sábado, 2 de septiembre de 2017

Entrevista a Richard Labévière, escritor y periodista franco-suizo. "El terrorismo es la faz oscura de la globalización". Alex Anfruns Investig’Action.

Entrevista a Richard Labévière, escritor y periodista franco-suizo. "El terrorismo es la faz oscura de la globalización". Alex Anfruns
Investig’Action. 

¿Debemos acostumbrarnos al terrorismo como parte integrante de nuestra vida cotidiana? ¿O analizar inteligentemente sus causas para contrarrestarlo? Ex redactor jefe de Radio Francia Internacional y ahora director del sitio especializado a prochetmoyen-orient.ch, el escritor y periodista franco-suizo Richard Labévière ha publicado “Terrorisme, la face cachée de la mondialisation” (‘Terrorismo, la faz oscura de la globalización’), una obra destacable, que saca el balance de quince años de “guerra contra el terror” y aporta las claves para el análisis de un fenómeno complejo y cada vez más extendido en nuestras sociedades.En su libro usted afirma que la opción militar no puede terminar con el terrorismo. ¿Por qué cree que los líderes occidentales persisten en hacer creer lo contrario?
En primer lugar porque no tienen mucha imaginación, porque no hacen los análisis correctos del fenómeno terrorista y porque favorecen principalmente sus intereses económicos. Por el momento, se habla mucho de Qatar y Arabia Saudita. Arabia Saudita, mucho más que Qatar, es el primer donante y el apoyo financiero para la expansión del wahabismo y del salafismo, que han inspirado a muchos grupos terroristas en el mundo, especialmente en el Medio Oriente, en Asia, África o Europa.
La mayoría de los países occidentales, a imagen de Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, han declarado una “guerra contra el terror, al terrorismo”… lo que es, en esos términos, una estupidez insondable y una absoluta estupidez, por la buena y sencilla razón de que el terrorismo no es una sustancia determinada, sino un modo operatorio, una metodología. Es un modo asimétrico de guerra – del débil al fuerte-. No se hace la guerra a una metodología, ni a un modo de operar.
Los militares lo saben muy bien. Esto ha sido dicho recientemente por los oficiales superiores y generales franceses: ¡no se bombardea una ideología, no se destruyen los discursos radicales con las armas! Así que los militares, mucho más que los políticos, saben muy bien que no podremos superar el terrorismo contemporáneo mediante simples operaciones militares. La opción militar garantiza una postura de inmediatez que permite ganar tiempo o desplazar la cuestión. Pero ninguna operación militar puede alcanzar la raíz de las causas profundas del terrorismo, de su permanencia, su expansión y su reconfiguración en el mundo globalizado de hoy.
Desde el atentado de enero de 2015 en París, las acciones terroristas se han multiplicado en suelo europeo y en otros lugares. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Acabamos de tener una serie de atentados en Gran Bretaña y Melbourne, en París un loco atacó a un policía en Notre Dame con un martillo, otro ha tratado de hacerse explotar en los Campos Elíseos… Durante ese tiempo en el sur de Filipinas, el ejército nacional está luchando -con medios pesados – a los grupos salafo-jihadistas que reclaman su lealtad a Daesh -¡estos últimos también reclaman un territorio del archipiélago!-. En Irak, Siria, como en la franja del Sahel-Sahara y el Cuerno de África, otros grupos armados – tanto en nombre de Daesh como en el de Al Qaeda- reivindican también el control de vastos territorios.
Hay atentados muy mortíferos que también devastan los distritos de Kabul y las localidades del este de Afganistán. Sus autores pretenden también actuar en nombre de la organización “Estado Islámico”. Hay grupos en el Sahel y el África subsahariana desde Mauritania hasta el Cuerno de África que también actúan en nombre de estos mismos grupos terroristas, mientras que sabemos muy bien que sus incursiones van dirigidas principalmente a la acumulación del capital financiero y humano local… En todos los casos citados, el terrorismo contemporáneo abarca un fenómeno que se ha globalizado ampliamente. Ahora, es necesario tratar de comprender las razones de esta ampliación que se instala para un largo plazo …
¿Podría haber un vínculo más profundo, de causa y efecto, entre la política occidental dirigida en el extranjero y el terrorismo?
Ciertamente. Desde que George W. Bush declaró su “guerra contra el terrorismo” al día siguiente de los atentados del 11 de septiembre, las posiciones y reacciones de Estados Unidos y de los países occidentales desde luego no han hecho menguar el problema, sino que al contrario lo han multiplicado por diez y han acentuado su expansión, a partir de las operaciones militares occidentales en Afganistán, en Irak, por supuesto -la invasión anglo-estadounidense de Iraq ha sido un desastre que claramente ha escrito la prehistoria de Daesh- la intervención y el desmantelamiento de Libia han generado asimismo una onda de choque que se ha convertido en una multitud de conflictos.
La intervención franco-británica, apoyada por los Estados Unidos y la OTAN en Libia, destruyó este país, ha creado tres o cuatro Libias, lo fragmentó, y hoy el Oriente y el Sur de Libia es un santuario de campos de entrenamiento jihadistas. Se han extendido no sólo a Mali, sino también al Chad, a Burkina Faso y en toda la franja del Sahel-Sahara, por no decir en la totalidad de África Occidental, con grupos como Boko Haram, los Shabaab, aumentando así las zonas de inseguridad total.
En su libro usted propone un marco de lectura que podría parecer pesimista en el corto plazo; por otro lado, tiene el mérito de ser muy audaz porque se basa en un razonamiento riguroso que va en contra de las ideas dominantes …
Hoy yo digo que hay que invertir el paradigma, no analizar el terrorismo como una crisis, un accidente o un fenómeno extraordinario, ni una patología, sino más bien como una cosa ordinaria, normal, cuyas lógicas y maquinaciones están en el corazón mismo de la normalidad de la globalización económica, comercial y financiera.
Desde el final de la Guerra Fría, con la revolución digital y las nuevas tecnologías (redes digitales y otros grandes volúmenes de datos y nubes de computación), la multiplicación de las crisis en el Oriente Medio, África y otros lugares conoce una duplicación y reduplicación, en la que se ve interactuar a sindicatos del crimen, cárteles de la droga, Estados fallidos y grupos terroristas, en la lógica constitutiva de una economía política: la economía política del terror que se adapta perfectamente a la economía política global.
Hoy en día, la globalización tiene tres consecuencias principales: rompe los estados-nación, los servicios públicos y las políticas de redistribución social. ¡La globalización contemporánea es la carrera por el dinero primero! Pues bien, esta carrera por el dinero tiene una necesidad vital, esencial y consustancial con el terrorismo. De ahí el título de mi libro, Terrorismo, la faz oscura de la globalización (1), que trata de remontar hasta las causas profundas del terrorismo, que se ha impuesto como una variable absolutamente necesaria para el funcionamiento de los mecanismos de la globalización contemporánea.
A menudo cito el hallazgo del antropólogo y ensayista francés Georges Bataille quien, en 1957, en su famoso ensayo -La parte maldita- explicó que cualquier fenómeno de expansión económica tiene su lado negativo, su parte maldita de despilfarro que llamaba “consumo”. Hoy en día, el terrorismo se ha convertido en esa parte de consumo del capitalismo globalizado. Así como Lenin habló del “imperialismo, etapa suprema del capitalismo”, se podría hablar igualmente del terrorismo como una etapa suprema de la globalización …
Usted también dice que los medios de comunicación participan de cierta manera en el fenómeno del terrorismo, retransmitiendo elementos sensibles vinculados a los atentados. ¿Podría usted explicarnos un poco más?
El terrorismo es aterrorizar. Es utilizar diversas armas en un equilibrio asimétrico de fuerzas. Cuando un grupo terrorista actúa y realiza un acto de terror, es evidente que este acto debe ser transmitido a través de un proceso de comunicación, lo más ampliamente posible, incluso a través de la comunicación de masas. Así, el acontecimiento terrorista, necesariamente muy localizado, adquiere un alcance más amplio, si no planetario, retransmitido por los medios modernos de comunicación de hoy.
Hay forzosamente una relación ambigua entre la propagación y el efecto buscado por el terrorismo, es una cuestión muy vieja. Recuerden algunas portadas de la prensa como Le Petit Illustré u otros, dibujando las bombas de los anarquistas del siglo XIX. Más recientemente aún, cuando hubo los bombardeos de 1995 en Francia en el RER y el metro, tenemos que observar que aquellos ataques fueron cometidos a las 19:00 o 19:15. Los autores se habían asegurado así de estar en la apertura de las telenoticias a las 20h.
Hoy vemos cómo la organización “Estado Islámico”/Daesh, tiene varios cientos de sitios web. Incluso tiene un programa semanal en francés -Dabiq, el nombre de la ciudad siria donde las diferentes tradiciones sectarias anuncian el Apocalipsis- realizado de manera muy profesional, con asesores de comunicación que se basan en Gran Bretaña, en los Estados Unidos y en el Golfo…
La vieja ecuación terrorismo/prensa constata que la comunicación constituye una de las dimensiones incompresibles del fenómeno terrorista en sus vínculos con el exterior. En reacción, si no en simetría, las autoridades encargadas de accionar los diferentes medios de respuesta del contraterrorismo producen -a su vez también- una comunicación externa y un uso interno, destinado al público en general.
Está claro que los editores privados y públicos tienen una gran parte de responsabilidad en la materia. La mayoría de las veces hoy en día, se está condenado a la espontaneidad, a una inmediatez (que anula la mediación necesaria para el análisis y la comprensión). Las cadenas de televisión y los principales periódicos como Le Soir y La Libre de Bruselas o Le Monde o Liberación, son demasiado a menudo cómplices de los grupos terroristas actuales, de su ideología que se alimenta de esa resonancia que no se cuestiona. La mayoría de los medios de comunicación tratan el terrorismo en sus efectos más dramáticos y emocionales sin realmente buscar sus causas profundas.
¿Cómo explica este fracaso de nuestras sociedades democráticas respecto al derecho a la información?
Muy pocos medios se esfuerzan por remontarse a las causas, ya que hacerlo necesita más tiempo, espacio, investigación y, por lo tanto, experiencia real. ¡Y esto también tiene un costo! Trabajar correctamente sobre las causas profundas del terrorismo requiere investigaciones minuciosas, informes sobre el terreno que requieren conocimientos históricos y antropológicos de los lugares y tiempos en los que se desarrolla el problema, perdura, se repite y se transforma. Esta inversión periodística requiere medios que se sostengan en el tiempo. Desafortunadamente, los modelos económicos de nuestros medios nacionales no pueden afrontar ese reto…
Incluso si los medios estuvieran allí, ¿lo querrían? Nada es menos seguro, y no caigo en el conspiracionismo, ya que remontarse a las causas profundas del terrorismo contemporáneo también requiere algunos análisis políticos perfectamente incompatibles con los apriorismos ideológicos de nuestros medios mainstream.
La mayoría de las veces, estas sociedades privadas y públicas no hacen más que retransmitir los mismos ‘blabla’, los mismos testimonios lastimosos y los discursos convenidos sobre “las respuestas al terrorismo”, judiciales o de otra índole. Después de un acto terrorista, la totalidad de los poderes ejecutivos y legislativos del mundo adoptan nuevas leyes. En Francia, desde 2012, se han alineado una docena de textos de ley que, tan pronto como anunciados, han sido aplicados erróneamente o incluso ni siquiera fueron aplicados. Así, los medios de comunicación acompañan estos discursos sin hacer un trabajo serio, sin demontar las racionalidades de la propagación de las ideologías radicales; sin investigar las estructuras de reclutamiento y los operadores-actores en el financiamiento del terrorismo contemporáneo.
En resumen, se habla mucho sin realmente abrir las investigaciones específicas necesarias, que podrían servir como base para la elaboración de las respuestas apropiadas. La problemática de la financiación del terrorismo está sobre la mesa desde hace más de 30 años. Se amontonan con ella varios pisos. Se sabe bien que no es el acto mismo o el paso al acto lo que cuesta caro (los ataques del 11 de septiembre de 2001 costaron menos de 500 000 dólares).
¡La mayoría de los actos terroristas en su fase operacional no cuestan caro! Lo que es realmente costoso es lo siguiente, es decir, el reclutamiento de activistas, su entrenamiento, la asunción del seguro de su familia en los casos de atentados suicidas o las operaciones de cirugía estética en Brasil, en el Líbano o en otros lugares para que cambien sus rostros… Todo esto cuesta mucho más caro que el paso al acto en sí.
Admitamos que la mayoría de los medios de comunicación no hayan tenido el tiempo o los medios para abordar este problema con ramificaciones complejas. Sin embargo, usted se cuenta entre los analistas que alertaron muy pronto sobre las fuentes de financiamiento del terrorismo contemporáneo …
En efecto, trabajé sobre el ataque de Luxor de noviembre de 1997 en Egipto, donde 63 turistas fueron mutilados con machetes por los terroristas de la Gami’a Islamiya. De estos 63 turistas, 35 eran ciudadanos suizos. El operador turístico se llamaba Hotel-Plan. En esa época yo trabajaba para la Televisión suiza francófona (TSR). Mi jefe -Claude Torracinta- tuvo el buen sentido de enviar un equipo de periodistas y realizadores que pudieron así trabajar durante seis meses de manera profunda sobre aquel acto terrorista de Luxor, con el fin de remontarse a las redes de la Gami’a Islamiya y de sus financiadores.
Se pudo así destapar la sociedad Al-Taqwa, que en ese momento era el banco de los Hermanos Musulmanes, prohibida en Egipto en 1983. También se estableció en las Bahamas. Otras filiales y sociedades fiduciarias se instalaron en Suiza, especialmente en el Ticino en Lugano, Ginebra y en otras partes de Europa, en asociación con los principales bancos occidentales.
Todo esto con el apoyo de los bancos saudíes de los que callaré el nombre para evitar un nuevo juicio, ya que han sido varios los que he tenido en mi lucha contra los bancos saudíes y los operadores financieros sauditas que financian la expansión del wahabismo y el salafismo, incluso directamente a los grupos armados. Por lo tanto, Arabia Saudita sigue siendo el principal responsable, mucho antes que Qatar y cualquier otro estado en el mundo. La monarquía wahabita y sus satélites son responsables de esta expansión del “terrorismo islamista” en el mundo desde hace más de treinta años.
Entonces usted ya había escrito un libro titulado “Los dólares del terror”, publicado en 1998. ¿Qué acogida tuvieron sus investigaciones entre los medios dominantes y sus supuestos expertos?
Este libro tuvo un éxito de estima, que algunos especialistas manifestaron al ser publicado. Obviamente, no llamó la atención de los poderes públicos, que, al mismo tiempo, seguían manteniendo relaciones comerciales muy jugosas con Arabia Saudí y las otras monarquías petroleras del Golfo.
La segunda razón de este silencio cortés, más allá del aspecto financiero, son las dimensiones estratégicas del fenómeno. En la medida en que Arabia Saudí y los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se arriman a los Estados Unidos y se acercan a Israel contra su enemigo común – un gran desafío regional que se llama Irán-, está muy claro que denunciar la financiación del terrorismo, en primera línea de la cual actúan los donantes de fondos wahabitas, se vuelve efectivamente muy políticamente incorrecto. Esto debilita el frente común que Estados Unidos está tratando de construir contra Irán desde su Revolución Islámica en 1979.
La tercera razón por la que este libro -esta investigación sobre el financiamiento del terrorismo que salió unos años antes de los atentados del 11 de septiembre- no interesó a mucha gente es que involucraba directamente a varios aparatos de Estado americanos, comenzando por los servicios especiales que reclutaron y entrenaron a miles de jihadistas para ir a luchar a Afganistán contra el ejército soviético.
Aquel escándalo -el binladengate- se ha ampliado a partir de entonces, después de la retirada soviética en 1989 tras la caída del muro de Berlín, debido a que los mismos servicios de Estados Unidos han seguido utilizando estos yihadistas -sus jihadistas- en Asia Central, en Yemen, en Oriente Medio y otros lugares. Obviamente, explicar y denunciar esta realidad no fue muy bien recibido ni alentado, ni siquiera por los medios más irrespetuosos…
Pero poco después, las mentalidades serán un poco más receptivas…
Sí, después de los ataques del 11 de septiembre, el libro fue traducido en Estados Unidos y tuvo más eco. Con algunas de mis fuentes, fue posible explicar aún más cual era el papel de Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar en esos procesos. Ahora es más aceptado por el público en general y las autoridades políticas el hecho de que el papel de Arabia Saudita durante 30 años es central y sigue siéndolo en los mecanismos de financiamiento del terrorismo islamista.
Esta comprensión, esta denuncia, comienza a dar sus frutos, y a crear problemas a todas aquellas personas que comercian y hacen negocios con Arabia Saudita, empezando por Donald Trump o incluso otros países europeos, entre ellos Francia. Razón por la cual hubo que inventar un señuelo que dirigiera toda la actualidad de la financiación sobre… Qatar, para limpiar y blanquear a la Arabia Saudita y los otros miembros del CCG. Pero es un juego de manos que no convence a nadie.
Sin embargo, se ha podido observar una cierta convergencia en las estrategias de Arabia Saudita y Qatar, por ejemplo, en el escenario del conflicto en Siria y Yemen … ¿Podemos decir que estos países persiguen los mismos objetivos en materia de política exterior ?
Este caso de financiación del terrorismo, incluidas las rivalidades entre Qatar y Arabia Saudita, son un asunto de familia para las monarquías petrolíferas del Golfo, en lo que están todos más o menos involucrados. No es sólo el caso de Qatar, Kuwait o Arabia Saudita, estas razones conciernen al conjunto de las finanzas islámicas y sus actores, con la recogida de la zakat, la colecta de donaciones y sus usos a través de, por ejemplo, el Banco islámico de desarrollo, la Organización de la Conferencia Islámica y las diversas herramientas de multilateralismo islámico dominadas por Arabia Saudita, por no hablar de una miríada de ONGs entre las que se encuentran los Hermanos musulmanes y sus frentes caritativos europeos.
Esta estructura de rizoma (con ramificaciones subterráneas – NdlR) es ampliamente transnacional y aprovecha los paraísos fiscales occidentales y los centros financieros en el mundo que, les recuerdo, están mayoritariamente bajo bandera estadounidense y británica.
La cuestión de la financiación del terrorismo revela una problemática en mil capas que no sólo puede provenir de Qatar. Tienes razón al mencionar la proximidad ideológica y política de Qatar y Arabia Saudita, porque estos dos países comparten la misma doctrina teológico-política: el wahabismo. El problema es que Qatar es muy pequeño y Arabia Saudita es muy grande. Es la fábula de la rana que quiere hacerse tan grande como el buey. La rivalidad entre estos dos países es antigua. Este tronco común del wahabismo hace que estén siempre muy involucrados en el apoyo a los grupos terroristas sunitas, no sólo en Irak y Siria, sino también en Yemen y en la represión contra la población chiíta de Bahrein.
Históricamente, desde el momento en que fue prohibida por Nasser (desde 1956), la cofradía de los Hermanos Musulmanes y sus principales cuadros se refugiaron en Arabia Saudita y se han beneficiado de los regalos y la generosidad financiera del rey Faisal, quien dio dinero a los dos líderes principales de la época, Said Ramadan, y Youssef Nada, que era un banquero, para establecerse fuera del mundo musulmán, en Europa y en particular en Múnich, a continuación, en Ginebra desde 1961. Ellos decidieron instalarse primero en Munich en 1957, porque los Hermanos musulmanes había establecido vínculos durante la Segunda Guerra Mundial con los agentes de los servicios secretos del Tercer Reich alemán. Así crearon un primer centro en Munich ese año, y enseguida se produjo la apertura del Centro Islámico de Eaux Vives en Ginebra en 1961, que todavía está dirigido por Hani Ramadan. A partir de ahí, los Hermanos Musulmanes se extendieron mucho por Europa, creando despachos, sociedades benéficas, centros culturales en Francia (en la región de Lyon), en Bélgica y por todas partes.
Es pues Arabia Saudita la que ha favorecido la expansión internacional de los Hermanos Musulmanes, hasta que la Hermandad Musulmana comenzó a crear problemas y a denunciar a la monarquía de los Saud en la Península Arábiga y el resto del mundo árabe musulmán. Tanto es así que, a partir de la década de 1980, la monarquía saudí comenzó a desconfiar de los Hermanos que, gradualmente, escogieron otros lugares de implantación. Este fue el caso especialmente de Qatar, donde el Sr. Qaradawi -portavoz internacional de los Hermanos- podía difundir sus mensajes de odio en todo el mundo a través del canal de televisión Al-Jazeera. De la misma manera, la cadena Al-Jazeera fue el vehículo de comunicación de Osama bin Laden, como fue la propaganda de Daesh y otros movimientos.
A partir de los años noventa, quedó claro que se había producido una mutación en Arabia Saudita. Su diplomacia a golpe de talonario de cheques comenzó a apoyar y financiar a los grupos salafistas más involucrados en especial fuera de sus fronteras: en Indonesia, Asia Central, Oriente Próximo hasta el Cuerno de África, desde el África subsahariana hasta Europa. Mientras que Qatar, por otra parte, se especializó en acoger a los Hermanos Musulmanes y a sus filiales internacionales. Los Hermanos Musulmanes y el wahabismo son las dos filiaciones ideológicas del terrorismo contemporáneo. Estas dos filiaciones permanecen muy próximas, o incluso comunes en muchos aspectos.
Vemos cómo los donantes de fondos de Arabia y de Qatar han fomentado la emergencia de la organización “Estado islámico” o Daesh con la ayuda de los servicios especiales turcos desde la caída de Bagdad en la primavera de 2003. Desde el desmantelamiento de Irak en 2003, Abu Moussab al Zarqawi fue el primer jefe de esta organización que se instala en el Kurdistán iraquí. Como por azar, esta organización se implanta junto a los servicios israelíes y estadounidenses que permiten prosperar a Abu Moussab Al Zarqawi y sus asesinos… ¡Uno puede preguntarse por qué! Entonces Zarqawi se convertirá en una de las principales amenazas en la región y provocará un cisma entre Al Qaeda y lo que se convertirá en Daesh a partir de 2012-13 que dará lugar a la toma de Mosul en junio de 2014 y la proclamación del Califato el 29 de junio de 2014.
En toda esta evolución, esta reconfiguración rizomática post-Qaeda, se asiste a la aparición de un nuevo tipo de terrorismo con la organización “Estado islámico”. Arabia Saudita tiene una responsabilidad, como Qatar, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, los donantes de fondos egipcios y los servicios especiales israelíes, turcos y de EEUU especialmente. Por lo tanto, está claro que acusar simplemente a Qatar no significa adoptar una actitud pertinente ni responsable.
Precisamente, ¿cree usted que la reciente ruptura de lazos diplomáticos entre Qatar y sus países vecinos podría ayudar a desbloquear algunos conflictos en la región?
No, no desbloqueará nada en absoluto. Esta acusación internacional es un maquillaje que fue inspirado en gran parte por el Pentágono con el fin de limpiar y blanquear a Arabia Saudita. Yo estaba en Teherán el 19 de mayo, el día de la elección presidencial iraní, que fue una elección democrática ejemplar para muchos países, con la elección de Hassan Rohani, con el 60% de los votos de un electorado del que había votado el 70%, lo que sigue siendo bastante único en esta región. Está claro que nunca hay elecciones democráticas ni en Arabia Saudita, ni en Qatar, ni en Kuwait ni en otros lugares de la región …
Pues bien, el día después de esta elección presidencial iraní, que reconocía el presidente Hassan Rohani, Donald Trump estaba en Riad, junto con el rey Salman de Arabia que había convocado una cumbre de una cincuentena de países sunitas con 37 jefes de gobierno y representantes de esos países. El presidente estadounidense aprovechó la oportunidad para declarar una alianza sunita contra Irán. ¡Incluso acusó a Irán de apoyar el terrorismo!
Es cierto que Irán tiene acuerdos estratégicos y militares conocidos con Rusia, Siria y el Hezbollah libanés y, por lo tanto, defiende sus intereses y una visión geopolítica del Próximo y Medio Oriente que no es la de Washington y Tel Aviv . Es la razón por la cual -y desde Riad- Donald Trump decreta que se debe cercar a Irán, o declararle la guerra … Algunos de sus consejeros hasta le dijeron que se le fue la cosa de las manos, porque declarar eso desde Riad, que todavía sigue siendo el epicentro del terrorismo, “es un poco paradójico, si no francamente contradictorio…”.
¿Cómo definiría entonces la declaración de lucha contra el terrorismo realizada por Donald Trump en su reciente visita a Arabia Saudita?
Es una operación de pura comunicación montada por el Consejo de Cooperación del Golfo para aislar a Qatar. Es propaganda para blanquear y excusar el hecho de que Donald Trump sigue vendiendo miles de millones de armas a Arabia Saudita, que al mismo tiempo invierte miles de millones en los EEUU para comprar su apoyo. El círculo completo. Este círculo, que no es virtuoso, sino puramente empresarial, requeriría ser explicado un poco. En este asunto, Washington ha tratado principalmente de disculpar a Arabia Saudita de cualquier vínculo con la financiación del terrorismo.
Hoy, sin embargo, ¿quien continúa comprando mercenarios chechenos, chinos, europeos y africanos que participan en Siria e Irak, si no es Arabia Saudita? Es cierto que Qatar está ayudando a los jihadistas del África subsahariana, en particular en Libia y otros países de la región. Pero Arabia Saudita no es más virtuosa que Qatar en estas operaciones. Y el hecho de que una serie de estados árabes rompan sus relaciones diplomáticas con Doha no va a ayudar desde luego a encontrar una solución o a mejorar la situación de las guerras civiles-mundiales en Siria, Irak, Yemen, Bahrein o en las crisis de la franja del Sahel-Sahara, por no hablar de las redes durmientes de los países europeos, empezando por Gran Bretaña, Francia, Alemania y Bélgica.
Quisiera insistir sobre Bahrein, donde hay una situación extremadamente dramática de la que nadie habla por razones, aquí también, de interés financiero. Bahrein es casi un estado saudí, vinculado a Arabia Saudita por un puente y una autopista, y donde los movimientos de la población mayoritariamente chiíta son reprimidos de forma sangrienta: detenciones masivas y torturas se llevan a cabo de forma rutinaria por el ejército saudí, con la ayuda de los servicios especiales de Estados Unidos. En Bahrein se encuentra instalado el alto mando de la Quinta Flota de EEUU.
En “Terrorismo, la faz oscura de la globalización”, usted indica algunas pistas de acción para frenar la preocupante evolución actual. ¿Podría volver sobre ello?
Volvemos siempre a algo absolutamente esencial. En los días siguientes al 11 de septiembre de 2001, tuve la oportunidad de acompañar al ministro francés de Exteriores en aquel momento -Hubert Védrine- a la Asamblea General de las Naciones Unidas, que había sido aplazada en noviembre a causa de los atentados.
Hubert Védrine hizo un discurso-acontecimiento que no gusto mucho a los americanos, porque básicamente dijo: mirad, si queremod luchar eficazmente contra el terrorismo, hay que secar primero su suelo, las redes financieras e ideológicas. Pero en paralelo, debemos intervenir diplomáticamente para tratar de resolver con la política y la diplomacia las crisis del Próximo y Medio Oriente, en primer lugar, el conflicto palestino-israelí …
Es evidente que este conflicto -a pesar de la propaganda de los medios de comunicación occidentales que lo transformaron después del 11 de septiembre de 2001 en un problema estrictamente de seguridad y de lucha antiterrorista- sigue siendo fundamental y vital para el conjunto del mundo árabe-musulman. El conflicto palestino-israelí sigue siendo el epicentro de las crisis, los malentendidos, de los dobles raseros y dobles medidas aplicados a la región.
Trate de explicar a la calle árabe que la OTAN bombardeó Belgrado sin ninguna resolución de la ONU, que los occidentales están llevando a cabo guerras supuestamente “humanitarias” en Afganistán, Irak, Libia y otros países para promover la defensa de los derechos humanos y la democracia, mientras diariamente la soldadesca israelí mata a niños palestinos en los territorios ocupados. Desde 1948, desde la creación de Israel, no ha habido menos de 450 resoluciones del Consejo de Seguridad, la Asamblea General y la Comisión de Derechos Humanos, sin que ni una sola se haya aplicado, excepto parcialmente, la 475, con la retirada de Israel del sur del Líbano en julio de 2000…
No estoy diciendo que eso sea suficiente con resolver de una manera justa y equitativa el conflicto palestino-israelí para erradicar el terrorismo. Pero en cualquier caso, está claro que la gestión y la resolución política y diplomática del conflicto palestino-israelí con el reconocimiento de un estado palestino libre con continuidad territorial y con Jerusalén como su capital, podría mitigar uno de los referentes centrales y simbólicos del terrorismo islamista.
¿Y cuáles son los temas que deben explorarse en el seno mismo de nuestras sociedades?
Después de la resolución del conflicto palestino-israelí y el golpe a los canales internacionales de financiación del terrorismo, los principales proyectos que hay que abrir tienen que ver con las disfunciones internas de nuestras propias sociedades. En este imperativo categórico de rastrear las causas, insisto en el hecho de que no se bombardea una ideología: frente a una ideología radical hay que oponerle contrahistorias y otras grandes narrativas estructurales. Sin entrar a abordar los programas de desradicalización, tenemos que entender por qué tantos jóvenes franceses, alemanes, belgas y británicos se enrolan en las katibas de Daesh en Siria y en Irak.
El origen de esta migración mortífera se explica por las disfunciones de nuestras propias sociedades en los barrios sin ley donde ni siquiera los bomberos no ponen los piés. También pienso en la situación carcelaria en las prisiones, donde los hermanos Kouachi, los autores del atentado de enero de 2015, pudieron conocer a Djamel Beghal que es el franco-argelino situado en lo más alto de la vieja estructura de Al Qaeda … ¡Una total aberración! Como esos pequeños delincuentes que no pusieron nunca un pie en Oriente Medio, que son puros productos de la sociedad británica, han podido radicalizarse así (a menudo en la cárcel) antes de pasar a la acción en el Reino Unido y en otros lugares?
El tercer problema, que nos remonta a nuestras propias carencias, es la escuela, que ya no produce ciudadanos que se integran, sino que al contrario, refuerza y reproduce las lógicas de la marginación social. Y el último nivel, ya hemos hablado de ello, es la prensa, que sigue manteniendo la desconfianza, cuando no son los odios comunitarios, en su prisa y su voluntad de hacer catastrofismo, o de negar los problemas. Por un lado los medios de comunicación transmiten la propaganda de los grupos terroristas y, por otro lado, niegan la realidad y rechazan ver los verdaderos problemas internos en nuestras propias sociedades.
No es sólo la prensa, sino también los barrios, la escuela, las cárceles, los lugares donde se debe trabajar para tratar de modernizar y reactivar el contrato social básico que hace que personas de diferentes orígenes culturales puedan vivir en un mismo país, respondiendo a los mismos deberes y observando las mismas reglas. En definitiva, se trata de trabajar en todas las dimensiones susceptibles de consolidar el pacto republicano y los mecanismos de “convivencia” a expensas de prácticas comunitarias que no son compatibles con la preservación de las libertades civiles y políticas.

Nota
1. Terrorismo, la faz oculta de la globalización. Ediciones Pierre-Guillaume de Roux, noviembre de 2016.
Traducido por Carles Acózar. Relectura por Investig’Action
Fuente: Investig’Action

Derecho & Desigualdad de género Juana Rivas: el Derecho también tiene género

Derecho & Desigualdad de género. Juana Rivas: el Derecho también tiene género. 
http://www.eldiario.es. 
"Lo que nos ha certificado el caso de Juana Rivas es el peso brutal que la visión androcéntrica y machista del Derecho sigue teniendo en la aplicación e interpretación de las normas."

Durante las últimas semanas he seguido con mucha atención, no solo por su importancia social y humana sino también por su complejidad jurídica, el caso de Juana Rivas. He constatado cómo en las redes sociales todas y todos nos convertíamos en apenas horas en expertos juristas, sin tener más conocimiento de los procedimientos en curso que lo que nos llegaba a través de las medios de comunicación y de los ecos, con frecuencia tan poco fundados, de quienes en Twitter o Facebook parecían tener más claro que nadie cuándo es posible interponer un recurso de amparo o de qué manera se debe actuar judicialmente para proteger los intereses de un menor.

Todo ello en muchos casos con un nivel de vehemencia que parecía, cualquiera que fuera la posición que se estuviera defendiendo, que en Derecho no fueran posibles las divergencias, cuando la primera lección que yo le enseño a mi alumnado es que en el ámbito jurídico dos y dos casi nunca suman cuatro. No voy a entrar por lo tanto a valorar aspectos concretos de las dos líneas procesales abiertas en el caso, la penal y la civil, para lo que, insisto, me faltaría manejar la que supongo prolija documentación que se ha generado en los últimos meses.

No puedo más que adherirme al sensato y bien argumentado documento que hace unos días hizo pública la Asociación de Mujeres Juezas de España. Simplemente me voy a limitar a subrayar algunas de las sombras que ha puesto al descubierto el drama de Juana Rivas, justo además cuando nuestros representantes acaban de firmar un rimbombante pacto de Estado contra la violencia de género que, como ya puse de manifiesto hace unas semanas, me parece un documento formalmente muy valioso pero del que dudo de su eficacia real.

Desde mi punto de vista, el caso de Juana Rivas ha venido a subrayar, otorgándoles una atención mediática que no han tenido otros muchos supuestos casos de madres que han vivido situaciones similares, dos factores que hoy por hoy continúan siendo grandes lastres para la urgente necesidad de acabar con una lacra que pone en duda que nos podamos calificar como sociedad democrática.

De una parte, es evidente, pese a que el laberinto judicial a veces no nos deja ver bien las realidades últimas, que nuestros mecanismos procesales, y por supuesto los meramente preventivos, necesitan de reformas legislativas que los hagan más eficaces, además de una correlativa dotación de recursos que hagan posible en cualquier circunstancia la protección de las y los más vulnerables. En este sentido, también creo que ha llegado el momento de replantearse determinados instrumentos internacionales, como el tan citado Convenio de La Haya, que me da la impresión que resulta poco eficaz cuando hay que afrontar un asunto tan dramático como el de los hijos de Juana.

De otra parte, e incluso creo que este factor habría de ser el de atención prioritaria por parte de todas las instancias públicas, lo que nos ha certificado el caso de Juana Rivas es el peso brutal que la visión androcéntrica y machista del Derecho sigue teniendo en la aplicación e interpretación de las normas. Es decir, nuestros jueces y tribunales, como también una gran mayoría de abogados y de abogadas, y no digamos el Ministerio Fiscal, continúan haciendo oídos sordos al mandato establecido por la LO 3/2007 según la cual todos los poderes públicos deben aplicar en sus actuaciones la perspectiva de género.

Una perspectiva que, por lo tanto, habría de estar de manera principal y no solo transversal –ese es el sentido del mainstreaming de género– en la actuación de todos los operadores jurídicos. Una obligación que implica tener presentes:

a) las relaciones de poder asimétricas que se dan entre hombres y mujeres, y que tiene unas singulares manifestaciones en el ámbito de las relaciones familiares y afectivas;

b) la extrema vulnerabilidad de las mujeres, y con ellas de los menores de edad, que se hallan en una posición de subordiscriminación que hace que carezcan de equivalentes recursos para actuar con autonomía y, por lo tanto, con auténtica libertad.

Mientras que en este país no nos tomemos la igualdad de género en serio, también en las Facultades de Derecho, en la formación de todos los operadores jurídicos y en general de todos los profesionales que intervienen directa o indirectamente en la protección y atención de las mujeres maltratadas y de sus hijos, nos vamos a seguir encontrando con casos como el de Juana.

Porque no basta con tener leyes que efectivamente protejan a los y a las más vulnerables, sino que es preciso incorporar a las pautas de interpretación del Derecho una dimensión, la del género, sin la que es imposible garantizar los derechos de quienes se hallan en posición de subordinación.

Porque, insisto, las leyes, por más perfectas que nos creamos que son, siempre son objeto de interpretaciones varias, necesitan de aplicadores que las moldean en función de los casos concretos, y en esos procesos es donde necesitamos mujeres y hombres que sean capaces de mirar más allá de la letra de la ley y, por tanto, de hacer reales valores constitucionales como la igualdad o la justicia. Una justicia que, de momento, sigue dando buenas muestras de continuar respondiendo mayoritariamente a los dictados del patriarca que es el que sigue dominando los púlpitos y las puñetas.

Mientras que el mundo del Derecho, tan reaccionario, tan cómplice del orden patriarcal, tan liberal, no sufra una transformación que permita al fin descoser lo que los varones hemos tejido durante siglos, mucho me temo que seguirá habiendo mujeres como Juana que se verán obligadas a desafiar la ley. Es nuestra responsabilidad por lo tanto evitar que esto suceda garantizando que ninguna de ellas se sienta más perdida que protegida ante un sistema que en muchos casos no hace sino multiplicar su proceso de victimización.




Sobre el autor:

Octavio Salazar es Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba, investigador especializado en igualdad de género y nuevas masculinidades. Autor, entre otros, de los libros 'Masculinidades y ciudadanía. Los hombres también tenemos género' (Dykinson, 2013) y 'Autonomía, género y diversidad: itinerarios feministas para una democracia intercultural'

Fuente:http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Juana-Rivas-derecho-genero_6_679342071.html

¿Qué es la economía?

¿Qué es la economía?

La economía es todo menos una ciencia racional. Y no es una ciencia por dos razones fundamentales, En primer lugar porque el capitalismo no es homogéneo ni en el tiempo, ni en el espacio, lo que impide definirlo bajo ninguna ley universal. Y en segundo lugar porque su doctrina hegemónica tiene tantos misterios como la religión. 
Así pues, los sacerdotes de ayer son los expertos de hoy, y tanto los ancestros, como sus hijos hablan del “motor” que mueve el mundo. Los antiguos creían en Dios, los expertos de hoy creen en TINA; las iniciales del acrónimo thatcheriano «There is no alternative» (No hay alternativa). Políticos y economistas reclaman hoy lo mismo que los curas medievales exigían a la feligresía cristiana y a los incrédulos de todo tipo; amar a Dios sin entenderle. Amar a TINA sin límite.
El misterio fue la clave de toda la larga Edad Media, y durante siglos la humanidad occidental amó a Dios bien porque no le entendía (tesis de los jesuitas; con su lema del fin que justifica los medios), o justo porque era imposible entenderlo (tesis de los cristianos fundamentalistas, con su metáfora del pastor que guía a sus ovejas leales)
Sin embargo en el siglo XXI la economía está en crisis porque al igual que sucedió con el cristianismo en el siglo XVIII, la crisis actual aflora la economía más como un misterio retórico (postular la incapacidad colectiva) que como una doctrina del misterio (postular el austericidio sin alternativa).
Los expertos explican siempre las crisis como efectos de la economía, y sus causas son siempre superficiales y jurídicas, con lo que toda crisis se salda con el establecimiento de la culpa en el chivo expiatorio. Nunca se diagnostica cáncer, sino una reacción alérgica. Nunca se cuestiona el núcleo de sus fundamentos. TINA es sagrada.

TINA y el ciudadano obsolescente que no suda
No obstante, la feligresía del mítico Estado del Bienestar concibe ya la economía como el imperio de una distinguida y colosal glosolaila donde todo el mundo converge sobre la inminencia de la gran crisis final del mundo civilizado; bien por explosión de la superburbuja global, bien por la revolución de las desigualdades, bien por la caída de las ganancias.
Es decir que la “economía” de hoy además de ser una criatura misteriosa y hostil que justifica guerras y robotiza los trabajos, amenaza ahora con implosionar de forma inminente porque su metabolismo no solo está devastando el planeta, sino que también está modificando al propio sujeto social mediante algoritmos y tecnologías que transforman la clásica figura del burgués autónomo y libertino en un sujeto obsolescente de actividad subsidiada con panes sin sudores de frente. Toda una herencia antropológica del viejo mundo que el nuevo parece querer conservar rindiéndole culto con el formol de un presente permanentemente indefinido.

La verdad de la curva del más acá bidimensional
Así pues, mientras que la religión hacía de la simbología eclesiástica y de la imaginería santoral el deleite de la feligresía beata medieval transmitiéndole eficazmente las eternas noticias doctrinales del mundo del más allá, la economía de hoy hace de la curva estocástica la verdad absoluta del nuevo mundo de los dos ejes XY del más acá bidimensional. Un mundo volátil, sin forma constante, compuesto sólo de categorías que se realizan cuando se cruzan al vuelo.
Permanentemente se publican tratados de expertos que afloran las curvas que recristalizan todas las percepciones ocultas de la realidad subyacente; el PIB contra deuda, las exportaciones contra las importaciones, la balanza de pagos, el índice de GINI, etc.
Se trata de realidades super objetivas que el político y el economista describen con un nutrido arte de preciosismo conceptual, hermetismo técnico y oblicuidad gráfica; “deuda”, “cinturón”, “austericidio” “expansión cuantitativa”, etc. son tan solo otros pocos ejemplos de esta doctrina retórica.

El misterio de “el valor”
Pero esto sólo son manifestaciones de la superficie. En cuanto a los misterios sobre los que se funda esta doctrina subsiste todavía con pleno vigor el enigma de “el valor” como sustancia objetiva de toda mercancía (1). Un misterio que alumbró la reforma marxista, pero que desarrolló en todo su esplendor quimérico la contrarreforma neoliberal del siglo XX.
Así Marx, buscando identificar esa sustancia mística la concibe como la cantidad de trabajo que encierra la producción de toda mercancía y los capitalistas contentos del hallazgo añaden a las mercancías sus propias plusvalías de costumbre.
La plusvalía no fue un proceso claro de mercaderes innovadores, sino que fue un secreto mantenido discretamente en el gremio mercantil hasta que los más ricos descubrieron en el siglo XVIII que para la captación de liquidez la mercancía era una rémora de costumbres primitivas.
Desde la más remota antigüedad, los mercados funcionaban adaptando los precios a la cantidad de dinero disponible en la plaza mediante un proceso de tanteo por regateo. Es decir la mercancía siempre ha sido un objeto de seducción manifiestamente neutral y no tenía más valor que aquel que el mercader podía obtener con sus trapicheos.

El valor del dinero como mercancía
Fue entonces cuando empezaron a experimentar con el dinero como mercancía desarrollando a escala el préstamo a interés. La alegría cundió entre los pobres amigos de los ricos que prestaron –en confianza–, expandiendo el comercio en cascada hasta los pueblos más recónditos de Occidente.
Hasta el siglo XVIII el dinero era algo oficialmente estéril y reclamar abiertamente una plusvalía por un dinero prestado era considerado como “usura”. Idea aberrante que la propia Iglesia condenaba con todas sus fuerzas hasta que los jesuitas adaptaron el cristianismo a la revolución burguesa que se estaba cociendo en Francia mediante su conocida doctrina del fin que justifica los medios. En este caso el fin es la riqueza y los medios son todos aquellos con los que se verifica el negocio en confianza. Es decir la desigualdad aceptada entre acreedor y deudor.

El mito del valor como sustancia de la economía
Luego los progresistas del siglo XIX y XX dedicaron sus mejores esfuerzos a pelear el mito del valor como sustancia de la mercancía. Los colectivistas antiburgueses abogaban por la socialización de los medios de producción del valor y los burgueses racionales abogaban por la redistribución fiscal de los excesos de ganancias en orden a conservar al principio de igualdad ciudadana del Estado del Bienestar.
Mientras tanto los capitalistas desarrollaron en paralelo la desigualdad como principio motor de la economía enfatizando la creación burguesa del individuo autónomo y libre de toda atadura, sea de origen  divino o colectivo. La iniciativa individual no debe restringirse con normas, y el Estado ha de ser mínimo.
Las viejas desigualdades de hecho se lograron revestir de desigualdades de derecho mediante la doctrina del mérito individual y la retórica de la igualdad de oportunidades. Una igualdad quimérica que no sólo invisibilizaba los abolengos de cuna, sino que además culpabilizaba al desigual desgraciado como concreto individual –“producto defectuoso”–, de la naturaleza. ¡Se es pobre por naturaleza!
Consecuentemente el Darwinismo había saltado ya de la naturaleza a la metrópoli, y en el mundo secularizado del siglo XX los neoliberales sistematizaron la vieja frase de Hobbes del siglo XVII; “Homo homini lupus est” (el hombre es el lobo del hombre), y Wall Street se convirtió en el nuevo Vaticano del orden económico tras el derrumbe estrepitoso del Kremlin.

¿Qué es la economía?
Responder a esta pregunta desde la retórica ortodoxa es morir en el intento de desvelar sus cuantiosos misterios de naturaleza irracional toda vez que el fundamento del valor intrínseco de la mercancía es materia de fe incluso visto desde la perspectiva de la utilidad (2).
La ecuación básica de la transacción mercantil ya no es M–D–M (Mercancía–Dinero–Mercancía), sino esta otra; D–M–D (Dinero–Mercancía–Dinero) (3). Siempre lo fue, pero desde que el dinero es una mercancía, la primera ecuación es un atrapador de sueños emancipatorios.
Los progresistas ignoran lo obvio; que el productor busca liquidez comprando trabajo D–W–D (Dinero–Trabajo (W)–Dinero); que el comerciante busca liquidez mediante su propia liquidez D–M–D (Dinero–Mercancía–Dinero); que el consumidor busca liquidez mediante trabajo para comprar producto W–D–M (Trabajo–Dinero–Mercancía); que el financiero busca liquidez con deuda; D–X–D (Dinero–Deuda (X)–Dinero); y que el Estado busca liquidez mermando la liquidez de sus ciudadanos mediante impuestos.
De momento digamos que la liquidez (4) señala un concepto complejo toda vez que hay que apreciarlo fuera de la teoría del valor ya que carece de núcleo sustancial, lo que invalida su configuración a partir de una posible estructura interna de valías y plusvalías totalmente irrelevante. Aquí el concepto de liquidez define dinero como elemento de poder.
Consecuentemente el dinero es aquí un cuantificador de poder y actúa organizando la sociedad desde un modelo taxonómico que estructura a los individuos por tramos de liquidez. El hombre moderno ya no se puede definir como un ser social, ni siquiera como un miembro del cuerpo místico de Cristo. Por primera vez en la historia de la humanidad aparece la figura de un ser relativamente aislado del colectivo humano, relacionado tan sólo por nómina con su empresa, por fiscalidad con el Estado y por consumo con el resto.
La democracia es otro misterio más de la economía, lo mismo que el Estado de Derecho fundado en un ordenamiento jurídico que pone al Estado al servicio de TINA mediante el Estado de Conveniencia del poder dominante.
La falacia de la doctrina económica vigente se muestra en sus propios fundamentos psudocientíficos llenos de penumbras y paradojas dirigidas a establecer la economía como una ley objetiva de la naturaleza y no como una doctrina arbitraria de la oligarquía dominante.
En realidad la situación actual podría caracterizarse como la contrarreforma a la Revolución Francesa de lema oficial; «Liberté, Égalité, Fraternité», ya que la crisis actual ha puesto sobre la mesa al dios  neoliberal conocido por el acrónimo thatcheriano «There is no alternative», (TINA) donde el «austericidio» ha dejado bien claro el nuevo lema del siglo XXI: “Sumisión, Desigualdad, Hostilidad.”
Si se acepta que el dinero es poder, entonces la economía no es otra cosa que “el derecho”, es decir; el ordenamiento jurídico. Y ahí si que hay alternativa. Sólo bastaría con cambiar el derecho mercantil, el derecho financiero, el código penal, la ley del IVA, el derecho laboral etc, etc.


NOTAS:(1) La “hipótesis sustancialista” tiende a “naturalizar” las relaciones comerciales porque da prioridad a los objetos dotándolos de un valor intrínseco que reduce a un segundo plano las voluntades de los agentes que realizan la transacción. Bajo esta hipótesis los agentes no influyen en los precios pues se supone una racionalidad objetiva paramétrica, no estratégica, donde el regateo está mal visto, ya que la transacción comercial se describe como un ideal automático; sin trapicheos, ni negociación posible.
(2) En la versión neoclásica de la doctrina económica de León Walras, las mercancías tienen un valor objetivo e independiente de las interacciones del mercado, siendo que la voluntad del comprador se dirige por su “cálculo de la utilidad”, una característica intrínseca de los bienes y externa al consumidor. Por el contrario, en la teoría marxista el valor de la mercancía viene determinado por el trabajo de su producción, que es el núcleo determinante de la relación de intercambio. Bajo la óptica marxista la tensión entre la oferta y la demanda fija el precio final. Pero este precio señala la desviación con relación al valor (trabajo) de la mercancía. Valor que asimismo se define como el centro de gravedad en torno al cual han de girar los precios del mercado.
(3) Aglietta, M. y A. Orléan. La violencia de la moneda, México, D. F., Siglo XXI, 1990, pág. 77–78
(4) Un determinado  concepto de liquidez es desarrollado por André Orléan, en L’empire de la valeur. Refonder l’économie, París, Éditions du Seuil, 2011. No obstante para Orléan el concepto de liquidez va asociado a la utilidad del dinero, ocupando el dinero un lugar central en su concepción de valor. La “hipótesis mimética” de Orléans otorga al dinero una naturaleza institucional de relación social basada en la confianza, la representación colectiva y las expectativas. Algo que difiere significativamente de la interpretación que se sugiere en este texto de “liquidez” como cuantificador de poder.
© 170824 PACO MUÑOZ 

¿Qué es el trabajo?

¿Qué es el trabajo?

¿Cómo es posible la sociedad actual? Algunos de los pensadores de la izquierda francesa no abducida todavía por el espíritu Macron, gustan de responder a esta pregunta con el triunfo del nihilismo asumiendo como tendencia real la negación de toda creencia o principio moral, religioso, político o social.
Los nihilistas sostienen la imposibilidad del conocimiento, y en buena ilógica abogan por la abolición de la filosofía en los templos del desconocimiento universitario español. Sin conocimiento difícilmente puede valorarse nada. Mucho menos justificar algo. Como mucho se puede aspirar a la construcción de arquitecturas «lego» (el famoso juguete bric de construcción) a base de piezas estándar ya pre–definidas por los medios de comunicación y expertos en nómina.
¡Eppur si muove!
Sin embargo hay preguntas cuyas respuestas estándar tan sólo revelan las profundas lagunas del misterioso puzzle que componen. Por ejemplo; ¿Cómo es posible el alto índice de desempleo, precariedad y pobreza en España, bajo un régimen político democrático? ¿Es que los empleados “activos” en España toleran plácidamente la inactividad de los desempleados porque son innecesarios y superfluos en el conjunto social? ¡Eppur si muove! (y sin embargo se mueve) como ya abjuró Galileo ante el Santo Oficio allá por 1616.
El miedo compartido
¿Qué es una sociedad neoliberal? Es otra pregunta paradójica en pleno siglo XXI toda vez que resulta misterioso que sea el miedo compartido el único valor capaz de concitar la gran manifestación de Barcelona y no exista en España ningún otro valor social que indique con claridad la existencia de ningún otro factor que de sentido positivo a la cohesión social.
Para los antiguos griegos la cohesión social era el fundamento constitutivo de la ciudad, y su modelo se correspondía con la experiencia de la nave marina donde la ciudadanía se articula como en un barco remando cada uno dentro del todo social. La sociedad es un barco donde todos cumplen una función. El modelo era la «sociedad–NAVE»
Con el Imperio Romano el barco encalló y se hundió en la noche de los tiempos surgiendo en su lugar el modelo agrario de la propiedad privada y la sociedad jerarquizada. Modelo que tuvo su mayor desarrollo con el Dios cristiano y la doctrina de la expiación de los pecados para el logro de la vida eterna.
La jerarquización y el divino orden
La jerarquización dio lugar a la lógica taxonómica del Siglo XVII con la identificación precisa de 22 clases y 569 rangos ya en 1695. Clasificación que no se hace en función de criterios cuantitativos de riqueza, sino en base a cuatro factores de importancia decreciente; dignidad, poder, fortuna y consideración. (1) La mayoría pobre quedaba excluida de este orden estamental de la sociedad.
Complementariamente el Dios del orden cristiano justificaba el trabajo como un proceso individual de expiación del pecado original común al género humano. Razón por la que la Iglesia postuló fervientemente que el verdadero sentido del trabajo nunca reside en el resultado, sino que el esfuerzo y la fatiga eran la pena terrenal que el plan divino para la salvación había dispuesto para el acceso a la vida del más allá.
Sin embargo parte de la creciente burguesía cristiana tomó nota de la reforma protestante y fue desplazando la valoración expiatoria del trabajo al valor positivo de sus resultados, presentándolo como un factor constructivo del todo social que da sentido a la vida individual.
La utopía del pleno empleo
Bajo esta fórmula liviana fueron emergiendo trazas de la vieja idea griega de la «ciudad–NAVE» gobernada por un lazo armónico de integración ciudadana y que en el siglo XX asumió la figura política del «Pleno Empleo» en la utopía de la sociedad ocupada.
Con la creación de la nación, el territorio patrio se convirtió en una especie de “Parque Natural” de especies más o menos protegidas con privilegio de los humanos que bien producían riquezas sufriendo fatigas en las entrañas de una mina de carbón, bien las administraban desde tediosas oficinas, o bien se dedicaban a variadas ocupaciones regulares bajo una postura moral de deber cumplido.
Fue dentro de este contexto laico que el plan divino de salvación cedió paso al principio de la ocupación productiva como fundamento de las políticas de progreso y desarrollo civilizatorio.
La revolución burguesa pasó del mercantilismo del siglo XVII al milagro industrial del siglo XVIII y ya en el siglo XIX inventó el motor de la sociedad ocupada bajo el concepto político de la utilidad de las clases.
La sociedad motor de utilidades
Muy distantes ya de los griegos del siglo V antes de Cristo y de su «sociedad–NAVE», Occidente evolucionó de la sociedad jerarquizada –amante de identidades y propiedades–, para desembocar en pleno siglo XX en la «sociedad–MOTOR» de utilidades, y amante de productividades y concentración de rentas.
Paralelamente pasamos de la idea de trabajo como vía crucis terrenal, inherente al destino de cada persona, a la idea de «servicio corporativo» desvinculado de la vida individual del ciudadano, y de la sociedad como conjunto.
El tránsito entre el «vía crucis» y «la corporación» no ha sido directo sino que desemboca tras un largo camino pedregoso donde el concepto de «trabajo» como esfuerzo fue evolucionando al concepto de «ocupación» como dedicación.
Sin tener en cuenta las desviaciones propias de la creatividad y picaresca humana, y factores tales como las oscilaciones demográficas, los conflictos armados, etc. podemos ver grosso modo que en los territorios de la fatiga se tendía a valorar «la fuerza», mientras que en los frondosos valles de la “ocupación” la tendencia gira en torno a la valoración del tiempo y el “conocimiento” –versión láica del estatus y la dignidad–, además de la productividad.
Ocupación, desocupación y el Digital Workplace
En la actualidad la «ocupación» es un concepto en crisis por el continuo aumento de su valor complementario –«la desocupación»–, debido al desarrollo tecnológico y a su fuerte amenaza de automatización de los procesos corporativos de producción y administración, de tal forma que al “estado mínimo” neoliberal hay que sumar ahora la «corporación mínima» con lo que se denomina «Digital Workplace». Un centro de trabajo sin localización física que va ya en el bolsillo del «ocupado», acompañado de su sombra corporativa; «Cloud Computing» y «Big Data».
Desde una perspectiva histórica el primer cuarto del siglo XXI está revelando dos procesos aparentemente contradictorios, con ciertos trazos paralelos. De un lado Thomas Pikettydenunció en su comentado libro «El Capital del Siglo XXI» la enorme concentración del capital. Concentración que viene a confirmar toda la literatura de los keynesianos, encabezados por el premio Nobel Joseph E. Stiglitz (2), que en los últimos diez años vienen constatando un perverso incremento de los niveles de desigualdad tanto a nivel global, como nacional.
El empleo inestable
Por otro lado los niveles de precariedad laboral y el desempleo están adquiriendo mayor relevancia que los niveles de empleo claramente percibidos como inestables en un entorno de desarrollo fuertemente cuestionado.
Una reciente noticia publicada el 30 de agosto 2017 en Público.es (3) cuestiona el propio concepto de empleo ya que la noticia revela el llamativo dato oficial de los registros del Instituto Nacional de Estadística (INE) por el se constata que más del 90% de las nuevas empresas constituidas en España durante el periodo 2014 a 2017 son corporaciones sin trabajadores.
Más adelante la misma noticia daba cuenta de una gran volatilidad en la categoría de los nuevos autónomos ya que “no se están asentando”.
En este sentido adquiere suma relevancia la iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), poniendo en marcha el pasado día 21 de agosto de la denominada Comisión Mundial de alto nivel sobre el Futuro del Trabajo. (4)
Se trata –dice la nota de prensa de la OIT–, de; “un órgano global que deberá emprender un examen exhaustivo sobre el futuro del trabajo que proporcione una base analítica para la implementación de la justicia social en el siglo XXI. La Comisión se centrará específicamente en la relación entre el trabajo y la sociedad, el desafío de crear empleos decentes para todos, la organización del trabajo y de la producción, y la gobernanza del trabajo.”
Siendo importante la iniciativa, tan sólo aborda las circunstancias del “trabajo”, dejando en el trasfondo de la oscuridad el fenómeno de la “des–ocupación” y la cuestión de su integración en el “todo social.” Un problema que se multiplica considerablemente cuando se corre el velo y se integra a la mujer como ciudadana de plenos –e iguales–, derechos en el conjunto social–laboral.
El sujeto positivo y el sujeto pasivo
En la sociedad actual el trabajo parece ser un medio de vida subjetivo. Es decir; del sujeto ocupado. El sujeto positivo.
Por el contrario el trabajo no puede explicarse ya ni como una expiación de los pecados, ni como una aportación al conjunto social, ni siquiera como una ocupación, o entretenimiento. Con el trabajo se paga impuestos, se adquieren productos y servicios, y se determina el estatus y la dignidad social. Eso que en términos jurídicos se denomina también como “derechos”.
Los desocupados –hombres y mujeres– conforman el conjunto de sujetos pasivos cuya pertenencia al conjunto social está en permanente zona de grises. Ni contribuyen a la contabilidad nacional, ya que no pagan los impuestos que deberían, ni adquieren productos y servicios debido a su pobreza, ni mantienen dignidad suficiente.
Son excluidos no sólo por el sistema capitalista, sino también por las instituciones del Estado, y también por sus vecinos «ocupados» con mejor fortuna.
La desigualdad y el choque de trenes
La desigualdad es el terreno donde parece que se va a producir el choque de los dos trenes que ya hemos descrito anteriormente; el tren del capital y el tren de los excluidos.
Sin embargo hay también otro escenario en el que aumenta la tensión de forma considerable ya que la independencia de los Bancos Centrales es un artilugio que sólo ampara la especulación sistémica de la banca.
La aparente resolución de la crisis actual mediante la masiva creación de dinero por el BCE –la denominada Expansión Cuantitativa–, para la compra de deuda pública y deuda interbancaria ha provocado de hecho una grave situación contradictoria, toda vez que dinero y deuda pública son ya tan inseparables que ha desaparecido la base que justificaba la independencia de los Bancos Centrales.
Austericidio y harakiri. El surgimiento de un nuevo orden.
Siendo esto una insólita incongruencia técnica, la monumental paradoja puede descubrirse ya en el campo político toda vez que el austericidio ha desembocado en un autentico harakiride las democracias de la Unión Europea con el alumbramiento histórico de un nuevo sistema político híbrido entre una débil democracia legislativa y un acusado cesarismo económico articulado por una gobernanza jerarquizada de estructura piramidal y en cuya cúspide está el Presidente del Banco Central Europeo y el nuevo orden senatorial de los cónsules y pretores bancarios.
Sin embargo es en la base de esta estructura piramidal de gobernanza jerarquizada donde afloran los pies de barro de esta creación del Siglo XXI toda vez que la sociedad del trabajo no puede vivir en un mundo de incertidumbre financiera, de carácter improductivo, ocupación menguante y ciclos económicos especulativos.
En el caso español es manifiesto que la riqueza se ha desplazado del sector productivo al sector servicios, y el modelo de desarrollo que la derecha española parece proteger –pues ni siquiera lo manifiesta explícitamente–, es la España de los camareros en una sociedad de chiringuitos.
La decadencia de Occidente y la emergencia de Asia oriental
Consecuentemente, en Europa, nuestro concepto de sociedad, al igual que nuestro propio concepto de ser humano, se encuentra en la crisis inversa del siglo XVIII donde la Iglesia y el orden divino fue fuertemente cuestionado por la revolución burguesa.
En el siglo XXI es la revolución burguesa europea la que muestra evidentes signos de agotamiento; sin orden social, sin orden económico, y sin orden moral. Agotamiento que se produce en el contexto de on un Occidente en clara decadencia y un Oriente asiático en fuerte emergencia (5).
En el siglo XVIII la ilustración fue un movimiento de preguntas que disolvían los misterios del orden divino. En el siglo XXI la nueva “ilustración” ha de plantearse con preguntas que disuelvan el orden burgués de un capitalismo perdido.
Consecuentemente la izquierda europea tiene que renovar profundamente su pensamiento emancipatorio toda vez que durante el siglo XX la izquierda se ha fundado en los mismos valores de base que la doctrina burguesa formuló en la Revolución Francesa y luego manipuló y tergiversó ampliamente desde Napoleón a Trump (6).
©170831 PACO MUÑOZ
(1).- François BLUCHE, Jean-François SOLNON. La véritable hiérarchie sociale de l'ancienne France : Le tarif de la première capitation (1695) Genève. Droz, 1983.
(2).- JOSEPH E. STIGLITZ La Gran Brecha Ediciones Tauro, 2015
(3).- http://www.publico.es/economia/espana-bate-propio-record-empresas-trabajadores.html
(4).- http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_570691/lang--es/index.htm
(5).- MICHAEL SPENCE; La nueva potencia reguladora de la economía global, 29 de agosto 2017
https://www.project-syndicate.org/commentary/china-in-the-global-economy-by-michael-spence-2017-08/spanish

(6).- Francisco Muñoz; ¿Qué es la economía?, Rebelión 26 de agosto 2017, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230719, y Karl Marx y Wall Street. Fin del imaginario emancipatorio, Rebelión 28 de julio de 2017; http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229613
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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Los EEUU luchabndo por la "democracia" en venezuela