario Las Américas que se había muerto Raúl, dice: “Buenas noches. Vi en la prensa oficial que Raúl Castro reapareció en un evento, o es un doble, vaya usted a saber". No pueden reconocer que han metido la pata una vez más, por enésima vez. Que, por cierto, algún día tendrán razón, porque Raúl algún día fallecerá, como todas las personas, es una persona además de una edad avanzada. Y entonces, bueno, dirán que han sido los primeros en descubrir la noticia, que el gobierno cubano la ha ocultado.

Es vergonzoso, porque la historia nos dice que cuando ha ocurrido algo de esto, como fue el fallecimiento de Fidel y de otras figuras, inmediatamente es informado el caso por vías oficiales, por la televisión, etc. Pero no, esta gente sigue con la matraca del secretismo, etc. Un invento más y una fake news más.

3. Apoyan medios la violación de la soberanía de Cuba por parte de EE. UU.: ¿a quién le extraña?

“Estados Unidos afirma que el diálogo con Cuba continúa, pero acusa al régimen de no ceder”. Lo leemos en ADN Cuba, uno de estos medios que paga el gobierno de Estados Unidos todos los años, entregando mucho dinero para pagar a todos estos periodistas y que digan lo que el gobierno de Estados Unidos quiere que digan.

En este trabajo, en esta noticia, lo que se hace es justificar la violación de la soberanía a un país por parte de otro que le chantajea, le pone una pistola en la cabeza: que te voy a seguir sancionando, voy a matar por hambre a tu pueblo, voy a seguir imponiéndote un bloqueo petrolero, sancionándote, persiguiendo todas tus transacciones, impidiendo que haya inversiones, amenazando a los inversores, consiguiendo que se vayan del país, amenazando a las navieras. Hay 7.000 contenedores en el Caribe que no pueden llegar a Cuba por estas sanciones. E incluso leemos en este medio y en otros que Marco Rubio en una entrevista dijo: "hemos impuesto las sanciones más fuertes en la historia de nuestra relación con Cuba".

Pero este tipo es tan cínico, tan criminal, tan asesino, y son tan idiotas los que le creen una sola palabra, que luego en la entrevista te dice que “trágicamente el pueblo cubano está sufriendo, pero no por nuestra culpa”. Es una cosa increíble. Está diciendo que “hemos cerrado cuentas bancarias, que empresas extranjeras han abandonado a Cuba debido a las sanciones, a nuestras sanciones”. Pero luego te dice que si “Cuba es un desastre humanitario es por su gobierno, el régimen es un desastre, el modelo económico no funciona y no tiene sentido porque no permiten que el sector privado prospere”.

Hay que decir que quien no permite que el sector privado prospere son las sanciones de Estados Unidos, que persigue a este mismo sector privado, porque creo que no ha habido en la historia de la Revolución cubana un momento en el que el sector privado haya sido más apoyado y haya tenido más oportunidades que ahora. Ahora existe toda una batería de reformas que permiten al sector privado cubano crecer. Y es increíble que Marco Rubio, el gobierno de Estados Unidos y todos estos medios que financia te repitan la matraca y la mentira de que el gobierno cubano impide al sector privado.

Uno puede pensar lo que quiera sobre este asunto, pero el hecho es que hoy en día cualquier persona, cualquier iniciativa privada que se quiera poner sobre la mesa tiene posibilidad de llevarse a cabo en Cuba.

Marco Rubio nos dice también que “la izquierda ha destruido todos los países que ha controlado en el hemisferio”. Sí, claro, países a los que has sancionado, has bloqueado, has destruido todas sus fuentes de ingreso, como es el caso de Cuba, las remesas, los servicios médicos, el turismo, las inversiones que ha sido destruido con sanciones específicas.

Y en el caso de los servicios médicos, leemos otra noticia que nos dice que “Estados Unidos presiona a Uruguay para cancelar la contratación de médicos cubanos”. Recordemos que la contratación de los servicios médicos, los convenios médicos bilaterales de muchos países sirven para financiar el sistema de salud de Cuba. Lo que ha hecho Marco Rubio es ir a todos estos países uno por uno y les ha dicho que les imponen sanciones como no rompan esos convenios. Entonces la conclusión ha sido que Honduras, Guatemala, Antigua y Barbuda, Guyana, San Vicente y las Granadinas, Jamaica, etc., han roto sus acuerdos con Cuba. Y no importa si decenas de miles de personas en esos países dejan de tener la única asistencia médica gratuita que tenían, la cubana. No importa. La cosa es poder librarse de las sanciones de EEE. UU. y estar a bien con quien les manda, con su amo y señor, el imperio yanqui.

Y por supuesto, Cuba deja de recibir los ingresos. Recordemos que la noticia se refiere a la llamada Operación Milagro. En el año 2007 se creó el Hospital de Ojos José Martí en Montevideo, donde hoy trabajan 15 profesionales de Cuba, donde se hacen 40 intervenciones diarias, donde se han hecho 120 mil cirugías gratuitas, sobre todo de cataratas, a personas de bajos recursos. Y esto es lo que ahora el gobierno de Estados Unidos presiona a Uruguay para que se cancele, para que el poquito dinero que le va al sistema de salud de Cuba desaparezca. Y no importa que estas decenas de miles de personas o las futuras que pudieran operarse, no se puedan operar porque no tienen dinero. Eso no le importa a Marco Rubio, lo que le importa es imponer su Doctrina Monroe (Donroe) y acabar con la Revolución Cubana. ¿Ustedes creen que lo conseguirá?

5. De 500 atletas de Cuba, uno solo generó noticias: ¿se imaginan por qué?

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe se acaban de celebrar en Santo Domingo y allí viajaron casi 500, 497 atletas deportistas de Cuba, más o menos casi el 50 por ciento mujeres. Cuba ha obtenido de nuevo el primer puesto en cuanto a medallas, si tenemos en cuenta la población, es decir, en número de medallas per cápita, Cuba sigue siendo el país de América Latina y del mundo number one. Ha obtenido además el tercer puesto en cuanto a medallas totales. México ha sido el primero, Colombia segundo, Cuba tercero. Un dato interesante es que ha habido 106 entrenadores de Cuba, al margen de los que han entrenado a los equipos cubanos, que entrenan equipos de 19 países de los que han intervenido y consiguieron 52 oros, 58 platas y 83 bronces. Es decir que la sombra del ejemplo del modelo deportivo cubano no solamente está en las medallas que obtiene Cuba, sino también muchos otros países.

Bueno, de estas 500 personas que viajaron desde Cuba, 5 decidieron emigrar, decidieron quedarse en Santo Domingo para luego llevar a cabo un proyecto de emigración, profesional, etc. Y uno solo, uno solo es el que está apareciendo en alguna prensa diciendo idioteces, estupideces, por supuesto, en contra del gobierno cubano. Se llama Moisés Torres, es uno de todos estos miserables que quieren hacer carrera, indudablemente con su mensaje político made in Miami.

En Periódico Cubano leemos que el atleta explicó que su decisión estuvo motivada, la decisión de quedarse allí, “por el deseo de construir un futuro diferente, alejarse de las limitaciones que enfrentan muchos deportistas dentro del sistema cubano”. Entonces, ¿a qué tanto cuento y tanta lectura política si lo que estás buscando es mejorar tus condiciones de vida? Si ya sabemos que Cuba, que sufre un bloqueo criminal, tiene unas condiciones económicas en estos momentos, también para sus deportistas, sumamente graves. Y es lógico y normal que muchos deportistas quieran buscar un camino alternativo. Pero hacerlo a través de las mentiras y de inventarte un cuento de terror no se lo cree nadie. Eres un tonto, eres un sinvergüenza y además posiblemente acabes trabajando en cualquier otra cosa que no tiene nada que ver con el deporte, aunque no sea tu deseo.

6. Emprendedora cubana pretende pagar deudas con mensajes “made in Miami”

Y tenemos el ejemplo, otro ejemplo, por supuesto, convertido a través de este altavoz de los medios que paga el gobierno de Estados Unidos, convertido en noticia. Lo que no sería noticia en ningún país, en Cuba lo es. Como lo del deportista antes mecionado. Les leo: "Emprendedora cubana aconseja al exilio no hacer negocios en la isla. Lo perdió todo y quedó endeudada". Esto lo leemos en varios medios, como Periódico Cubano, Cibercuba y otros.

Resulta que, a esta buena mujer, que tenía un negocio privado, le robaron. Creo que robos hay en todos los países del mundo. Desgraciadamente, en los países cercanos a Cuba hay algunos más que en la Isla. Y en Cuba, donde hay menos que en estos países, ha aumentado el número de robos. Es una consecuencia lógica, sociológica, de la política criminal que se impone al país, que ha dejado pulverizada la economía. Bueno, pues hay más robos, indudablemente.

Y leemos que, “tras perder la mercancía y quedar con deudas, la mujer pidió a los cubanos residentes en el extranjero no financiar negocios privados para sus familiares en Cuba, debido a la falta de protección que enfrentan los pequeños empresarios”. Si esto ocurriera en otro país del mundo, ¿se imaginan que alguien de ese país, una colombiana, de Haití o de Jamaica o de Guatemala, se imaginan que hiciera un vídeo dirigido a su comunidad en Estados Unidos para que no financiaran o no ayudaran a sus familiares en sus países? Una locura. Esto ocurre solo con la gente cubana. ¿Por qué? Porque existe un conjunto de medios de comunicación que el gobierno de Estados Unidos paga para convertir esta basura en noticia.

“Si tu familiar está en Cuba y decides ayudarlo, no le montes un negocio. En Cuba, el que tiene un negocio pequeñito no tiene ningún tipo de derecho ni respaldo de la policía”, nos dice. Resulta que en Cuba es el único país donde la policía no descubre o no caza a los ladrones. Por cierto, no sabemos si los ha cazado o si los va a descubrir, pero lo que puede ocurrir en cualquier otro país del mundo, en Cuba se convierte en una noticia. Qué curioso.

¿Se acuerdan la noticia anterior que hablaba del Observatorio cubano de Derechos Humanos? Pues, de igual manera, en esta noticia, Periódico Cubano añade la opinión del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, que registró no sé cuántos delitos, delitos que son infinitamente menos que los que hay en otros países donde también hay robos. ¿Y este Observatorio cubano está pagado por quién? Por la NED y la USAID, gobierno de Estados Unidos. ¡Qué casualidad!

7. No hay robo en Cuba del que no se le pueda culpar al gobierno

Y estas cosas de los robos que ocurren en Cuba se le endosan siempre… ¡al gobierno cubano! “En un pueblo de Matanzas llevan 26 días sin luz por el robo de aceite de sus transformadores”. Es algo que ocurre que es muy sangrante, que algún miserable robe el aceite de los transformadores y deje sin luz a un país o a un pueblo, una localidad que ya está muy afectada por los apagones producto del bloqueo petrolero. Pero Cibercuba le tiene que echar la culpa… ¡al gobierno cubano! ¿Cómo no? Y nos dice: “26 días sin luz” ¿Por quién? ¿Debido a quién? ¿Debido a qué? “Por el abandono estatal”. Lo han entendido, ¿verdad?

8. Cuando deporten de EE. UU. a tu familiar, piensa en los (miserables) Pichy Boys

Y por último traemos a un par de miserables, todavía más miserables que estos que he mencionado hace un momentito, que son Los Pichi Boys, unos humoristas sinvergüenzas, trumpistas, ultraderechistas que, recordemos, han respaldado públicamente la política de presión, es decir, el bloqueo criminal, el bloqueo petrolero, que son tan culpables como Marco Rubio de que haya 7.000 contenedores con alimentos y medicinas que no han llegado a Cuba. Que “pidieron a los cubanos confiar en el secretario de Estado” (¡el genocida Marco Rubio!), y “aseguraron que la libertad de Cuba está cerca”.

Pues, ¿qué es lo que nos dicen los Pichi Boys? Recuerden, hay una política de persecución a los migrantes en Estados Unidos, de deportaciones masivas, deportaciones que han aumentado el 463 % en los últimos dos años y que afectan también a la gente cubana en Estados Unidos. Pues los Pichi Boys, nos dicen, “reaccionan a las deportaciones. Y antes de culpar a Estados Unidos hay que señalar a Fidel y a Raúl Castro”. Hace falta tener una cara de cemento armado.

Recordemos que entre octubre del 2025 y junio del 2026, solo en Florida se emitieron 4.007 órdenes de deportación de cubanos y cubanas dictados por tribunales migratorios estadounidenses.

Bueno, yo solo digo una cosa a las personas, familias cubanas que viven en Miami, en la Florida, cuando tengan un caso de estos, que son perseguidos por el ICE, que son deportados, algunos por cierto, deportados a África, ni siquiera a Cuba, o cuando tengan un problema con sus familiares que están perseguidos, que sufren el terror de esta policía, de esta Gestapo maquiavélica y asesina que es el ICE: piensen en los Pichi Boys, piensen en Alex Otaola, piensen en Eliécer Ávila, piensen en María Elvira Salazar, en Marco Rubio y por supuesto en Donald Trump. Eso es en lo que tienen que pensar.

¿Cómo es posible que una comunidad o parte de una comunidad en la Florida le haya dado el apoyo a estos genocidas, que no solamente están matando por hambre al pueblo cubano, sino que también persiguen y causan terror a miles y miles de personas pertenecientes a ese pueblo, pero que un día decidieron emigrar precisamente como consecuencia de ese bloqueo que sufrían en Cuba, emigrar a Estados Unidos?. Que piensen un poco.

Aquí terminamos nuestro espacio Miami Fake. Nos vemos pronto.

Equipo: José Manzaneda, Hafed Mohamed Bachir.

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lunes, 24 de agosto de 2026

Estados Unidos acaba de cruzar una frontera que, para cualquier otro país, sería presentada como una catástrofe. Su deuda pública ya supera los 40 billones de dólares. Cruzaron el umbral de los 39 billones hace apenas cinco meses. Ese es el ritmo al que un imperio en declive relativo sigue financiando su maquinaria militar, sus recortes de impuestos a los ricos y su política exterior de coerción, mientras le exige disciplina fiscal a medio planeta.

 Estados Unidos acaba de cruzar una frontera que, para cualquier otro país, sería presentada como una catástrofe. Su deuda pública ya supera los 40 billones de dólares. Cruzaron el umbral de los 39 billones hace apenas cinco meses. Ese es el ritmo al que un imperio en declive relativo sigue financiando su maquinaria militar, sus recortes de impuestos a los ricos y su política exterior de coerción, mientras le exige disciplina fiscal a medio planeta.

Ejemplos sobran: Argentina, Sri Lanka, Grecia cualquier país con un acumulado de déficit similar siempre tiene una misión del FMI aterrizando en el aeropuerto y a la prensa financiera hablando de "sacrificios necesarios". Cuando es Estados Unidos el que se endeuda, no hay condicionalidad, no hay ajuste estructural, no hay austeridad. Hay un mercado de bonos capturado y un Tesoro comprando su propia deuda cuando nadie más quiere hacerlo. 


Este privilegio no elimina las contradicciones. Esta semana, Scott Bessent, Secretario del Tesoro, duplicó el programa de recompra de bonos a largo plazo: de 2.000 a un mínimo de 4.000 millones de dólares por operación, con margen para ir "más allá" según sus propias palabras. La justificación oficial habla de "liquidez".

Cuando es Estados Unidos el que se endeuda, no hay condicionalidad, no hay ajuste estructural, no hay austeridad

Traduzcamos: el gobierno estadounidense inyecta dinero público para sostener artificialmente el precio de su propia deuda porque los compradores extranjeros —China, Japón, el Reino Unido— están vendiendo, y los rendimientos de los bonos a 30 años ya tocan niveles que no se veían desde antes de 2008.

Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.

O sea,  Washington el principal predicador de las virtudes del libre mercado, a cualquier atisbo de crisis, usa al Estado, interviene su propio mercado para camuflar una crisis de confianza, financiado en última instancia por el poder de coacción que le da controlar el sistema de pagos mundial.  A eso, en cualquier otro país, se le llamaría manipulación. Aquí se le llama "refinanciamiento". 


En julio, las importaciones estadounidenses de crudo saudí cayeron a cero por primera vez en un mes completo desde 1985. El detonante inmediato fue el cierre del tráfico por el estrecho de Ormuz consecuencia directa de la guerra contra Irán, no una ruptura deliberada del pacto petrodólar. Pero el hecho de que ese acuerdo de cincuenta años, diseñado para obligar al planeta entero a acumular dólares y bonos del Tesoro con tal de poder comprar energía, pueda tambalearse por una guerra regional, ya dice algo: la arquitectura que sostiene el privilegio del dólar es más frágil de lo que Washington quiere admitir.

¿Y quién sostiene el sistema en pie mientras tanto? No los banqueros de Wall Street que se benefician de la financiarización. Lo sostienen los bancos centrales de países del resto del mundo, obligados a acumular reservas en dólares y comprar bonos del Tesoro como seguro contra una volatilidad que en gran parte importan de la propia política monetaria estadounidense. Es una relación de rehén: ningún gobierno extranjero puede dejar de financiar a Washington sin arriesgar su propia estabilidad. 

Nada de esto es casualidad ni disfunción. Es estrategia. Estados Unidos sostiene déficits de dos billones de dólares al año, incluso en tiempos de paz, porque su deuda no es solo una obligación financiera: es la base material de su dominio militar y geopolítico.

Cada portaaviones, cada base en el extranjero, cada paquete de sanciones que corta a un país del sistema SWIFT, se financia con una deuda que el resto del mundo está obligado a comprar. Es, literalmente, un arma de guerra económica.

Es una relación de rehén: ningún gobierno extranjero puede dejar de financiar a Washington sin arriesgar su propia estabilidad

Cuando la deuda pase de los 40 a los 50 billones —y lo hará, porque no hay voluntad política de tocar el gasto militar ni de subir impuestos al capital— no habrá crisis de legitimidad en Washington.

Habrá, como siempre, un ajuste exportado: inflación importada para el Sur Global, tasas de interés que encarecen la deuda de países que nunca gastaron ni una fracción de lo que gasta el Pentágono, y una prensa financiera que seguirá llamando "excepcionalismo" a lo que, sin eufemismos, es un fracaso y un privilegio imperial sostenido por la fuerza.

Mientras se habla de responsabilidad fiscal, la principal potencia militar del planeta sigue utilizando recursos gigantescos para proyectar su poder alrededor del mundo. Y mientras se presenta al dólar como una herramienta neutral del mercado, Washington lo utiliza como instrumento de sanción y coerción.

Los 40 billones de dólares en deuda pública no anuncian por sí solos el colapso de Estados Unidos. Pero sí muestran la magnitud de un privilegio que el resto del mundo ya no puede soportar. 

domingo, 16 de agosto de 2026

Centro cubano de genética y biotecnología cumple 40 años de vida La conmemoración se realizó en un contexto de presiones externas y sanciones, donde el centro ha mantenido su capacidad de innovación y ha generado soluciones en beneficio de la salud pública y el desarrollo nacional.

 Icono de reloj 16 de agosto, 2026

Centro cubano de genética y biotecnología cumple 40 años de vida

La conmemoración se realizó en un contexto de presiones externas y sanciones, donde el centro ha mantenido su capacidad de innovación y ha generado soluciones en beneficio de la salud pública y el desarrollo nacional.

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La jornada también sirvió para premiar a trabajadores con destacada trayectoria profesional y para distinguir a instituciones colaboradoras. Foto: CIGB/Archivo


2 de julio de 2026 Hora: 07:07

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El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Cuba conmemoró su 40 aniversario, reafirmando su papel como institución científica de referencia en la isla y con reconocimiento internacional por sus aportes en salud y biotecnología.

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La directora general del CIGB, Marta Ayala Ávila, destacó la labor de los fundadores y trabajadores que durante cuatro décadas han sostenido el desarrollo de esta entidad de alta tecnología.

El presidente Miguel Díaz-Canel subrayó en redes sociales que el CIGB, “fundado por el Comandante, es faro de soberanía tecnológica e innovación. Sus vacunas y biofármacos salvan vidas. En el Año del Centenario de Fidel, honramos su legado”.

En el marco de la conmemoración, se realizó un reconocimiento a los científicos que introdujeron el interferón leucocitario en los años 80, un aporte decisivo en la lucha contra el dengue en Cuba. Además, en el acto se resaltaron los avances en el tratamiento de enfermedades como la Covid-19, la hepatitis B y las úlceras del pie diabético.

La jornada también sirvió para premiar a trabajadores con destacada trayectoria profesional y para distinguir a instituciones colaboradoras, cuya contribución ha sido esencial en el crecimiento y consolidación del centro durante cuatro décadas.

El CIGB otorgó un reconocimiento especial al General de Ejército Raúl Castro Ruz y al presidente Díaz-Canel por su apoyo constante a los proyectos e investigaciones que se desarrollan en la institución.

La conmemoración se realizó en un contexto de presiones externas y sanciones, donde el centro ha mantenido su capacidad de innovación y ha generado soluciones en beneficio de la salud pública y el desarrollo nacional.

El aniversario reafirmó al CIGB como pilar estratégico de la biotecnología cubana, con resultados que trascienden fronteras y consolidan su prestigio en la comunidad científica internacional.

Autor: teleSUR - ems - JGN

Fuente: Agencias

jueves, 13 de agosto de 2026

América Latina y El Caribe ALBA-TCP destaca obra revolucionaria de Fidel Castro como «patrimonio moral» de América Latina Los países que co

 Icono de reloj 13 de agosto, 2026

ALBA-TCP destaca obra revolucionaria de Fidel Castro como «patrimonio moral» de América Latina

Los países que conforman el bloque reafirmaron la relevancia de su pensamiento político y ético en la coyuntura internacional actual

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Personas asisten a un homenaje al líder cubano Fidel Castro, en La Habana (Cuba). Foto archivo: EFE


13 de agosto de 2026 Hora: 13:19

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La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) conmemoró este jueves el centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, destacándolo como una figura emblemática de la Revolución Cubana y referencia del proceso de emancipación en América Latina y el Caribe.

​Por medio de un comunicado difundido en sus plataformas oficiales, los países que conforman el bloque reafirmaron la relevancia de su pensamiento político y ético en la coyuntura internacional actual, enmarcando la fecha como un hito de valor moral para los movimientos que defienden la soberanía y la autodeterminación territorial.

​“A cien años de su nacimiento, su vida, su pensamiento y su obra constituyen un patrimonio moral y político de los pueblos que luchan por su dignidad, su soberanía y su derecho irrenunciable a construir un destino propio. Fidel es conciencia, voluntad y acción. Es presente y porvenir”, indicaron los países miembros del ALBA-TCP.

​Asimismo, el texto enfatizó el papel protagónico que desempeñó el líder cubano junto al fallecido presidente venezolano, comandante Hugo Chávez Frías, en el diseño y consolidación de la alianza. 

En este sentido, reconocieron a ambas figuras como los arquitectos de un modelo de integración basado en la solidaridad, la cooperación mutua y la complementariedad entre los pueblos.

​Los 100 años del natalicio de Fidel Castro se cumplen en medio del endurecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, además de la política de asfixia energética impulsada por la administración Trump. 

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Sin embargo, el pueblo cubano celebra a su líder con actividades culturales, galas musicales y un megaconcierto.

Autor: teleSUR: ac - JDO

Fuente: Agencias

jueves, 6 de agosto de 2026

Palestina y la batalla por el relato El «Octavo Frente» El ente terrorista sionista de israel tiene que desaparecer para bien de la humanidad. Viva Palestina libre como Estado laico legítmo y legal único, vivendo en paz sin racismo los pueblos como siempre

 Palestina y la batalla por el relato

El «Octavo Frente»

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Fuentes: El Salto

Más de mil millones de dólares, empresas de influencia, influencers, diplomacia digital e inteligencia artificial forman parte de una ofensiva global por condicionar cómo se mira, se interpreta y se cuenta Palestina. Frente a esa maquinaria, la disputa ya no es solo por la opinión pública, sino también por la memoria, el conocimiento y el derecho de un pueblo a narrar su propia historia.

Hay una batalla que no se libra con aviones, drones ni soldados. No tiene fronteras claramente delimitadas y, sin embargo, atraviesa continentes. Se libra en las pantallas de nuestros teléfonos, en las universidades, en los grandes medios, en las iglesias evangélicas, en los parlamentos y, cada vez más, en ese territorio aparentemente invisible donde algoritmos e inteligencia artificial intervienen en nuestra manera de acceder al conocimiento.

El propio aparato israelí ha comenzado a tratarla como un frente estratégico. Benjamin Netanyahu la ha presentado como el “Octavo Frente”: la batalla por “los corazones y las mentes”, con especial atención a la juventud occidental y a sectores conservadores de Estados Unidos. Cuando un Estado convierte la opinión pública en un frente de guerra, está reconociendo que las palabras, las imágenes y la interpretación de la realidad han adquirido para él un valor estratégico.

No estamos hablando simplemente de campañas publicitarias ni de la vieja hasbara adaptada a TikTok. Hablamos de una infraestructura internacional de influencia que combina empresas de comunicación, campañas digitales, delegaciones políticas, periodistas, creadores de contenido e influencers, y que comienza a extenderse hacia un terreno mucho más profundo: el entorno informativo del que se alimentan buscadores y sistemas de inteligencia artificial.

Una investigación publicada en julio de 2026 por el Quincy Institute for Responsible Statecraft, basada en registros de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros de Estados Unidos —FARA— y documentos de contratación pública israelíes, calcula que el gobierno israelí ha destinado más de mil millones de dólares a diplomacia pública desde octubre de 2023. Desde entonces, más de 100 millones de dólares han sido destinados a actividades de influencia israelí declaradas bajo FARA y 17 nuevas empresas se registraron entre 2024 y 2025 para trabajar en favor de intereses israelíes. Para 2026 se planteó, además, un presupuesto de unos 750 millones de dólares para diplomacia pública, aproximadamente cuatro veces el del año anterior, según se explica en el informe del Quincy Institute. En este contexto, quizá la pregunta más interesante que debamos hacernos no sea cuánto dinero está gastando Israel con todo esto, sino por qué necesita gastarlo ahora.

Las opiniones desfavorables hacia Israel van en aumento

Durante décadas, Israel disfrutó de una posición excepcional en buena parte de Occidente y no necesitaba convencer desde cero. Gobiernos, grandes medios e instituciones culturales y académicas reprodujeron los marcos desde los que debía entenderse Palestina. La colonización se convertía en “conflicto”, la ocupación desaparecía detrás de la “seguridad” y la resistencia palestina era separada de las condiciones históricas que la habían producido. Cada nueva agresión comenzaba informativamente cuando Israel decidía responder, como si todo lo anterior perteneciera a otra historia.

El 7 de octubre de 2023 no creó esa maquinaria narrativa. Existía desde mucho antes. Pero lo ocurrido después en Gaza produjo algo que no había previsto en toda su dimensión: millones de personas comenzaron a observar, casi en tiempo real, aquello que durante décadas había sido filtrado, fragmentado o explicado por intermediarios. Periodistas palestinos, familias, médicos y habitantes de Gaza mostraron directamente al mundo barrios destruidos, hospitales atacados, desplazamientos masivos, hambre, niños y niñas asesinados y familias enteras borradas de los registros civiles. Entonces apareció un problema mucho más difícil de resolver mediante relaciones públicas. Ya no se trataba solamente de decidir qué contar sobre Palestina, sino de convencer a millones de personas de que aquello que habían visto debía interpretarse de otra manera.

Los datos permiten observar esa ruptura. En febrero de 2026, Gallup registró por primera vez que la simpatía de la población estadounidense hacia los palestinos superaba a la expresada hacia los israelíes: 41% frente a 36%. Entre las personas de 35 a 54 años, la diferencia llegaba al 46% frente al 28%. El Pew Research Center encontró además que entre los republicanos de 18 a 49 años el 57% tenía una opinión desfavorable de Israel.

No sorprende que jóvenes, conservadores y evangélicos aparezcan entre los públicos prioritarios de las nuevas campañas. La documentación examinada por el Quincy Institute incluye una campaña de 3,2 millones de dólares dirigida a cristianos evangélicos y otra destinada a reclutar influencers menores de 30 años para alcanzar audiencias conservadoras en Instagram y TikTok. La batalla consiste también en impedir que continúe erosionándose el consenso que sostuvo durante décadas la relación especial entre Washington e Israel.

Estados Unidos no es una excepción. En 2026, una encuesta del Pew Research Center realizada en 36 países encontró una mediana del 67% de opiniones desfavorables hacia Israel, frente a un 25% favorables. En todos los países europeos incluidos predominaban las opiniones negativas. En España alcanzaban el 96% entre quienes se situaban en la izquierda, pero también el 66% entre quienes se identificaban con la derecha.

Aquí aparece una contradicción cada vez más visible: mientras amplios sectores de las sociedades europeas se alejan de Israel, numerosos gobiernos mantienen estrechas relaciones militares, económicas, tecnológicas, científicas y diplomáticas con el Estado israelí. Por eso la batalla por la opinión pública no busca únicamente mejorar encuestas, sino evitar que el rechazo social termine convirtiéndose en fuerza política: embargos de armas, sanciones, rupturas institucionales, boicot o cuestionamientos de la impunidad israelí.

La misma disputa atraviesa América Latina. En 2026, las opiniones desfavorables hacia Israel superaban el 50% en países como Chile, México, Colombia, Argentina y Brasil, según el Pew Research Center. Precisamente porque Palestina conserva un enorme capital histórico de solidaridad en la región, Israel y organizaciones que trabajan por estrechar sus relaciones con ella buscan llegar no solo a gobiernos, sino también a parlamentos, empresarios, medios, periodistas, creadores de contenido y sectores religiosos.

Este pasado mes de junio, Leah Soibel, fundadora de Fuente Latina, afirmaba que su organización había llevado a Israel a 300 periodistas hispanos no judíos y habló abiertamente de trabajar con periodistas, influencers y creadores latinoamericanos, según documentaba Genesis Prize Foundation. A ello se suman iniciativas como los Acuerdos de Isaac, concebidos para ampliar las relaciones de Israel con América Latina y para los que se anunció una inversión inicial de un millón de dólares.

No todas estas iniciativas están financiadas directamente por el Estado israelí ni forman parte de una única estructura centralizada. Existen fundaciones, organizaciones aliadas, redes empresariales, actores políticos y movimientos religiosos con autonomía propia. Pero esa diversidad muestra una amplia red internacional de actores e intereses capaz de extender la influencia mucho más allá de las embajadas. Las redes del sionismo cristiano desempeñan aquí un papel especialmente importante.

Acercarse a los países árabes

En el mundo árabe la estrategia adopta otras formas. Israel lleva años desarrollando una diplomacia digital específicamente en lengua árabe. Construye un relato propio: Israel como Estado moderno y dispuesto a vivir en paz; Palestina reducida a un problema de seguridad; la resistencia convertida en responsable de guerras producidas por décadas de colonización; y la normalización presentada como puerta hacia la estabilidad. La propia Knéset informó de campañas que alcanzaron alrededor de 858 millones de visualizaciones en medios digitales en árabe.

Sin embargo, cuando pasamos de las pantallas a las sociedades aparece otra realidad. Arab Barometer encontró que, después del 7 de octubre de 2023, en ninguno de los siete países árabes estudiados la población que apoyaba la normalización con Israel superaba el 13%. En Marruecos, el apoyo cayó del 31% al 13%. El Arab Opinion Index registró además que el 89% rechazaba que sus países reconocieran a Israel y que el 92% consideraba la causa palestina una cuestión de todos los árabes y no solamente de los palestinos. Hay una enseñanza que décadas de acuerdos no han conseguido borrar: se pueden normalizar relaciones entre gobiernos sin normalizar la conciencia de los pueblos.

El “Octavo Frente”, sin embargo, mira también hacia el futuro. Y ahí aparece la inteligencia artificial: en mayo de 2024, OpenAI informó de que había interrumpido varias operaciones encubiertas de influencia que utilizaban sus modelos. Una estaba vinculada a STOIC, una empresa comercial israelí, que habría empleado herramientas de inteligencia artificial para generar artículos y comentarios difundidos posteriormente en distintas plataformas. OpenAI señaló, sin embargo, que no había encontrado pruebas de que sus modelos hubieran aumentado significativamente el alcance de aquella operación.

El Quincy Institute documenta además un contrato israelí con Clock Tower X que incluye la creación de páginas web y contenidos orientados a influir en la forma en que los sistemas generativos recuperan y presentan información, buscando determinados encuadres en conversaciones con sistemas GPT y una mayor presencia de ciertos contenidos en buscadores.

Esto no significa que Israel controle ChatGPT ni ningún otro sistema de inteligencia artificial. La cuestión es diferente y probablemente más importante a largo plazo. Si millones de personas utilizan sistemas de IA para comprender la historia y el presente, influir sobre las fuentes y los contenidos que componen el entorno informativo se convierte también en una batalla por el conocimiento del futuro. Está en juego el espacio del que dependerán las respuestas que mañana recibamos cuando preguntemos qué ocurrió en Gaza, qué es el sionismo, cuándo comenzó la colonización de Palestina o por qué existe la resistencia palestina.

Aquí cualquiera que lea este artículo tiene también una responsabilidad: aprender a reconocer cómo funciona la propaganda. La más eficaz rara vez necesita inventarlo todo; le basta con decidir dónde comienza la historia, qué palabras se utilizan y qué queda fuera del encuadre.

La necesidad de recuperar el relato palestino

Cuando escuchamos que “Israel se defiende”, conviene preguntar: ¿en qué momento comienza la historia que nos cuentan? Cuando se habla de “conflicto israelí-palestino”, ¿por qué una realidad de colonización, ocupación y enorme desigualdad de poder se presenta como un enfrentamiento entre iguales? ¿Por qué desaparecen la ocupación y la dominación colonial, como si la resistencia palestina hubiera nacido en el vacío?

Lo mismo ocurre cuando se habla de “la única democracia de Oriente Medio” —esto último una denominación geográfica colonial que debería ser sustituida por Asia Occidental—. ¿Democracia para quién? ¿Dónde quedan los millones de palestinos sometidos a ocupación, bloqueo, desplazamiento, discriminación y regímenes jurídicos profundamente desiguales?

La propaganda pierde parte de su poder cuando dejamos de discutir dentro de las palabras que ella misma ha elegido. Pero su maquinaria sigue siendo poderosa: mil millones de dólares compran campañas, acceso político, producción audiovisual, influencers, consultores y tecnología, sin contar grandes organizaciones estadounidenses favorables a Israel que no reciben financiación del gobierno israelí, como AIPAC.

Esa maquinaria puede contribuir a criminalizar organizaciones, presionar universidades, condicionar debates y perseguir la solidaridad con Palestina. Conocerla y exponerla no es una tarea exclusivamente de la población palestinas, sino de todas aquellas personas que quieran saber quién intenta condicionar lo que ve, lee y cómo interpreta el mundo.

A todo ello se suma una cuestión que pocas veces se reconoce fuera de Palestina. Desde los Acuerdos de Oslo (1993 y 1995), una parte importante del discurso oficial palestino fue desplazando el lenguaje de la liberación hacia el del “proceso de paz”, la negociación permanente y la construcción de un Estado en una parte del territorio. Palestina quedó cada vez más reducida a Cisjordania y Gaza, relegando a los refugiados, el derecho al retorno y a los palestinos de los territorios ocupados en 1948, mientras la cuestión colonial cedía espacio al lenguaje del “conflicto”, la gestión y la diplomacia.

Recuperar el relato palestino exige superar también esos límites. Palestina no es una Autoridad ni un territorio administrado: es Gaza, Jerusalén, Cisjordania, las ciudades y aldeas palestinas ocupadas en 1948, los campos de refugiados y la diáspora. Es una tierra, un pueblo y una historia que la fragmentación no ha conseguido convertir en causas diferentes. Recupera el relato palestino significa también reivindicar el derecho de un pueblo a definir qué significa liberarse, cuáles son sus derechos inalienables y qué futuro reclama.

Para comprender Palestina hay que abandonar dos filtros: dejar de mirarla únicamente a través del relato sionista y dejar de encerrarla en los límites que décadas de negociación y diplomacia oficial impusieron sobre la propia cuestión palestina; porque Palestina no empezó con la creación del Estado de Israel ni puede reducirse a una sucesión de agresiones y respuestas. Antes de la Nakba había ciudades, pueblos, escuelas, periódicos, sindicatos, asociaciones de mujeres y una sociedad enfrentada ya a la colonización. Después hubo campos de refugiados convertidos en espacios de organización, generaciones que preservaron las llaves y los nombres de sus aldeas, presos que escribieron desde las cárceles y una cultura que atravesó fronteras sin abandonar la idea del retorno.

Conocer esa historia es romper una de las formas más persistentes del colonialismo: reducir a un pueblo a aquello que su colonizador dice de él. Significa recuperar archivos y voces silenciadas, incluidas las de generaciones que nacieron lejos de las aldeas de sus familias y siguieron transmitiendo sus nombres. Dejar de preguntar solamente qué hace Israel y preguntarnos también quiénes son los palestinos, qué memoria conservan y qué futuro reclaman. Más de mil millones de dólares pueden leerse también como la medida del problema que Israel intenta resolver.

Durante décadas, el sionismo consiguió que una parte considerable del mundo occidental discutiera Palestina dentro de límites previamente establecidos. Hoy esa relación empieza a mostrar grietas. Gaza ha abierto una de las más profundas. No porque los palestinos hayan descubierto cómo contar su historia, sino porque millones de personas han visto demasiado: niños y niñas asesinados, médicos sin medios, periodistas asesinados, familias desplazadas y personas buscando comida. Pero también han visto a un pueblo que, en medio del genocidio, continúa enseñando, estudiando, cuidando y aferrándose obstinadamente a la vida.

Frente a un pueblo que despliega una maquinaria extraordinaria del dinero, la tecnología y el poder, la respuesta no puede ser construir una propaganda más eficaz, sino investigar, contrastar, escuchar las voces que el poder intenta silenciar y preservar la memoria. No se trata de vivir respondiendo a Israel, sino de devolver al centro a Palestina: su historia, su pueblo, su resistencia, su memoria y su futuro. Porque esta batalla también se libra sobre las palabras y el conocimiento, y no pertenece solamente a los palestinos: interpela a cualquiera que crea que no se deben silenciar la verdad, la memoria de los pueblos ni su derecho a contar su propia historia.

Israel puede comprar campañas, contratar empresas, financiar influencers y producir millones de contenidos. Puede intentar ocupar cada nueva tecnología que transforme nuestra manera de acceder a la información. Pero hay algo mucho más difícil de borrar.

Después de Gaza, la batalla ya no consiste solamente en conseguir que el mundo mire a Palestina. Consiste en impedir que, después de haberla visto, alguien vuelva a convencerlo de que no vio lo que vio. Y también en aprender, por fin, a mirar Palestina sin necesitar que Israel —ni quienes durante décadas administraron los límites de lo posible— nos diga qué estamos viendo.