viernes, 24 de abril de 2026

Bloqueo petrolero: Cuba no está sola (Primavera 2026

Entrevistas

 

Tema central: bloqueo energético

¿Cómo en Cuba hemos podido resistir?

De bloqueo a asfixia: La guerra de EE. UU. contra Cuba entra en su fase más brutal

Ante una Cuba a oscuras, encendamos las conciencias

“Dejen vivir a Cuba”, exigen a Trump artistas e intelectuales de todo el mundo 

Cuba aumenta en un año el 350 % la producción de energía renovable

El boicot de EE. UU. a las misiones médicas cubanas pone en peligro la atención sanitaria en los países en desarrollo

 

Lecciones de manipulación

Equidistancia cómplice del genocidio contra el pueblo cubano

Falacias contra Cuba… en “Proceso”

Agencia EFE: “expertos independientes” para legitimar el bloqueo contra Cuba

Huracán Melissa, cero muertes en Cuba: los porqués del silencio

Silvio y un mar de jóvenes contra todas las falacias

Trabajo en cárceles de EEUU a beneficio de multinacionales: ¿dónde está Prisoners Defenders?

 

Doble Rasero

Libertad política, artística, económica y académica: Cuba y EEUU

La libertad de prensa secuestrada… y no en Cuba

 

Editorial: Energía para Cuba: romper el cerco imperial

La realidad que hoy vive Cuba no es fruto de un destino adverso ni del supuesto “fracaso del modelo cubano”, como repiten hasta la saciedad los medios corporativos, repitiendo, en diferentes tonos, el mensaje de la Casa Blanca. Es, simple y llanamente, el resultado de una guerra económica implacable, diseñada desde Washington con un objetivo claro: asfixiar a un pueblo hasta doblegar su voluntad de resistencia.

Los datos son elocuentes y dolorosos. Hospitales y farmacias apenas cuentan con un tercio de los medicamentos del cuadro básico. Más de 96 mil personas esperan una cirugía no vital —11 mil de ellas niños y niñas— por falta de insumos, algo inédito en la Isla. Las incubadoras, los quirófanos y las máquinas de diálisis quedan a merced de una inestabilidad energética que provoca apagones de hasta 20 horas diarias en muchas regiones. Sin electricidad, tampoco hay agua: miles de personas pasan días sin el suministro. El transporte público es casi inexistente, la basura se acumula en las grandes ciudades, la pobreza aumenta, la mendicidad —antes marginal— se hace visible, y la vida cultural y educativa se resiente dramáticamente.

¿Qué ha causado todo esto? No un error interno, sino una guerra no convencional con dos frentes: el económico y el comunicacional. El bloqueo tradicional de seis décadas —reforzado con casi 250 sanciones desde la administración Trump— se ha vuelto aún más cruel con el reciente bloqueo petrolero. Desde diciembre, tras el ataque a Venezuela y el acoso naval, no llega a Cuba ni un barril de petróleo venezolano. Y la orden ejecutiva del 29 de enero, que califica a Cuba como “amenaza inusual y extraordinaria”, amenaza con sancionar a cualquier país que venda o transporte energía a la isla. Solo Rusia, con envíos humanitarios de crudo, ha roto este cerco. Pero es insuficiente.

A todo ello se suma la inclusión de Cuba en la arbitraria lista de “países patrocinadores del terrorismo”, un estigma que impide transferencias y créditos y ahuyenta el turismo europeo, debido a sanciones específicas de EE.UU. a quien visite la Isla. Las presiones extraterritoriales han roto acuerdos médicos que sostenían la salud pública cubana y han ahuyentado la inversión extranjera mediante la activación íntegra de la Ley Helms-Burton.

Frente a esta maquinaria de asfixia, la solidaridad internacional se organiza. En todo el mundo se desarrollan campañas de recaudación de fondos bajo el lema “Contra el Bloqueo de EE.UU., Energía para Cuba”, destinadas a comprar equipos de energía renovable fotovoltaica para instalaciones de salud de la isla. Es un gesto concreto, humano y eficaz: llevar luz donde el imperio impone oscuridad.

Y añadamos a esto la guerra cognitiva. Escuchamos a menudo, escucha también la población cubana: “El bloqueo no existe, es solo una excusa” del Gobierno para ocultar su mala gestión. Ahora imaginemos que un estado como España fuera sometido a un cerco semejante por parte de la Unión Europea: sin comercio, sin transferencias, sin turismo, sin tecnología, sin medicamentos, sin créditos, impidiendo bajo amenazas la llegada de gas o petróleo, y penalizando a cualquier empresa del mundo que se atreviera a relacionarse con empresas españolas. Imaginemos que nos cortaran la luz en casa, nos impidieran comprar comida, vetaran a nuestros familiares en el extranjero que nos quieren enviar ayuda, y luego nos dijeran: “Es culpa tuya, malgobiernas tu hogar”. Eso es exactamente lo que EE.UU. hace con Cuba y su pueblo.

Romper el cerco imperial no es solo un acto de justicia. Es una urgencia humanitaria. Por eso, desde Cubainformación, apoyamos cada iniciativa que lleve energía, vida y esperanza a la isla. Y denunciamos, una vez más, la mentira: el bloqueo existe, duele y mata. Pero no vencerá.

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