miércoles, 2 de marzo de 2016

Éric Toussaint: "La socialdemocracia no busca reformar Europa"

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Éric Toussaint (Namur, Bélgica, 1954), doctor en Ciencias Políticas en las universidades de Lieja y París VIII, lleva al menos 26 años analizando y denunciando cómo el FMI o el Banco Mundial utilizan la deuda "para disciplinar a un país". Primero, centrado en la deuda externa del Tercer Mundo, funda en 1990 el Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, del que es portavoz. En esa tarea ha asesorado, entre otros países, a Ecuador, Paraguay o Timor y a Naciones Unidas. Luego, cuando la crisis de la deuda pública estalló en los países de la periferia europea, Toussaint trasladó también su combate al Primer Mundo. Ha sido coordinador científico de la Comisión de la Verdad sobre la Deuda Pública griega, creada por Zoe Konstantopoulou, expresidenta del Parlamento griego, hasta su disolución.  
Cuando a Toussaint, que en España apoya a la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda, se le pregunta acerca de por qué la auditoría de la deuda ha desaparecido de la agenda de Podemos -- que sí la incluye en su programa-- apunta a “la presión de tener un discurso de realpolitik” para zafarse de  “preguntas difíciles” por parte de la prensa. “Es más fácil decir que su pago ya no es un problema. Ahora bien los elementos que hacen que el pago de la deuda sea manejable en estos momentos pueden cambiar rápidamente con la nueva crisis bancaria”, advierte.
Militante de la iniciativa Plan B, lanzada por Yanis Varoufakis, está convencido no solo de que la socialdemocracia no busca reformar Europa, sino también de que no se puede reformar la UE. Por ello, defiende que hay que “desobedecer a las instituciones europeas”.  
¿Cuáles fueron las principales conclusiones del Comité de la deuda griega que usted dirigió?
La deuda reclamada por la troika, que representa más del 85%, es ilegal, insostenible, odiosa e ilegítima. Se trata de una deuda nueva contratada después del 2010 bajo condiciones muy claras: políticas impuestas por los acreedores y que violan tratados internacionales en materia de protección de derechos humanos. Y también son insostenibles desde un punto de vista económico y financiero. Desembocaron en un fracaso económico.
¿Pero qué ocurre con la deuda generada antes de 2010?
Se transformó en deuda reclamada por la troika. Hemos analizado la deuda antigua y también hay signos evidentes de ilegitimidad e ilegalidad. Era deuda con bancos privados generada en su mayoría mediante bonos vendidos en los mercados financieros. Ahora bien, la importante es la que Grecia está pagando ahora. A menudo, la deuda nueva es una forma de blanquear deuda ilegítima e ilegal anterior.
¿Pero hay quiénes plantearan que si Grecia se endeudó, antes de la llegada de la troika, tendrá que pagarlo?
Si la deuda anterior también es ilegal o ilegítima, no. Pero en este caso, podemos además demostrar la ilegalidad y el carácter odioso de la deuda actual. Ese argumento no tiene valor.
Señalaban ustedes en su informe que el endeudamiento griego no se debió a un excesivo gasto público, ¿entonces a qué?
Uno, se debió a políticas fiscales que, como en otros países, redujeron los impuestos sobre los ricos. Dos, a la entrada en la zona euro que conllevó un flujo enorme de capital financiero proveniente de 15 bancos franceses y alemanes que buscaron cómo colocar su liquidez en Grecia. Es lo mismo que hicieron los bancos alemanes con las constructoras y bancos españoles más o menos en el mismo periodo. O con Portugal. El tercer elemento son los gastos militares. Los griegos son, proporcionalmente, los más elevados de Europa. Las empresas que vendían y venden armas a Grecia son en primer lugar, alemanas, segundo, francesas y luego, estadounidenses. Los gobiernos de estos países presionaron a Grecia para que mantuviese un gasto militar muy elevado. Además, la participación en la OTAN es muy costosa, porque Grecia tiene que cumplir una serie de misiones como país fronterizo de Oriente Próximo. Ha de cuestionarse la participación griega en la OTAN. Y cuarto, una política de reducción de las cotizaciones sociales pagadas por los empresarios que redujeron los ingresos del Estado. Se trata de una política neoliberal generalizada en nuestros países, pero en Grecia se hizo de manera muy agresiva. Esta reducción del ingreso fiscal tuvo que ser equilibrada con más deuda.
¿Y qué papel jugaron grandes empresas como Siemens?
Se ha comprobado que Siemens distribuyó sobornos por 200 millones de euros en Grecia. Pero no es solo Siemens. También es Rhein Metal que abastece en armas y material metalúrgico. O la estadounidense Martin Lockheed, fabricante de los bombarderos F-16. La corrupción ha sido masiva en Grecia, pero la idea de que es un caso excepcional es una exageración. Ustedes en España con el señor Rodrigo Rato y otras personalidades como Botín, etcétera, saben algo de corrupción, desvío de fondos, acumulación indebida.
Si en julio de 2015, el propio FMI declaraba que la deuda griega era insostenible e impagable, ¿por qué entonces la exigencia inamovible de pago por parte de la UE?
Cuidado esa exigencia también es del FMI que no estaba dispuesto a una quita. Es pura propaganda. Christine Lagarde es francesa, sabe muy bien que, aunque le pida a Hollande y a Merkel que reduzcan la deuda griega, si el FMI no lo hace, no habrá quita. El FMI es un organismo multilateral, en el que hay presiones de los chinos, los rusos o los brasileños para llegar a este tipo de declaraciones.
Si hay un cierto consenso en que la deuda griega es insostenible e impagable, da la impresión de que su no condonación es una herramienta política.
La cuestión fundamental no es acumular beneficios a corto plazo, sino tener un instrumento para disciplinar a un país. Y Grecia es sólo el ejemplo para decir a los demás que también pueden hacerlo con ellos. Además, el BCE, que tiene bonos emitidos por Grecia entre 2010 y 2012, se negó a participar en la reestructuración de 2012, en la que se redujo un 53% el valor de estos bonos. El BCE cobra a Grecia el 6% y el FMI el 3%, a pesar de que se financia a una tasa inferior. Ellos sí hacen un buen negocio, desde 2010 están cobrando muchos reembolsos.  Los demás acreedores públicos, entre ellos España, están cobrando una tasa de interés muy baja y además los verdaderos pagos no empiezan hasta el 2022. En los seis primeros meses de gobierno de Syriza, cuando Tsipras todavía se negaba a capitular, el BCE se negó a devolver a Grecia los intereses abusivos que le cobraba. Después los devolvió con la condición de que Grecia utilizase ese dinero para reembolsar al FMI. El cobro de intereses es un arma de presión y chantaje.
Habla de capitulación de Tsipras, pero ¿había alternativas?
Por supuesto. En febrero de 2015 había que decidir si se prolongaba el segundo memorándum o si se paralizaba. La solución elegida por Tsipras y Varoufakis fue la de alargarlo hasta finales de junio. Se comprometieron a respetar el calendario de pago de la deuda y el reembolso de 7.000 millones de euros. Había que haber elegido una suspensión unilateral de pagos en base al artículo 7 del párrafo 9 del reglamento 4702, adoptado el 21 de mayo de 2013 por el Parlamento Europeo y la Comisión Europea. Éste prevé la organización de una auditoría por parte de un gobierno bajo un programa de ajuste estructural para determinar las razones por las cuales la deuda alcanzó un nivel insostenible e identificar las posibles ilegalidades e irregularidades. Además, tenían que haberse tomado medidas fuertes sobre los bancos y el control de los movimientos de capital para parar la fuga de los mismos. También se podía haber lanzado una moneda paralela al euro, una moneda virtual, sin convertibilidad, para el pago de impuestos o las pensiones. Todo esto habría llevado a una confrontación con la UE, pero de todos modos la hubo y sin correlación de fuerzas porque al mantener los pagos de la deuda, las instituciones acreedoras podían prolongar la negociación y llevar a Tsipras al resultado que lograron. Cuando se convocó el referéndum del 5 de julio de 2015 y el BCE obligó al gobierno a cerrar los bancos, había todavía una posibilidad bajo el mandato popular – el no obtuvo el 62% de los votos—de poner en marcha  un plan B en condiciones más complicadas, porque ya se había dado la fuga de capitales, pero aun así se podía. Hubo dos momentos en los que Tsipras se negó a pasar al plan B y fue un error trágico. O seguramente más que un error.
En ese segundo momento, Grecia se afrentaba a la amenaza de la salida del euro, ¿es viable que un país salga de la moneda única?
Sí. No hablo de esta posibilidad en febrero porque entonces Syriza tenía un mandato para no salir del euro con el programa de Tesalónica, aprobado por una mayoría del partido. Si se hubiese aprobado otro programa, Syriza habría podido implementar una salida del euro después de las elecciones. En julio el 62% que votó en contra de las exigencias de los acreedores sabía perfectamente que votar no tenía como probable consecuencia la salida del euro. Tsipras tenía la legitimidad para tomar esa decisión. ¿Por qué no sería viable salir del euro? Se pueden implementar medidas de salida del euro para reducir los aspectos desventajosos para el pueblo y contar con las ventajas del retorno a una moneda soberana.
¿Cabe la posibilidad de que una vez que terminen las actuales negociaciones entre los acreedores y Grecia haya una reestructuración de la deuda?
Sí. Una quita es una posibilidad, pero si se prolongan las políticas de ajuste estructural no sirve de nada ni para el pueblo griego ni para la economía. Si los acreedores quieren dar una compensación a Syriza por la capitulación, tendrían que otorgar una quita, pero, tal vez, ni siquiera quieren. A veces, los vencedores quieren una derrota total. Una reducción puede determinar un poco el futuro de Tsipras, pero no el del pueblo griego ni el de Europa.
Las medidas de austeridad impuestas desde el 2008 en Europa recuerdan a las políticas de ajuste estructural y al consenso de Washington aplicado en América Latina y África en los ochenta y noventa.
Claro, se están aplicando en Europa, con especificidades, políticas muy similares. Se ve en el tipo de medidas y en cómo las implementan, cómo sustituyen a los acreedores privados por acreedores públicos, cómo reestructuran la deuda.
¿Con qué fin?
En América Latina se trataba de acabar con las políticas de industrialización por sustitución de importación. También con el Estado de bienestar que existía en algunos países. Era una política de apertura comercial y a las inversiones y de reducción de manera brutal de las conquistas sociales. ¿Por qué? Por lo mismo que ahora en Europa, para poner a los trabajadores de todas las economías a competir entre ellos. Europa está implementando esta política de ajuste brutal para ganar más mercados en la competencia con Estados Unidos, China y los otros Brics. La lógica actual es la reducción de los costes del trabajo hasta el mínimo posible. Es la parte, yo diría, racional porque si no lo analizas así es absurdo porque no genera crecimiento económico. Las empresas europeas necesitan un aumento del consumo interno. ¿Por qué no lo hacen? Porque su prioridad es una derrota histórica del movimiento sindical y de los trabajadores y luego ya podrán volver a una política de incentivo del crecimiento económico.
¿Pero a quién vamos a exportar, si ahora los mercados emergentes están cayendo? Ésta lógica ya no cuadra
Para ellos la prioridad es lograr una derrota. Y saben que esto tiene un costo. Y ellos se mueven en la crisis, en el caos económico.
¿Quiénes son ellos?
Los gobiernos y las grandes empresas. Karl Marx decía hace casi dos siglos que el interés general de los capitalistas era aumentar la demanda para aumentar la producción y la venta y con ella, la obtención de la plusvalía, pero que el interés individual de los capitalistas era otro. Es ganar la batalla comercial contra el otro y para ello hay que disminuir los salarios. La lógica actual es lo que Marx llamaba anarquía capitalista. No puede asumirse que hay un interés general del capitalismo y un gobierno que vela por él.
La auditoría de la deuda era una de las líneas estratégicas de Podemos que ahora, a pesar de estar incluida en su programa electoral, ha desaparecido de la agenda, ¿a qué cree que se debe?
A la presión de tener un discurso de realpolitik y no tener que responder a preguntas difíciles por parte de la prensa. Es más fácil decir que su pago ya no es un problema. Ahora bien los elementos que hacen que el pago de la deuda sea manejable en estos momentos pueden cambiar rápidamente con la nueva crisis bancaria.
¿Hay itinerario posible para socialdemocracia para reformar Europa o hay que inventar nuevas vías?
La socialdemocracia no busca reformar Europa. La socialdemocracia vota con el grupo del PP en el 70% de los casos. En todo lo relacionado con tratados como el TTIP o el TISA votaron juntos para diseñar una Europa todavía más neoliberal. La reforma de Europa forma parte del discurso, pero no del proyecto. No se puede reformar la Unión Europea. En el plan B no hay reforma de la UE.
¿Y entonces qué hay?
Hay que desobedecer a las instituciones europeas. Hay que ser indisciplinado respecto a los tratados europeos cuando éstos van en contra del interés de la ciudadanía. Un gobierno de izquierda tiene que desobedecer. No implica una salida unilateral de la UE, pero sí decir estoy en la UE y doy prioridad a la satisfacción de las necesidades de mi pueblo, y de los demás pueblos, y después ya veremos lo que ocurre.

http://ctxt.es/es/20160302/Politica/4583/Eric-Toussaint-Deuda-Grecia-socialdemocracia-UE-Plan-B-Europa-Entrevistas-Europa-contra-s%C3%AD-misma.htm

Sartre, el único que ha rechazado el Premio Nobel de Literatura Sartre, el intelectual


Sartre, el único que ha rechazado el Premio Nobel de Literatura
Sartre, el intelectual



1. No leí al filósofo francés Jean Paul Sartre -el más destacado escritor y polemista de oposición de izquierda de su tiempo- antes de ser nominado como el Premio Nobel de Literatura en 1964; sin embargo después de rechazarlo con vigor, todo mundo leyó a Sartre y sus más de veinte libros, además de cientos de ensayos y artículo circularon de manera amplia en todo el mundo. Al parecer solamente Sartre ha tenido el privilegio de rechazar ese premio que ha sido entregado a 106 escritores desde 1901. 2. “Sartre es uno de los más grandes escritores que ha dado Francia y uno de sus intelectuales más críticos y controvertidos. El vigor de su lenguaje y la diversidad de sus modos de expresión, la profunda unidad de su pensamiento y su compromiso en las luchas concretas de nuestro tiempo, han convertido a Sartre en una celebridad mundial y lo han hecho acreedor de la admiración y la estima de la mayoría de quienes luchan por orientar la historia en vistas a la superación de las injusticias y la conquista de la libertad para todos los hombres.”  (Catalina Uribe)
3. La filosofía de Sartre representa una especie de punto de inflexión en la historia del pensamiento contemporáneo y su literatura, una bisagra entre dos épocas de la novela y el teatro francés. La obra de Sartre, por la lucidez de su pensamiento y la audacia de sus temas, constituye uno de los testimonios más representativos de su tiempo. Desde el final de la segunda guerra mundial, ningún intelectual marcó tanto su época como lo hizo él. No en vano, recién despuntado el año 2000, comenzó a ser considerado por muchos como el escritor del siglo en Francia.
4. Sartre –con todo su prestigio- se solidarizó ampliamente con la lucha de Argelia por su independencia de Francia, apoyó la Revolución Cubana, participó abiertamente en la rebelión estudiantil del mayo francés, apoyó al maoísmo frente al gobierno de la URSS, fue símbolo de las luchas estudiantiles en el mundo, publicó con los jóvenes rebeldes en Francia el periódico Liberación y fue un gran polemista de literatura, filosofía y política en su tiempo. Por ello me ha parecido muy importante conocer por qué rechazó el Premio Nobel que más de 100 escritores han recibido.
Así explicó Sartre su rechazó: 
"¿Por qué rechacé ese premio? Porque estimo que desde hace cierto tiempo tiene un color político.

Si hubiera aceptado el Nobel - y aunque hubiera hecho un discurso insolente en Estocolmo, lo que hubiera sido absurdo - habría sido recuperado. Si hubiera sido miembro de un partido, del partido comunista, por ejemplo, la situación hubiera sido diferente. Indirectamente hubiera sido a mi partido que el premio habría sido discernido; es a él, en todo caso, que hubiera podido servir. Pero cuando se trata de un hombre aislado, aunque tenga opiniones "extremistas" se lo recupera necesariamente de un cierto modo, coronándolo. Es una manera de decir: "Finalmente es de los nuestros". Yo no podía aceptar eso.

La mayoría de los diarios me han atribuido razones personales: estaría herido porque Camus lo había obtenido antes que yo...tendría miedo que Simone de Beauvoir se sintiera celosa, a lo mejor era un alma bella que rechazaba todos los honores por orgullo. Tengo una respuesta muy simple: si tuviéramos un gobierno de Frente Popular y que me hubiera hecho el honor de discernirme un premio, lo habría aceptado con placer. No pienso para nada que los escritores deban ser caballeros solitarios, por el contrario. Pero no deben meterse en un avispero.

Lo que más me ha molestado en este asunto son las cartas de los pobres. Los pobres para mí son las personas que no tienen dinero pero que están suficientemente mistificadas para aceptar el mundo tal cual es. Esa gente forma legión. Me han escrito cartas dolorosas: "Deme a mí el dinero que rechaza".

En el fondo lo que escandaliza es que ese dinero no haya sido gastado. Cuando Mauriac escribe en su agenda: "Yo lo hubiera usado para arreglar mi cuarto de baño y el cerco de mi parque", es un maligno: sabe que no provocará ningún escándalo. Si hubiera distribuido ese dinero habría chocado más a la gente. Rechazarlo es inadmisible. Un norteamericano ha escrito: "Si me dan 100 dólares y los rechazo, no soy un hombre". Y además está la idea de que un escritor no merece ese dinero. El escritor es un personaje sospechoso. No trabaja, gana dinero y puede ser recibido, si lo quiere, por un rey de Suecia. Eso ya es escandaloso. Si además rechaza el dinero que no ha merecido, es el colmo. Se considera natural que un banquero tenga dinero y no lo dé. Pero que un escritor pueda rechazarlo, eso no pasa.

Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas. Rechazo 26 millones y me lo reprochan, pero al mismo tiempo me explican que mis libros se venderán más porque la gente va a decirse: "¿Quién es este atropellado que escupe sobre semejante suma?". Mi gesto va pues a reportarme dinero. Es absurdo pero no puedo hacer nada. La paradoja es que rechazando el premio no he hecho nada. Aceptándolo hubiera hecho algo, que me habría dejado recuperar por el sistema".


Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

Un libro vaticina el final del trabajo: “en 30 años habrá la mitad de empleos”

PAUL MASON, ¿EL NUEVO PIKETTY?

Un libro vaticina el final del trabajo: “en 30 años habrá la mtad de empleos”

En su último libro, el columnista inglés Paul Mason explica que el capitalismo está a punto de desaparecer, lo cual puede provocar o el caos o el fin del trabajo tal y como lo conocemos.  


Mason es célebre por su activismo público, como en este piquete informativo frente a la BBC. (Reuters/Toby Melville)
El año pasado, El capital de Thomas Piketty se convirtió en un inesperado éxito editorial gracias a su argumentada y documentada crítica de la desigualdad económica, que propició un acerado debate que aún no ha tocado a su fin. Si el francés utilizaba el título del célebre libro de Karl Marx para dar nombre al suyo al mismo tiempo que señalaba su linaje, este año otro volumen recién publicado en Inglaterra y firmado por Paul Mason, antiguo marxista de línea dura reconvertido en columnista deThe Guardian y editor de economía de Channel 4 puede ocupar su lugar como guía de lo que está por venir.
La tesis de Postcapitalism: a guide to our future (Allen Lane) se puede resumir en apenas un par de líneas pero dar lugar a toneladas de think-pieces. El capitalismo tal y como lo conocemos está condenado a desaparecer, en especial en la vertiente neoliberal que la caída del Muro de Berlín contribuyó a reforzar. Al igual que ocurrió con el final del feudalismo, la sociedad evolucionará no gracias a una revolución de izquierdas que acabe con el mercado, sino por la inevitable vía abierta por la tecnología y una sociedad basada en la información, que contradice la lógica del mercado, basada en la escasez.
La diferencia frente a otras etapas de la evolución social es que en esta ocasión, la tecnología no creará más trabajos, sino que los eliminará
Lo resumía –y analizaba– S. McCoy en un reciente artículo: los tres pilares sobre los que se desarrollará esta nueva economía son el auge espontáneo de la economía colaborativa, con proyectos como Wikipedia que se escapan a la lógica del mercado; la imposibilidad del mercado de formar correctamente precios, gracias a las particularidades de la información; y, por último, y no menos importante, la disminución de la demanda laboral, algo que ya ha experimentado el currante del siglo XXI, que ha visto cómo la barrera entre el trabajo y el ocio ha desaparecido al mismo tiempo quelos sueldos no han dejado de bajar. Puede que no todos compartan los vaticinios sobre el fin del neoliberalismo de Mason, pero sus apuntes dicen mucho de lo que ocurrirá con el trabajo durante las próximas décadas.

El callejón sin salida neoliberal

Lo explica en una entrevista concedida el pasado fin de semana a The Irish Times. “El futuro del neoliberalismo son los sueldos bajos. En los próximos 30 años, entre el 40 y el 50% de los trabajos desaparecerán y serán automatizados, sobre todo el comercio y los trabajos de oficina”. No sólo eso, sino que empleos para los que antiguamente se necesitaba cierta formación técnica también lo harán: “En mi trabajo en la televisión cada vez participa menos gente especializada a medida que el sonido y el montaje han sido automatizados”.
La diferencia frente a otras etapas de la evolución económica, señala Mason, es que en esta ocasión, la tecnología no creará más trabajos, sino que los eliminará. Aunque la revolución industrial provocó la automatización de las cadenas de montaje y la desaparición de gran parte del sector agrícola, también generó nuevos trabajos para los que se necesitaba profesionales especializados. La desaparición del feudalismo permitió que humanistas, científicos, abogados y artistas encabezasen la transformación social. Por el contrario, asegura el autor, muchos de los proyectos en los que actualmente invierten los empresarios están relacionados con trabajos de escaso valor añadido y largas jornadas laborales, como “cafeterías, nails bars, o locales de striptease”.
Parece que alguien esté inventándose trabajos inútiles sólo por tenernos a todos ocupados
La tecnología de la información aún no ha cambiado el mercado ni ha encontrado un nuevo lugar a la fuerza laboral, como sí ocurrió con las previas transformaciones, y ello se debe a que su lógica está completamente lejos de la del capitalismo neoliberal, explica Mason. Por eso ha sido tan complicado entender las dinámicas del capitalismo cognitivo en las que el valor añadido proporcionado por el know-how y el conocimiento que se deposita en cada producto es más valioso que la parte física que se necesita para producirlos: frente al comportamiento del mercado, que se basa en la escasez, la información es abundante, fácilmente reproducible hasta el infinito a un coste muy bajo o nulo y muy difícil de evitar que caiga en manos de la población.

Un futuro sin trabajo… y sin paro

Estamos, por lo tanto, en una encrucijada, en la que la mayor parte de trabajos pueden ser fácilmente simplificados o automatizados, pero al mismo tiempo, la creación de trabajo se centra en empleos que aportan muy poco valor añadido y, por lo tanto, reciben sueldos muy bajos. Es lo que David Graeber llamó bullshit jobs en un célebre artículo publicado en Strike! Magazine. Como explicaba el antropólogo y activista, en lugar de que los adelantos tecnológicos hayan provocado que la población mundial vea descender el número de horas dedicadas al trabajo, los empleos relacionados con la administración –de los recursos humanos a los relaciones públicas– han aumentado de forma increíble, hasta el punto que “parece que alguien esté inventándose trabajos inútiles simplemente por tenernos a todos haciendo algo”.



Es una lógica completamente contraria a la del capitalismo, recordaba Graeber, ya que en este ninguna empresa o administración paga a un empleado por hacer un trabajo innecesario. En opinión del activista, si se creaban estos trabajos, era por razones morales y políticas: por una parte, una población feliz y productiva que dispone de mucho tiempo libre es “un peligro mortal”. Por otra, resulta conveniente seguir defendiendo que el trabajo es un valor en sí mismo y que aquel que no desea pasar un gran número de horas esforzándose en su puesto de trabajo es un haragán. Mason está de acuerdo en dicha visión, y añade que se trata de trabajos “a los que no puedes aplicar tecnología, empleos que reciben sueldos mínimos”.
Ante dicho panorama, sólo pueden ocurrir dos cosas. Por una parte, que la élite decida reforzar la situación de crisis que ha creado, y que sean los trabajadores los que lo paguen, favoreciendo el auge de partidos extremistas y rebajando aún más los sueldos hasta que el nivel de vida de los países desarrollados descienda sensiblemente. “Si no podemos crear un orden global sostenible y restaurar el dinamismo económico, las décadas que sigan a 2050 serán un caos”, explicaba. Crisis de las instituciones, desaparición de las leyes internacionales y fin de la globalización son tres probables consecuencias de seguir defendiendo “un modelo de negocio desfasado que se basa en el descenso de los sueldos”.
Si no podemos crear un orden global sostenible y restaurar el dinamismo económico, las décadas que sigan a 2050 serán un caos
La alternativa es el futuro que Mason propugna, y en el cual, la economía colaborativa cambiará la forma en que los ciudadanos se relacionen con el trabajo. Citando elFragmento sobre las máquinas de Marx, en el que el alemán vaticinaba una sociedad en la que las maquinas producirían bajo la mera supervisión del ordenador y en la que la principal fuerza productiva sería la información, la producción se realizará de forma colaborativa gracias al uso compartido de esta en las redes que la tecnología ha fomentado.
“Estamos preparándonos para ser capaces de vivir esta vida que ahora es posible”, señalaba en una entrevista con The Independent. “Cazar por las mañanas, pescar por la tarde, recoger el ganado por la noche, discutir después de la cena”. En resumidas cuentas, si la sociedad evoluciona de la forma que la tecnología lo permite, terminaremos viendo cómo “el tiempo que se necesita para producir lo que la humanidad necesita se reduce al mínimo”. La utópica visión de Mason incluye banqueros centrales elegidos de forma democrática y una renta básica universal que permita que la gente “haga voluntariado, monte cooperativas, edite la Wikipedia, aprende a utilizar software de impresión 3D, se jubile antes y empiece su carrera más tarde y cambie más fácilmente de trabajo”. El 1% se resistirá, pero el 99% puede conseguirlo, concluye Mason: “El postcapitalismo nos hará libres”.