lunes, 2 de noviembre de 2015

ANTONIO GONZÁLEZ RAMOS.. ASESINADO POR LOS FASCISTAS

En el 40 aniversario de su asesinato a manos del comisario José Matute

RECUERDO Y VINDICACIÓN DE ANTONIO GONZÁLEZ RAMOS.

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  Por JULIÁN AYALA ARMAS / CANARIAS-SEMANAL.ORG.- No recuerdo el día, pero sí el mes, fue a mediados de diciembre de 1974. Yo trabajaba entonces como redactor en el periódico El Día, donde llevaba, entre otras, la sección de laboral, y vinieron a verme cinco trabajadores de la fábrica de tabacos Philip Morris, a los que habían despedido por haber organizado una reclamación de mejores condiciones salariales y laborales. Recuerdo los nombres de tres de ellos: Luis Molina, Chicho Montesinos y Antonio González Ramos. Venían de parte de su abogado, mi amigo y antiguo camarada de la organización universitaria del PCE, Alfredo Horas Casanova, que había abierto unos meses antes el segundo despacho laboralista de Tenerife (el primero fue el de Ana María Polo, en 1967).

   Después de este primer encuentro y de la correspondiente información en el periódico sobre las circunstancias que habían ocasionado el despido, entre ellas la huelga –ilegal, naturalmente– con que los trabajadores intentaron presionar a la empresa, seguí viéndome con los obreros sancionados, e incluso informé en el periódico del juicio que tuvo lugar un mes más tarde ante la Magistratura del Trabajo. Sin entrar en el fondo del asunto –es decir, sin considerar si eran justas o no las reivindicaciones del personal– el magistrado, Alfredo Pedreira Gómez-Zamalloa, un típico juez franquista, sentenció el despido de los cinco obreros por"injurias y coacciones" a la dirección de la empresa.
  
UN OBRERO 'CONCIENCIADO'.- Fue el inicio de una amistad y de una militancia política. Yo entonces era miembro de  la Oposición de Izquierdas delPCE, la OPI, que a finales del 75 se convertiría en el Partido de Unificación Comunista de Canarias, el PUCC. Antonio y sus compañeros ingresaron en OPI y pasaron a formar parte del sector obrero del incipiente partido, integrado mayoritariamente por estudiantes y profesores universitarios escindidos del PCE.
   Antonio González no; él era un obrero concienciado, como decíamos entonces. Había emigrado a Alemania en los años 60 y allí, en los círculos de la emigración española, entró en contacto con el Partido Comunista.

  Un día nos contó su despedida de los compañeros de Alemania:

–Vuelvo a España. ¿Cómo encontraré al Partido?

–Búscalo en el pueblo –le contestaron.
    En Opi, Antonio y sus amigos trabajaron especialmente en la organización de las entonces  clandestinas CC.OO., que en Tenerife eran todavía más un proyecto que una realidad. La OPI, y después el PUCC, se esforzaron por mantener el carácter de movimiento socio-político, no estrictamente sindical, de Comisiones y a ello se entregó Antonio con todo su entusiasmo. También al movimiento vecinal en el Ortigal y en el Camino Guillén, donde vivía, así como en El Portezuelo, la Montañeta y otros pueblos rurales del norte de Tenerife, donde dejó su impronta de activista ciudadano y todavía es recordado por los que entonces le conocieron y coincidieron en sus afanes.

EL ASESINATO.- Todos estos proyectos y tareas, su amor por su esposa y sus hijos, sus ansias de mejorar la  vida de sus semejantes, fueron truncados la noche aciaga del 30 de octubre de 1975. En una concatenación de casualidades nefastas Antonio cayó en las garras de una fiera con aspecto humano, el comisario-jefe de la Brigada de Investigación Social, policía política del régimen, José Matute Fernández.
     Los acontecimientos se desarrollaron de la siguiente manera: Antonio había pedido a un  amigo que le guardara una serie de panfletos y documentos  de OPI, que no quería tener en su casa por temor a un posible registro, ya que era una persona políticamente significada. Este amigo que vivía en el barrio de La Montañeta, guardó los panfletos en una dependencia de su casa, donde tenía también unos cartuchos de dinamita destinados a la pesca clandestina. La tarde del 29 de octubre un hijo menor de edad de este hombre fue interceptado por laGuardia Civil conduciendo una furgoneta ajena. Presionado como es habitual en estos casos, el muchacho eludió el castigo contando a los guardias que su padre guardaba en su casa propaganda comunista. Los civiles lo comunicaron a la policía y Matute entró en acción. Registraron la vivienda y encontraron los papeles y la dinamita.
     Fue suficiente para exacerbar el celo de los sicarios, temerosos ante las incertidumbres que abría la enfermedad que iba a llevar a la tumba al Caudillo un mes más tarde, y ansiosos de apuntarse el tanto de desarticular una banda terrorista. La OPI era un grupo comunista clásico, que basaba su estrategia en la lucha de masas, sin opción al atentado individual y, por otra parte, en Canarias no se había producido todavía ningún acto de este tipo (la campaña del MPAIACempezaría meses más tarde). Pero estas consideraciones no detuvieron a los esbirros, empeñados en hacer confesar a Antonio su implicación en tales actividades.
     Así, sobre las once de la noche le detuvieron en su casa, ante el horror de su familia, y le trasladaron a los calabozos de la Dirección General de Seguridad, situados en los bajos del Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife, del que era titular Modesto Fraile Poujade. Allí el comisario, cinturón negro tercer dan de judo, José Matute Fernández, golpeó hasta la muerte al obrero luchador por una vida más libre, más digna y más feliz para su gente, Antonio González Ramos.

LA JUSTICIA EN ACCIÓN.- Cobardemente, los asesinos intentaron ocultar su crimen, aduciendo que Antonio había muerto cuando, trasladado en coche a una verificación, se arrojó del vehículo en marcha. Ante lo inverosímil de esta versión, que incluso fue publicada en la prensa, y por la filtración de las verdaderas circunstancias de la muerte de Antonio, realizada por policías demócratas ajenos a la Brigada Social, la maquinaria de la justicia se puso en marcha. Un joven fiscal, Mariano Fernández Bermejo, que andando el tiempo sería diputado socialista y ministro de Justicia en uno de los gobiernos de Rodríguez Zapatero, impulsó la investigación, que dirigió el juez de la Audiencia tinerfeña, Rodolfo Soto Vázquez.
    El terrible destrozo de órganos internos que mostró la autopsia del cadáver de Antonio  fue un indicio claro de que las cosas no habían sucedido como afirmaba la versión policial. Para confirmar esta impresión el mismo fiscal hizo una reconstrucción de los hechos, pidiendo a la policía que, esposado, lo introdujera en el coche patrulla tal como habían hecho con Antonio. Como era de prever, Fernández Bermejo no pudo tirarse del automóvil. Con las manos esposadas y flanqueado por dos agentes ni siquiera pudo abrir la puerta del coche.

    El 2 de diciembre de 1975 el juez dictó auto de procesamiento contra Matute y contra  el cabo primero de la guardia civil, José González Álvarez, como autores y cómplice, respectivamente de un delito de coacción y otro de homicidio en la persona de Antonio González Ramos, decretando la prisión provisional del primero y la libertad condicional del segundo.
  
LA AMNISTÍA.- Pero ante el cariz que tomaba el asunto, Matute, con la colaboración de su entorno policial netamente fascista, huyó del país en compañía de José González. Primero estuvieron en Brasil y después en Venezuela, de donde regresaron a Tenerife en 1977, sabedores de que serían beneficiarios de la amnistía, que entraría en vigor en breve tiempo. Matute ingresó en prisión en Madrid, donde fue señalado el juicio para el 9 de noviembre de ese año, pero salió libre en octubre, en virtud de la Ley 46/1977de Amnistía, promulgada el 15 de dicho mes, que en su artículo segundo disponía que "quedará también extinguida cualquier responsabilidad penal en que pudieran haber incurrido las autoridades, funcionarios y agentes del orden público con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los delitos amnistiados por esta ley".
  
FUNERAL Y MANIFESTACIÓN.- Antes de esto, en diciembre de 1975, diez o quince días después de la muerte de Franco, había tenido lugar en Santa Cruz de Tenerife una manifestación de protesta por el asesinato de Antonio. Convocado mediante esquelas en los periódicos locales, firmadas por colectivos obreros y ciudadanos –los partidos políticos seguían siendo ilegales–, se realizó un funeral en la iglesia de San Francisco de la capital tinerfeña, al que asistieron varios centenares de personas.
      A la salida, intentamos concentrarnos en la Plaza de la Candelaria, pero un exagerado despliegue policial, al frente del cual se encontraba el delegado especial de la Dirección General de Seguridad en Canarias, Juan García Gelabert, nos dispersó por las calles adyacentes. En esta operación se emplearon a fondo, muy nerviosos, los sociales del entorno de Matute, como Ciro Llera Parra, Lorenzo López Corredera, Ángel Risueño o Carlos Gordo Sobrino, algunos de ellos empuñando sus pistolas. López Corredera incluso me agredió, a pesar de hacer valer mi condición de periodista, lo que motivó la protesta pública de la Asociación de la Prensa de Tenerife.

UN EJEMPLAR TÍPICO.- Matute era un ejemplar típico de la Brigada Político-Social, creada formalmente en 1941 con el asesoramiento de Paul Winzer, adjunto de Heinrich Himler y oficial de las SS y de la Gestapo, siendo uno de sus principales impulsores el palmero Blas Pérez González, ministro de la Gobernación de 1942 a 1957 (para que luego digan que Canarias no ha dado "grandes hombres" a la patria). Desde un principio "la tortura, en régimen de expresa impunidad", fue una de sus prácticas habituales, según denunció, incluso bajo el franquismo, la asociación Justicia Democrática, integrada por jueces, fiscales y abogados contrarios al régimen.
    No es de extrañar, pues,  la ideología fascista de Matute y su vinculación con grupos de extrema derecha, concretamente en Tenerife y en los años 70, conFuerza Nueva, en cuyos actos era frecuente que participaran él y agentes de su entorno, como Ciro Llera y otros.
  
  Según expone el periodista Joan Cantarero en su libro La huella de la bota, en el que le vincula a las tramas negras del postfranquismo, Matute aleccionaba a los alumnos de sus clases de judo, niños y adolescentes de entre 9 y 15 años: "Era especialmente agresivo en los kumites (combates de entrenamiento donde interpretábamos el papel de agresor y de agredido. <<El que ataca es un patriota que evita la agresión de un comunista peligroso, el que defiende es un patriota que evita el ataque de un comunista peligroso. Pensad que frente a vosotros no tenéis un amigo>>. Nos enseñaba a odiar especialmente a los rojos, a las <<razas inferiores>> –sobre todo a los negros– y a quienes no respetaban <<a Nuestro Señor Jesucristo>>".

CAMBIO DE PIEL.- Una de las tres o cuatro veces que visité contra mi voluntad la sede de la Social en Tenerife, fui interrogado –sin que mediara violencia física, todo hay que decirlo–, por un pintoresco personaje, Alberto Mas Ayuso, chuleta y borrachín impenitente, que me aleccionó con su particular convicción de que la policía siempre es necesaria y que cuando muriera Franco y el régimen posiblemente cambiara, él seguiría siendo policía y yo continuaría siendo un mindundi sometido a las normas de las que la policía es garante. Para mis adentros pensé que el tipo estaba aviado, pues lo primero que haríamos en ese caso era disolver los cuerpos represivos del régimen, una de las consignas del momento.
    El que estaba aviado era yo, pues tal como se realizó la transición, estos fascistas irredentos se transformaron en defensores de la democracia con un simple cambio de nombre, la Brigada de Investigación Social se reestructuró como Brigada Central de Información y de represores de comunistas y demás ralea sus integrantes pasaron, por decreto, a ser defensores de sus derechos como ciudadanos.
    Así, después de ser amnistiado, José Matute, se reincorporó al cuerpo y estuvo trabajando en labores administrativas en Madrid (en una de ellas como encargado de la oficina del  DNI, fue objeto de noticia periodística por haber agredido al subjefe del servicio; seguía  tan matón como siempre). Así mismo, los miembros de su entorno más cercano continuaron sus respectivas carreras, algunos reciclados en demócratas de toda la vida, como el citado Lorenzo López Corredera, que casi me parte la cabeza de un culatazo cuando la manifestación por el asesinato de Antonio y que en tiempos del titular de Interior del PSOE,José Barrionuevo –el ministro de los GAL– y siendo director general de la policía el también socialista Rodríguez Colorado, fue nombrado comisario general de Seguridad Ciudadana. Las notas de prensa al respecto hablaban de su "pasado democrático" y "su buen hacer profesional".
  
  En cuanto a Ciro Llera, la mano derecha de Matute, realizó la mayor parte de su actividad profesional en Barcelona. Rastreando por internet he tropezado con dos noticias que demuestran que siguió fiel a su ideología ultra. En una de ellas, aparecida en el Periódico en 1982, se informa que fue separado temporalmente del servicio por su vinculación con la filtración de datos confidenciales sobre políticos y partidos de izquierda a grupos neonazis catalanes. En la otra se alude a su inactividad cuando, estando al frente del operativo de seguridad en los actos del Día de la Hispanidad de 1991 en Barcelona, no hizo nada para impedir el apaleamiento de unos ciudadanos a manos de un numeroso grupo de ultras. En esta misma noticia se le relacionaba con sectores neonazis y militares involucionistas.
  
LA MEMORIA DE ANTONIO.- La memoria y el ejemplo de Antonio González Ramos perduró entre sus compañeros y nunca ha desaparecido, como prueba la asistencia a este acto multitudinario de muchas personas que fueron partícipes de sus afanes y su lucha, truncada por la muerte. El PUCC convocó actos de homenaje ante su tumba en el cementerio de La Laguna todos los años hasta su autodisolución en los 90, empapeló con carteles conmemorativos muchas calles de Tenerife (en su segundo aniversario, la extrema derecha, seguramente con la anuencia de la Social,  colocó sobre algunos de ellos unas tiras de papel con la leyenda "El asesino de las bombas") y propuso, a través de UPC, que el Ayuntamiento de La Laguna diera su nombre  a una calle de la ciudad. Está en San Benito, entre las calles Cruz de Candelaria y Buenaventura Bonnet.

LOS MUERTOS DE LA TRANSICIÓN.- En los años 1975, 1976 y 1977 hubo en Tenerife cuatro muertos a manos de las llamadas fuerzas del orden. El 26 de octubre del 75, el obrero cabuquero Antonio Padilla Corona, fue tiroteado por la guardia civil en Adeje, cuando en unión de dos amigos se disponía a pescar clandestinamente con dinamita. Su muerte yace en el olvido, pues no tuvo motivaciones políticas y sólo se enteraron sus más allegados. Tres días más tarde fue asesinado Antonio González Ramos. Un año después, el 22 de septiembre de 1976 fue ametrallado por la policía en el barrio de Somosierra, de Santa Cruz, el estudiante de magisterio Bartolomé García Lorenzo, dando lugar al mayor levantamiento popular que ha habido en Tenerife en los últimos 40 años. Por último, el 12 de diciembre de 1977 fue asesinado por la guardia civil en las escaleras del antiguo edificio universitario de La Laguna el estudiante de Biológicas Javier Fernández Quesada.
    Si bien es cierto que en esos años hubo una gran actividad social y política en Tenerife, sobre todo con las huelgas obreras de 1977, nunca fue tan crítica la situación como para justificar estos crímenes, que deben achacarse al clima de terror que impuso el régimen en sus estertores finales y que tuvo su máxima expresión en el Decreto-Ley 10/1975 de 26 de agosto, una durísima ley antiterrorista, que dio lugar de inmediato a los últimos fusilamiento legales de la dictadura en septiembre de ese mismo año y a la ola de asesinatos de todo signo que continuó en los años inmediatamente posteriores. La "modélica" transición tiene en su haber cerca de 600 muertos, entre ellos los cuatro de Tenerife, lo que contrasta con la casi incruenta Revolución de los claveles de Portugal.
     Hoy, que el capitalismo feroz y rampante pretende hacer tabla rasa con todo aquello por lo que lucharon y murieron personas como Antonio González Ramos debemos redoblar nuestros esfuerzos por recuperar las plenas libertades y derechos que entonces no fueron posibles.
  
(*) Texto leído en el acto de homenaje a Antonio González Ramos, organizado por el Ayuntamiento de La Laguna en el 40º aniversario de su asesinato el 29 de octubre de 2015

MOLERO: "ME CONDENARON A CINCO AÑOS POR "ASEDIAR" EL CONGRESO".

El Poder se blinda contra los rebeldes utilizando a la judicatura como instrumento

ENTREVISTA A FRANCISCO MOLERO: "ME CONDENARON A CINCO AÑOS POR "ASEDIAR" EL CONGRESO".  

      POR PATRICIA MORENO Y DIEGO MARTÍN/CORRESPONSALES OBREROS Y POPULARES .-   Francisco Molero es un chaval de 25 años, deCuevas de San Marcos, provincia de Málaga, educador en paro, militante delSAT y lo más importante, según él,  revolucionario, porque dice que entiende la vida como un mundo donde la paz, el amor y la igualdad sea posible. Lo ha sentenciado la Audiencia Provincial de Madrid por un supuesto delito de atentado a la autoridad a una condena de cinco años y un día.
        Dice que el juicio fue una farsa. Repleto  de montajes policiales, como tantos otros juicios. En numerosas ocasiones las intervenciones de los agentes policiales fueron contradictorias.

   Corresponsal: Buenos días Francisco, ¿tienes pendiente fecha para entrar a prisión en breve?. ¿De què delitos se te acusa?
  
      Francisco Molero: Todavía no tengo fecha estoy a la espera de que me la digan, la abogada que me llevaba el caso me dijo que tenía un mes para la presentación de papeles y recursos y esas cosas, luego en un mes y medio o dos meses como mucho me dijo que me llamarían para darme la fecha de la entrada en la prisión, así que con algo de comedia te digo Patry que el turrón creo que me lo comeré aqui.

      Se me acusa de atentado a la autoridad sin pruebas ninguna, ya que solo valieron el testimonio de los policías que en numerosas ocasiones sus palabras fueron contradictorias  y exageradas.
      Corresponsal: Fran, cuánto te piden x cada delito que se te imputa?

     Francisco Molero : Exactamente no lo recuerdo Patry, pero en total son cinco años y un dia.
     Corresponsal: Tengo entendido que "La Coordinadora 25 S", tenía abogados, que papel han jugado en tu defensa?

     Francisco Molero : Bueno no era esa plataforma la que organizó el  “Asedia al Congreso”, fué la “Plataforma en pié” y tenía entendido que tenían abogados, pero me asistió desde la detención una abogada y a dos compañeros más de los quince detenidos, cuatro de ellos menores que los soltaron a las pocas horas, así que por lo tanto ningún abogado de la Plataforma en pié me asistió.
       Corresponsal: La abogada,era de alguna plataforma en particular o era una abogada de oficio que allí te adjudicaron?

       Francisco Molero : Que pertenezca a alguna plataforma política, sindical o social no lo se, pero sí una abogada de oficio que me adjudicaron.
      Corresponsal: Una pregunta algo personal, tienes antecedentes Fran?

    Francisco Molero: No,ninguno.
     Corresponsal: En estos momentos tienes trabajo o  cargas familiares que dependan de ti únicamente ?
         Francisco Molero : Trabajo no tengo, cargas familiares, se podría decir que si, ya que soy el único que vive con mis padres, los cuales tienen enfermedades cardíacas, de hecho mi padre hace un año fué operado del corazón y mi madre tiene epilepsia, un batiburrillo de enfermedades que con el tema de mi entrada a la cárcel le viene a ellos peor para su salud.
      Corresponsal: Fran,porque participa en estas luchas?
      Francisco Molero: Bueno, si te refieres a las luchas obviamente de izquierdas, pues por sentido común, este sistema llamado: sistema de libre mercado, es un sistema que aplasta la dignidad de las personas hasta el punto más superficial que puede alcanzar las personas opresoras.
       Corresponsal :  Consideras  tan grave y peligroso tu delito para qué te caiga esta condena y te intenten meter tan rápido en prisión?

     Francisco Molero : No y es más no considero que haya cometido ningún delito, bueno si me pusiera a comparar delitos con otras personas, como por ejemplo parte de los gobernantes pasados y actuales de este país me tiraría horas hablando, cito casos como: tajetas negras, los GAL, Caso Malaya, Trama Gurtel , Pujol sobres comisiones...
        Corresponsal :  Muchas gracias x contestar a nuestras preguntas Fran, esperemos que hagamos bastante presión tanto mediática como en los juzgados para que finalmente quedes absuelto de los delitos que se te imputan,hay que unirse y hacer bastante ruido para que así sea.
       Francisco Molero: Gracias a ustedes por el apoyo y a  todos los que  estáis ahí apoyándome en el caso.

Rusia interfiere los sistemas de mando del portaviones USS Ronald Reagan y de la VII Flota

Rusia interfiere los sistemas de mando del portaviones USS Ronald Reagan y de la VII Flota

  
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El 27 de octubre de 2015, un Tupolev 142 ruso realizó maniobras de acercamiento sobre el portaviones USS Ronald Reagan mientras este navío participaba en maniobras, junto a la Séptima Flota estadounidense y la marina de guerra de Corea del Sur, en aguas del este de la península de Corea.
Desde abril de 2014, la aviación rusa ha realizado diferentes acciones para poner a prueba su sistema de interferencia de las comunicaciones y sistemas de mando de la OTAN [1].
Esta vez, la US Navy ya había ordenado el despegue de varios de sus aviones antes de que el avión ruso interfiriera sus comunicaciones y sistemas de mando y fue por eso que lograron alejar al intruso. A pesar de todo, el Tupolev 142 llegó a estar a unos 500 pies del portaviones sin que ni ese ni los demás navíos de la Séptima Flota estadounidense pudieran reaccionar, lo cual demuestra que Rusia tiene actualmente la capacidad real de destruir un navío almirante de la OTAN.
En este momento, el sistema ruso de interferencia de las comunicaciones y sistemas de mando de la OTAN está siendo puesto a prueba en situación de guerra, en Siria, donde está cubriendo un radio de 300 kilómetros alrededor de la localidad siria de Latakia –zona que, por consiguiente, se ha convertido en un «punto ciego» para todos los medios de vigilancia de la alianza atlántica.
Ese sistema ruso de interferencia de las comunicaciones y sistemas de mando y observación de la OTAN está desplegado actualmente en una parte del Mar Negro y en la región de Kaliningrado.

El Caso Madrid Arena, tres años después

El Caso Madrid Arena, tres años después

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Después de tres años de los terribles sucesos del Madrid Arena, ninguna institución ni cargo político alguno ha dimitido y las deficiencias siguen estancadas, al tiempo que las familias de las jóvenes fallecidas claman justicia.
El 1 de noviembre de 2012, las adolescentes Katia Esteban Casielles (18 años), Rocío Oña (18), Cristina Arce (18), Belén Langdon (17) y María Teresa Alonso (20) hallaron la muerte durante la celebración de una multitudinaria fiesta en el pabellón Madrid Arena de Madrid capital.
El exceso de aforo debido a la venta incontrolada de entradas —se vendieron 22.835 cuando el aforo no debía superar las 10.620 personas— desencadenó una serie acontecimientos que destaparon graves deficiencias en la organización del evento por parte de los promotores, las empresas de seguridad contratadas y el Ayuntamiento de Madrid, responsable de la infraestructura y de la planificación de la seguridad a través de la empresa municipal Madrid Espacios y Congresos (Madridec), que quebró en 2013 dejando un agujero de 400 millones de euros, y debido a lo cual nadie dimitió ni asumió responsabilidades políticas.
Tres años después de la tragedia, el recinto sigue teniendo problemas de seguridad pese a que continúa albergando eventos. El control del número de personas que acceden a las instalaciones es una de las deficiencias más importates: aún no hay un sistema que funcione correctamente para evitar el sobreaforo. Para intentar que no haya más problemas, el Consistorio gobernado por Ahora Madrid anunció el pasado viernes que controlará directamente la venta de entradas (algo que hasta el momento hacía el promotor privado) y habilitará el control digital de las entradas.
Las instalaciones presentan además carencias de cámaras de vigilancia y de una enfermería en condiciones, según El Mundo. Por este motivo, se instalará a Samur-Protección Civil en el exterior en los grandes eventos.
Por si fuera poco, además,  Madrid Arena no tiene licencia de funcionamiento. Este hecho ha sido denunciado por Isabel de la Fuente, madre de una de las fallecidas (Cristina Arce), que ha recogido más de 40.000 firmas en poco más de una semana solicitando el cierre de las instalaciones hasta que no se subsanen las deficiencias de seguridad.
Para juzgar las responsabilidades personales de lo ocurrido, está pendiente la celebración de un juicio , que  arranca el próximo 12 de enero y se extenderá cinco meses, con 15 personas imputadas a las cuales se les acusa de cinco delitos de homicidio por imprudencia grave y treinta delitos de lesiones por imprudencia.
Sin embargo, el responsable directo de esa tragedia es Miguel Ángel Flores, el "administrador de hecho" de la empresa que gestionaba el evento  que actuó "movido por un claro ánimo de enriquecerse", dice el fiscal. Flores, en libertad tras pagar una fianza de 200.000 euros, parece que se ha sumergido en un nuevo e importante proyecto empresarial, según El Mundo. Después de ser uno de los empresarios de ocio nocturno más destacados de la capital, el promotor de la fiesta del Madrid Arena ha sido el elegido por el holding empresarial Grupo Alonso para convertirse en la piedra angular de un nuevo proyecto que pretende revitalizar 33.000 metros cuadrados en la parte superior de la estación de Chamartín, donde Flores ya abrió con éxito Macumba o DGreen. 
Como vemos, la historia de siempre; coger a unos pocos cabezas de turco, mientras los verdaderos responsables políticos y empresariales quedan impunes. 

José ALBERT Primo de RIVERA

Los turistas del Imperio. El peculiar estilo del imperialismo global estadounidense

El peculiar estilo del imperialismo global estadounidense
Los turistas del Imperio
TomDispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Haciendo selfies en Iraq y Afganistán
Introducción de Tom Engelhardt
¡Afganistán!
Aunque la historia vaya de la caída de una ciudad importante en manos de los talibán, de la destrucción de un hospital con su personal y pacientes dentro o del anuncio del presidente de que las tropas de EEUU van a seguir en ese país al menos hasta 2017, la verdad es que nunca sientes que haya un signo de exclamación en la palabra “Afganistán”. Catorce años después, sigue formando parte del ambiente relativamente monótono de la realidad de la vida estadounidense. No obstante, imaginen por un momento que saltan a una máquina del tiempo y realizan un viaje al pasado, a 1978. Allí, le dicen al primer estadounidense con el que se tropiezan que acaban de chutarse hacia el futuro y han descubierto que, a partir de 1979, EEUU iba a involucrarse en dos guerras (rotas por una semiausencia de una década de duración) en un único país hasta sumar un cuarto de siglo de conflicto. Si a continuación hubieran planteado una adivinanza sobre qué país podría ser ese, puedo garantizarles una cosa: que ningún estadounidense hubiera respondido que Afganistán.
Puedo también garantizarles algo más: si hubieran insistido en que se trataba del futuro bélico de EEUU, es posible que les hubieran recluido. Volviendo a 1978, si un estadounidense sabía algo de ese país, probablemente fuera como una parada exótica de la “ ruta hippie ”, no como una tierra devastada por una guerra de la que EEUU no podría salir nunca. La mera idea de que Afganistán era crucial para la “seguridad nacional” estadounidense o de que EEUU bombearía algún día hacia ese país cientos de miles de millones de dólares en un infructuoso intento por lograr “seguridad” habría parecido ridícula. Del mismo modo, en los interminables años de nuestra segunda guerra afgana, en los que el país se convertiría en el principal productor mundial de un único producto agrícola con rendimientos que baten consistentemente records –por supuesto, estoy hablando de opio- y que es responsable del75% del suministro mundial de heroína, habría parecido material para una novela de ciencia ficción y no la realidad. Todo esto hubiera sido inimaginable en los EEUU de 1978.
Así pues, ¡bienvenidos de vuelta al siglo XXI! Que nada de esto nos sorprenda hoy en día, que la palabra “Afganistán” no se sitúe entre signos de exclamación (o al menos de interrogación) en nuestro pensamiento, no hablemos ya de las noticias, nos dice lo extraño –y sin embargo normal- que ha llegado a ser el mundo imperial de la “única superpotencia” del planeta. Como el colaborador habitual de TomDispatch, el teniente coronel retirado de la fuerza aérea William Astore sugiere hoy, lo que este país necesita es una intervención médica. Después de todo, como bien señala, en Afganistán y otros lugares estamos sufriendo del Síndrome del Turismo Imperial. 
Tom.
* * *
Estados Unidos es una especie peculiar de imperio. Para empezar, los estadounidenses llevan instalados en lo que podría llamarse negación imperial desde la guerra de España y EEUU de 1898, cuando no antes. Imperio, ¿nosotros? Negábamos su existencia incluso cuando nuestros soldados estaban administrando “curas de agua” (aka, simulacro de ahogamiento) a los recalcitrantes filipinos hace más de un siglo. ¡¿Cómo demonios?! Incluso nos contábamos a nosotros mismos que estábamos liberando a esos mismos filipinos, lo que nos lleva al segundo punto: EEUU no sólo niega sus ambiciones imperiales, sino que las envuelve en un estilo curiosamente estadounidense de cristianizada teología de la liberación. En él, los soldados estadounidenses no son nunca considerados como conquistadores u opresores, siempre como liberadores y portadores de libertad, o al menos como ayudantes e instructores. Hay suficiente sustancia en este mito (II Guerra Mundial y Plan Marshall, por ejemplo) como para ocultar realidades imperiales mucho más feas.
Negar que somos un imperio mientras ocultamos su parte fea con palabras de misionero son dos aspectos duraderos de la marca del imperialismo estadounidense, y hay un tercero también, aunque rara vez se señala. Mientras el ejército estadounidense acuartela el planeta y sólo sus fuerzas de operaciones especiales visitan más de 140 países al año, las tropas estadounidenses se han convertido efectivamente en el equivalente imperial de los turistas trotamundos. Sobrecargados de equipo técnico y artilugios (armas letales, sensores intrusivos), en gran medida ignorantes de las culturas extranjeras, llegan con ganas de ayudar y predispuestos para la acción, pero nunca (individualmente) se quedan mucho. Piensen en ellos como la versión siglo XXI del estadounidense feo de la era de Vietnam.
El estadounidense feo de nuestros días puede que no sea ya el entrometido operativo de la CIA de antaño; puede que “él” incluso no sea humano sino un avión no tripulado [drone] “made in USA”. Piensen en esos drones como si fueran turistas estadounidenses especialmente inoportunos, cruzando las exóticas y pintorescas periferias del planeta cargados de cámaras y armamento, listos para intervenir de forma letal mientras sus operadores, posiblemente a miles de kilómetros de distancia, no entienden nada. Como turistas normales de carne y hueso, el dron “ve” el terreno local, “siente” la actividad local, “detecta” pautas de comportamiento entre los habitantes que parecen amenazadoras y entonces los cose a bombazos. Por supuesto, el dron y sus operadores no viven en la tierra ni captan los matices de la vida local, al igual que los turistas de verdad. Están literalmente por encima de ellos, desconectados de todo, e incluso cuando matan, a menudo equivocadamente, vuelan sanos y salvos de vuelta a casa.
El síndrome del turismo imperial
Llámenlo síndrome del turista imperial, una estrafalaria desgracia estadounidense que crea su propia dinámica autosostenible. Para un habitante local, podría parecer algo como esto: las fuerzas estadounidenses llegan a tu país, disparan unas cuantas cosas (¡liberación!), hacen algunos selfies y después, con un poco de suerte, cogen y se van (al menos por un rato). Si no hay suerte, mantienen mucho tiempo su “bienvenida”, aumentan su presencia un tanto y generan el caos hasta que, tarde o temprano (en lugares como Iraq y Afganistán, mucho, mucho más tarde), van y se largan, no siempre con gallardía (de lo que fueron testigos Saigón en 1975 Iraq en 2011).
Y aquí viene lo más extraño de esta versión inequívocamente estadounidense de lo imperial: una persistente mentalidad de brevedad en el tiempo que sólo parece alimentar lo opuesto: guerras que persisten sin fin. En esas guerras, muchos de los turistas imperiales del país, armados hasta los dientes, se encuentran con que son enviados de vuelta una y otra vez para un período de servicio abreviado, hasta que deja de parecer una aventura y se asemeja cada vez más a una sentencia de cárcel.
La paradoja de los tiempos breves aplicados a guerras de largo plazo es irresoluble porque, como se ha demostrado repetidamente en el siglo XXI, es imposible ganar esas guerras. Los expertos miliares critican a la administración Obama por carecer de estrategia global, ya sea en Siria, Iraq, Afganistán o cualquier otro lugar. No se enteran de nada. Los turistas imperiales no tienen una estrategia: tienen un itinerario. Si es martes, esto deber ser Yemen; si es miércoles, Libia; y si es jueves, Iraq.
De este modo, los turistas de combate estadounidenses siguen haciendo ciclos yendo y viniendo a zonas conflictivas del planeta, algunas veces en viajes de un año, pero a menudo mucho más breves. Van bien armados, como cabría esperar en zonas bélicas activas como Iraq o Afganistán. Sin embargo, al igual que los turistas normales, llevan cámaras además de otros sensores y permanecen alerta para hacerse fotos exóticas que compartir con sus amigos o compañeros de vuelta a casa. (Echa aquí un vistazo, ¡una pirámide humana de desnudos en la prisión de Abu Ghraib!)
Al igual que los turistas, también se mantienen alerta ante la posibilidad de que en este particular safari imperial algunas de esas gentes exóticas puedan necesitar que les dispares. Hay un chiste que tiene garantizado provocar conocidas risas dentro de los círculos militares: “Incorpórate al ejército, viaja a tierras exóticas, conoce a gente interesante, y mátalos”. Originalmente un eslogan antibelicista de la era de Vietnam, se ha convertido en algo así como una broma en los militarizados EEUU tras el 11-S, una broma inaceptable cuando consideras la magnitud de los recuentos de víctimas extranjeras de estos años, que se hacen más reales (al menos para nosotros) cuando van acompañados de las desasosegantes fotos-trofeo de tropas estadounidense orinando sobre los cadáveres enemigos o posando con alguna parte de los cuerpos del enemigo.
Esta es la realidad de fondo de los conflictos del siglo XXI de Washington: no importa qué “estrategia” inventemos para combatirlos, siempre seremos breves turistas en guerras a largo plazo.
Turismo imperial: Una receta infalible para la derrota
Es todo tan trágicamente previsible. Cuando los turistas imperiales van contra los “terroristas” extranjeros, ¿adivinan quién gana? No llamen a las tropas estadounidenses. No carecen de espíritu combativo. Luchan para ganar. Pero cuando sus vacaciones imperiales (intervenciones militares/invasiones) se convierten en permanencias neocoloniales (ejercicios interminables para construir nación, entrenamiento de tropas, asistencia a la seguridad y cosas parecidas), ya han perdido, no importa cuántas cartas estilo “lo estamos pasando muy bien” –o los brillantes informes de avances al Congreso- se envíen a los padres en casa.
Por definición, los turistas, imperiales o de otra clase, siempre quieren volver a casa al final. El enemigo, desde el principio, está por lo general ya en casa. Y no hay tácticas inteligentes, ni manual COIN (contrainteligencia), ni armas de última tecnología o cazadores-robot que puedan cambiar nunca esa realidad fundamental.
Era una dinámica que resultaba ya obvia hace cinco décadas en Vietnam: una mentalidad burocrática que implicaba la rotación constante de unidades y comandantes; un proceso de innecesaria reinvención de los conocimientos más básicos mientras las unidades desplegadas se largaban corriendo y eran sustituidas por nuevas unidades; y el uso de todo tipo de armas y sensores de exterminio de última tecnología; todo ello, desde el agente naranja al napalm a las batallas electrónicas y a lo último en aviones de combate y bombarderos, todo para nada. En esas condiciones, incluso la superpotencia estadounidense carecía de poder de permanencia, precisamente porque nunca intentó quedarse. En EEUU se hacía a menudo referencia al aspecto de “permanencia” de la guerra de Vietnam como “atolladero”. Por supuesto, para los vietnamitas, su país no era el “inmenso lodazal” que te va succionando. Era su patria. Tenían pocas opciones al respecto; se quedaron y lucharon.
Combinen un itinerario militar con uno turístico y una mentalidad que hace que ambos coincidan, un alto mando que en sus propias responsabilidades de rotación carece de toda responsabilidad ante los errores y una burocracia bizantina muy pesada y habrán encontrado la receta segura para la derrota. Y, una vez más, en el siglo XXI, ya sea entre los soldados rasos o en los mandos más altos, hay poca continuidad o rendición de cuentas en lo que respecta a la presencia militar de EEUU en tierras extranjeras. Los comandantes están continuamente rotando fuera y dentro de las zonas de guerra. A menudo, hay uno nuevo cada año. (He contado 17 comandantes de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad para Afganistán, la coalición militar liderada por EEUU, desde diciembre de 2001). Las tropas estadounidenses pueden servir en múltiples misiones en el exterior, sin embargo rara vez son enviados a la misma zona. Las misiones son secuenciales, no acumulativas, por tanto, la curva de aprendizaje que se exhibe es plana.
Hay una escena al principio de la cuarta temporada de “Homeland” en la que el exjefe de la CIA, Saul Berenson, está hablando con unos cuantos generales de cuatro estrellas. Dice: “Si en 2001 hubiéramos sabido que íbamos a quedarnos tanto tiempo en Afganistán, habríamos tomado decisiones muy diferentes. ¿Verdad? En cambio, nuestros ciclos de planificación pocas veces iban más allá de doce meses. Por tanto, no se trata de que hayamos librado una guerra de catorce años, sino una guerra de un año emprendida catorce veces”.
Bastante cierto. En Afganistán, y también en Iraq, EEUU ha luchado de forma secuencial en vez de acumulativa. No resulta sorprendente por tanto que esos esfuerzos secuenciales, no importa lo masivos y costosos que hayan sido, no se hayan sumado. Sólo ha sido un maldito tour tras otro.
Pero el eslogan de Saul sobre Afganistán es más sospechoso: “Creo que nos vamos con el trabajo medio hecho”. Para él, así como para el establishment de Washington de este momento, EEUU necesita mantener el rumbo (al menos hasta 2017, según el reciente anuncio del presidente Obama), tiempo durante el cual supuestamente vamos a tropezar con una estrategia a largo plazo similar a la de El Dorado en la que realmente EEUU se impone.
Por supuesto, la opción que nunca ha estado sobre la mesa de Washington es la opción obvia y lógica: sencillamente poner fin al turismo imperial. Con mis disculpas hacia Elton John, “lo siento” es sólo la segunda expresión más difícil para los oficiales estadounidenses. La primera es “adiós”.
Una gran derrota (Vietnam, 1975) podía haber mantenido bajo control la fiebre del turismo imperial durante un tiempo. Pero dadnos una década o tres y los estadounidenses estamos de vuelta, cabalgando de nuevo por colinas extranjeras, confiando contra toda lógica en que el viaje de este año sea mejor que el desastre del año anterior.
Dicho de otro modo, ¡una estrategia sostenible a largo plazo para Afganistán es precisamente lo que el gobierno estadounidense ha sido incapaz de generar durante catorce años! ¿Por qué debería ser 2015 o 2017 o 2024 diferente de 2002 o 2009 o de hecho cualquier otro año de la implicación estadounidense?
A algún nivel, el ejército de EEUU sabe que está jodido. Esa es la razón de que sus comandantes jugueteen tanto con el armamento, el entrenamiento, la tecnología y las tácticas. Son las cosas que pueden controlar, las cosas que parecen reales mientras que los pueblos extranjeros no (al menos para nosotros). Seamos realistas: los acontecimientos del pasado, así como los del presente, sugieren que las armas, y cómo usarlas, son lo que los estadounidenses mejor conocen.
Pero, ¿las tierras, los pueblos extranjeros? No podemos controlarlos. No los comprendemos. No podemos contar con ellos. Son sólo parte del paisaje que estamos eternamente atravesando, en ocasiones como pueblos a los que ayudar y lugares a reconstruir, otras veces, como pueblos a los que matar y lugares a destruir. No los sentimos como verdaderamente reales. Son las atracciones turísticas del proceso bélico estadounidense, algunas veces exóticas, otras letales, pero (para nosotros) extrañamente carentes de sustancia.
Y precisamente por eso fracasamos. 
William J. Astore, es teniente coronel retirado (USAF) y profesor de historia. Colabora habitualmente con TomDispatch. Es editor del blog Contrary Perspective.

Fuente: www.tomdispatch.com/post/176061/tomgram%3A_william_astore%2C_taking_selfies_in_iraq_and_afghanistan/#more