martes, 4 de abril de 2017

La agresión a Cassandra Vera, seis breves consideraciones Rosa Guevara Landa Rebelión Para la joven compañera Cassandra. ¡No pasarán!

La agresión a Cassandra Vera, seis breves consideraciones
Para la joven compañera Cassandra. ¡No pasarán!

1. Me lo han contado, no puedo asegurar su veracidad. Una joven berlinesa, Cassandra Wahrheit se llama, escribió hace unos meses quince, acaso veinte chistes sobre la Joseph Goebbels, la mano derecha de Hitler, el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del III Reich entre 1943 y 1945. Los tuits eran del siguiente tenor: “Goebbels es un burro-bestia porque se escribe con b de burro y con b de bestia, una lado de la otra”; “El mejor videojuego del mundo: “Kill to Goebbels, kill to Goebbels”, “Goebbels, la alargada sombra de un no-Ser que ayudó a exterminar el Ser de millones de personas”.
Así, con más o menos fortuna, unos 15 más. ¿Alguien se imagina, alguien puede imaginarse que un tribunal alemán -¡y miran que han hecho de las suyas los tribunales y magistrados alemanes!- condenara a Cassandra Wahrheit a un año de cárcel y a siete de inhabilitación por sus chistes/ocurrencias?
2. La nieta de Carrero Blanco, Lucía Carrero-Blanco, parte interesada en lo que estamos hablando, lo expresó en los siguientes términos: “Al menos a mí (obviamente solo puedo y pretendo hablar de mí), lo que está persona ha escrito no me humilla en absoluto”. Una persona considerada “víctima del terrorismo” no se siente humillada por los comentarios. ¿No habría que tener muy en cuenta su opinión?
3. Una ley, la del enaltecimiento del terrorismo de 2015, que contó con los votos a favor del PP y del PSOE, permite en apenas quince días dos sentencias contradictorias. Una segunda, dictada también por un tribunal de la Audiencia Nacional, absolvía a Arkaitz Terrón por varios tuits en los que también alababa, según parece, no los he podido leer, el asesinato de Carrero. ¿Qué cabe pensar de una ley que permite, en pocos días, dos sentencias contradictorias? ¿Las contradicciones no exigen cambios teóricos o legislativos?
4 . ¿Qué cosmovisión puede abonar al PSOE para que, delante de una sentencia de estas características, una agresión brutal e inaudita a una ciudadana en el uso de la libertad de expresión, una condena que recuerda los peores momentos de la transición política de finales de los setenta, diga que no dice, que acata la decisión de los tribunales y a otra cosa, que no hay mucho tiempo? ¿Cuál es la sustancia política-cultural de una formación política de estas características? ¿Qué izquierda encarna un partido así?
5. La cuestión política de fondo que colea desde hace décadas: ¿fue un acto terrorista la muerte-asesinato de Carrero Blanco? ¿También lo fue la de Melitón Manzanas? ¿En pleno fascismo, en plena dictadura, hablando de quién hablamos? ¿Lo hubiera sido también si el asesinado, pongamos por caso, del general golpista? ¿Quiénes se aterrorizaron con la muerte de Carrero? ¿La muerte de Mussolini, hay más ejemplos, fue también un acto terrorista?
6. Una duda: ¿habrá tenido que ver, de algún modo, el que Cassandra sea una persona trans con la dureza de la sentencia?
¿A qué es impensable? Pues miren, a pesar de serlo, yo lo pienso.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El pueblo dijo "ni un paso atrás" .Atilio A. Boron Rebelión

El pueblo dijo "ni un paso atrás" .Atilio A. Boron

Desde Quito - La victoria obtenida por Alianza País en el balotaje del 2 de abril confirma que el pueblo ecuatoriano supo discernir lo que estaba en juego: la continuidad de un gobierno que marcó un antes y un después en la historia contemporánea del Ecuador o el suicida salto al vacío, emulando la tragedia argentina. Lenin Moreno y Jorge Glas representan la consolidación de los avances logrados en numerosos campos de la vida social durante diez años bajo el liderazgo de Rafael Correa; su adversario, Guillermo Lasso, personificaba el retorno de la alianza social que tradicionalmente había gobernado al Ecuador con las desastrosas consecuencias por todos conocidas. Un país con grandes mayorías nacionales secularmente sumidas en la pobreza, con índices de desigualdad y exclusión económica, social y cultural aberrantes.

Una nación víctima de la insaciable voracidad de banqueros y latifundistas que saqueaban impunemente a una población que tenían como rehén y que, en su desenfreno, provocaron la megacrisis económica y financiera de 1999. En un alarde de falsificación de los hecho históricos a esa tremenda crisis la denominaron, amablemente, “feriado bancario”, a pesar de que en su vorágine acabó con la moneda ecuatoriana, que fue reemplazada por el dólar estadounidense, y provocó la estampida de unos dos millones de ecuatorianos que huyeron al exterior para ponerse a salvo de la hecatombe.


Son varios los factores que explican este alentador resultado, para Ecuador y para toda América Latina. Uno: los traumáticos recuerdos del 1999 y el descaro con que los agentes sociales y las fuerzas políticas de aquella crisis –antes que nadie Guillermo Lasso- proponían la adopción de las mismas políticas que la habían originado. La candidatura de la derecha manifestó que ampliaría los márgenes de autonomía de las fuerzas del mercado, reduciría el gasto público, privatizaría la salud y la educación, bajaría los impuestos y acabaría con la hidra de siete cabezas del supuesto “populismo económico”. La política social sería recortada porque sin decir cómo, Lasso aseguraba que crearía un millón de nuevos empleos en cuatro años, pero se cuidó muy bien de notarizar esta promesa en el programa de gobierno que, tal como lo prescribe la legislación electoral, inscribió ante un escribano público. En el terreno internacional, Lasso declaró que cerraría la sede de la UNASUR, entregaría a Julian Assange a las autoridades británicas y se alejaría de todos los acuerdos y organismos regionales como la UNASUR, la CELAC y el ALBA.

Dos, el intenso trabajo de campaña hecho por el binomio Moreno-Glas, que le permitió establecer un profundo vínculo con la base social del correísmo y de llevar a cabo, de nueva cuenta, una extenuante recorrida por las 24 provincias del país, afianzando una presencia territorial y organizacional cuyos réditos fueron evidentes a la hora de abrir las urnas. Otro factor explicativo, el tercero, fue el apoyo de Correa y su denodado esfuerzo por apuntalar con una vertiginosa dinámica gubernamental, la campaña de la fórmula oficialista. Si algo hacía falta para ratificar el carácter excepcional de su liderazgo era esto: una victoria inédita en la historia ecuatoriana porque nunca antes un gobierno se había re-elegido al cambiar la candidatura presidencial. En línea con esto hay que recordar que en la primera vuelta Alianza País había obtenido la mayoría absoluta de los diputados a la Asamblea Nacional y que un 55 por ciento de la ciudadanía votó a favor de la propuesta del gobierno de prohibir que los altos funcionarios y gobernantes pudieran tener sus dineros invertidos en paraísos fiscales. En otras palabras, apoyo interno en lo institucional y en el plano de la sociedad civil no le faltará al nuevo presidente.


En los días previos predominaba en los ambientes de la Alianza País una profunda preocupación. Las encuestas no estaban arrojando los resultados que se esperaba y ponían en cuestión el entusiasmo militante con que Moreno y Glas eran recibidos en todo el país. La campaña de terrorismo mediático fue de tal magnitud y bajeza moral, y este es el tercer factor que hay que tomar en cuenta, que hizo que el votante aliancista temiese manifestarse ante las preguntas de los encuestadores. Las acusaciones lanzadas en contra de Correa y Glas eran tan tremendas como carentes por completo de sustancia. Lo significativo del caso es que la derecha acusaba en los medios pero se abstenía de hacer una denuncia en los tribunales. Como dijo uno de los observadores en la reunión con la gente de CREO-SUMA: “no queremos chismes, aporten datos concretos”. Nunca lo hicieron. Pero, abrumada e intimada por esta artillería mediática (que contó con la activa colaboración de algunos “dizque periodistas” argentinos, en realidad agentes de propaganda al servicio de las peores causas) y por las veladas amenazas de los profetas de la restauración una parte significativa de los encuestados se definían como “indecisos” cuando en realidad no lo estaban. La verdad salió a la luz a partir del escrutinio.


En una nota anterior decíamos que esta elección sería la “batalla de Stalingrado”, porque de su desenlace dependería el futuro del Ecuador y de América Latina. Una derrota daría pábulos a la derecha regional y aceleraría la modificación regresiva del mapa sociopolítico sudamericano, fortaleciendo a los tambaleantes gobiernos de Argentina y Brasil, protagonistas fundamentales del actual retroceso político, y refutando la tesis de algunos analistas agoreros que se apresuraron a decretar el “fin del ciclo progresista” mientras el finado seguía respirando. La victoria de Alianza País confirma que la lucha continúa, que los traspiés experimentados en fechas recientes son sólo eso, que el viejo topo de la historia continúa su labor y que aquí, en la mitad del mundo, un pueblo consciente tomó el futuro en sus manos y dijo “ni un paso atrás”. Como lo afirmara Correa, hicimos mucho pero queda mucho más por hacer. Haber ganado esta batalla crucial es una gran noticia no sólo para los latinoamericanos sino para todos quienes, en el resto del mundo, pugnan por poner fin a la barbarie neoliberal. ¡Salud Ecuador!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Hambrunas infames en el cuerno de África y Yemen. La Europa y EEUU "civilizada" calla criminalmente. Preocupada por Venezuela practicando el terrorismo desinfoRmativo para matarlos de hambre, igual que hizo con Honduras y otros GOBIERNOS progresistas que han intentado hacer un poco de JUSTICIA CON TODAS LAS PERSONAS QUE TIENEN DERECHOS INALIENABLES A COMER Y VIVIR. ¡HIPÓCRITAS! ¡CÍNICOS! ¡CRIMINALES! ¡CÓMO SE PUEDE SER COAUTOR, CÓMPLICES Y ENCUBRIDORES DE ESTOS GOBIERNOS QUE TENEMOS? QUE A NOSOTROS TAMBIÉN NOS ROBAN.


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Varios países africanos (Nigeria, Sudán del Sur y Somalia), además de Yemen se enfrentan en estos momentos a una grave hambruna sin precedentes.
“La emergencia afecta al menos a 20 millones de personas. Es una situación crónica que se ha agudizado en los últimos meses, en países y regiones donde el acceso humanitario es extremadamente difícil”, resume José Félix Hoyo, presidente de Médicos del Mundo España.
Desde Médicos del Mundo hacemos un llamamiento urgente a la comunidad internacional para que reaccione ante esta emergencia humanitaria.
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La situación es crítica: en Somalia, alrededor de 944.000 menores de cinco años sufren desnutrición y más de la mitad de la población está en condiciones de inseguridad alimentaria. En Yemen es más del 60%.
Además se han contabilizado más de 13.000 casos de diarrea aguda en Somalia y 20.000 casos sospechosos de cólera en .Yemen.
La Red Internacional de Médicos del Mundo trabaja en tres de los países más afectados, Nigeria, Somalia y Yemen, facilitando asistencia sanitaria, cuidados a niños y niñas con desnutrición y atención psicosocial a la población, además de asegurar el suministro de medicamentos.
Estamos valorando ampliar nuestro trabajo en Etiopía, Kenia y Sudán del Sur, así como la puesta en funcionamiento de nuevas clínicas móviles para llegar a la población rural y medidas urgentes para prevenir la extensión del cólera y las diarreas agudas

Hambruna en Somalia

El número de niñas y niños desnutridos que visitan nuestros centros lleva creciendo desde el año pasado de manera sostenida. En Somalia, alrededor de 944.000 menores de cinco años sufren desnutrición. 

lunes, 3 de abril de 2017

Ecuador frena la ola neoliberal en América latina

El candidato oficialista Lenín Moreno le ganó el ballottage al banquero Guillermo Lasso
Ecuador frena la ola neoliberal en América latina

Página/12

Moreno se impuso con el 51 por ciento de los votos frente al 49 de Lasso. La derecha no reconoció la derrota y habló de fraude.


“Al final de mi mandato quiero poder decir que se erradicó la extrema pobreza”, dijo Lenín Moreno.

“Al final de mi mandato quiero poder decir que se erradicó la extrema pobreza”, dijo Lenín Moreno. (Imagen: AFP) 

Desde Quito

Lenín Moreno, de la oficialista Alianza PAIS, será el nuevo presidente de Ecuador tras triunfar con el 51% de los votos en el ballotage de ayer. Su oponente, el derechista Guillermo Lasso de la Alianza Creo-Suma, obtuvo el 49%. “Estoy muy emocionado. Hay una explosión de emociones dentro de mi corazón. Al final de mi mandato quiero poder decir que se erradicó la desnutrición infantil, la pobreza extrema, la corrupción y la falta de emprendimiento juvenil”, expresó ante una marea vestida de verde -color característico del partido de gobierno- en las afueras de la sede central de PAIS, en la emblemática Avenida de los Shyris. Lasso no reconoció el resultado, dijo que los delegados de su alianza van a presentar las objeciones al Consejo Nacional Electoral (CNE) en todo el país y llamó a sus seguidores a salir a protestar. “No podemos permitir un fraude”, sostuvo.
El futuro mandatario, vicepresidente de Rafael Correa entre 2007 y 2013, aseguró que convocará a “todos para trabajar por el país” y agradeció al presidente, Rafael Correa: “Gracias Rafael por haber sido el líder con el cual el pueblo ecuatoriano recuperó su confianza, su orgullo nacional. Antes creíamos que éramos el peor país del mundo. No era cierto, aquí está la prueba. Somos un pueblo de vida, de esperanza. El pasado no va más”.
Luego de retrocesos de los gobiernos progresistas de la región, entre los que se destacan la derrota del Frente para la Victoria en Argentina, el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff en Brasil y las victorias opositoras en Venezuela –elecciones a la Asamblea Nacional en 2015– y Bolivia –referéndum de 2016–, Ecuador se convirtió en una suerte de excepción a la regla que venía teniendo lugar. “En un momento en el cual el neoliberalismo está hablando de fin de ciclo de los procesos progresistas, la victoria de PAIS representa un golpe fuerte para esa tendencia”, afirmó Alejandro Fierro, licenciado en ciencias de la información por la Universidad Pontificia de Salamanca e investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).
Fierro sostuvo que el balance de los últimos diez años fue decisivo en el resultado y agregó que el triunfo se puede explicar en base a otros tres ejes: “La gente reconoció que, con sus luces, sombras y contradicciones el país avanzó no solo en números macroeconómicos, sino en la economía cotidiana. La gente vio que vivía mejor, que tenía mayores ingresos y prestaciones sociales. En segundo lugar, quedó demostrado que tienen memoria, saben lo que es la propuesta neoliberal y sus efectos devastadores. Por último, la figura de Lasso estará siempre ligada al Feriado Bancario y a las épocas más oscuras del Ecuador contemporáneo”.
El candidato opositor, derrotado también en las presidenciales de 2013 por el actual presidente, tuvo una participación preponderante en la “larga y triste noche neoliberal”, como denomina el gobierno a la década de los noventa y principio de los 2000: Mientras la inmensa mayoría de los ciudadanos perdían todos sus ahorros en la crisis del Feriado Bancario de 1999, él, presidente del Banco de Guayaquil, aumentaba de manera notable sus ganancias. Además, fue superministro de Economía en el mismo año y ocupó otros cargos públicos en los noventa y 2000.
No bien finalizaron los comicios, a las 17 de Ecuador (19 de Argentina), solo dos de las doce empresas encuestadoras habilitadas por el Consejo Nacional Electoral publicaron sus sondeos. Perfiles de Opinión pronosticó una victoria de Moreno por 4 puntos, pero Cedatos dio vencedor a Lasso con una diferencia de 5 puntos. Ambos candidatos se proclamaron ganadores, aunque solo el presidente electo fue más prudente.
“Hemos ganado, ha ganado todo el Ecuador. Hoy nació un nuevo país”, declaró, eufórico, Lasso en el Hotel Hilton de Quito al tiempo que sus militantes exclamaban “¡fuera, Correa, fuera!” y “¡Libertad, libertad, libertad!”. Por el otro lado, Moreno aseveró que, en base a los datos que relevaron, el próximo presidente sería él, pero llamó a esperar los resultados oficiales con calma.
Las incendiarias declaraciones por parte de los dirigentes de la oposición durante las dos semanas previas en las que habían llamado a desconocer los resultados si ellos no obtenían la victoria y el abierto llamado a movilizarse ante las inmediaciones del Consejo Nacional Electoral (CNE), surgieron efecto. Miles de opositores continuaban manifestándose ante el CNE al cierre de esta edición, pero la protesta parecería no tener, al momento, graves consecuencias.
Las organizaciones observadoras internacionales, entre las que se encuentran la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión de Naciones del Sur (Unasur), no observaron irregularidades, al igual que en la primera vuelta del 19 de febrero.
La elección se desarrolló con normalidad y, debido al buen clima, los parques y plazas más grandes fueron colmadas por familias y jóvenes que se acercaron a practicar deportes. Al igual que el centro histórico de la ciudad, donde se encuentra el Palacio de Carondelet, sede de gobierno, la alcaldía de Quito y la Basílica del Voto Nacional, entre otros lugares.
A pocas cuadras del centro histórico, al salir del imponente colegio La Salle, Mabel Cebaro, de 45 años, admitió que estaba indecisa, pero decidió optar a último momento por el oficialismo: “Este gobierno trajo estabilidad. No quiero que se vuelva hacia atrás con un presidente nuevo cada uno o dos años. Lenín no me convence, pero creo que tiene experiencia y que un gobierno de Lasso sería peor”.
Cerca de la Asamblea Nacional, Juan Rivadeneira, de 30 años y acompañado de su pequeña hija, expresó: “Necesitamos un cambio, ya basta de correísmo. El primer gobierno fue bueno, pero luego comenzaron los problemas. Demasiados casos de corrupción, el vicepresidente Glas no puede hacerse el distraído, todos se dieron en su área. Desaprovecharon la oportunidad, ya se tienen que ir”.
En el vasto parque La Carolina, ubicado en el Centro-Norte de la capital, el soleado día, inhabitual en esta época, permitió que cientos se juntasen a practicar deportes. El joven Sebastián Alfonso, luego de jugar al fútbol con sus amigos, afirmó que votó por Moreno y recordó el pasado del candidato opositor: “La crisis de 1999 fue catastrófica y Lasso fue uno de los responsables. Fue funcionario y banquero. Cientos de miles de familias sufrieron mucho, perdieron todo lo que tenían al tiempo que él y unos pocos se enriquecían. No todo está bien, claro, pero estamos mucho mejor. Incluso los empresarios también, pero se enfadan porque tienen que pagar más impuestos ahora”. Su amigo Agustín asentía, mientras que Gabriel sonreía. “Votó por Lasso”, explicaron, entre risas.
Al sur de Quito, bastión histórico de Alianza PAIS, Mabel Gómez, de 54 años, también eligió a Moreno y expuso su parecer: “Soy trabajadora de limpieza. Antes de este gobierno no tenía seguridad social y me pagaban muy poco. Ahora estamos mucho mejor, tengo un sueldo digno y mis empleadores están obligados a afiliarme a la seguridad social”.
La multitud que se congregó en la sede de PAIS continuaba festejando y celebraría hasta la madrugada.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/29549-la-derecha-no-cruzo-el-ecuador

La CIA y “La descerción de los intelectuales de izquierda”. Por Gabriel Rockhill

La CIA y “La descerción de los intelectuales de izquierda”. Por Gabriel Rockhill

por Iroel Sánchez
Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.
De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teoría, sino que asignó importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teoría más recóndita e intricada jamás producida. Un documento de investigación escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresión, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teorías asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.
La imagen de unos espías estadounidenses reuniéndose con asiduidad en cafés parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticación no podría caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retórica incomprensible con poco o ningún impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprenderá a quienes están familiarizados con la prolongada y continua utilización de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas más vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribución con el libro Radical History & the Politics os Art).
Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: “Recuerdo el inmenso placer que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] ganó más elogios para EE.UU. en París de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles [i] o Dwight D. Eisenhower con cien discursos”. No se trataba, de ninguna manera, de una operación liminal o sin importancia. De hecho, como sostenía acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en París, que posteriormente resultó ser una organización tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fría, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prestó apoyo a una increíble gama de actividades artísticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 países, publicó docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organizó conferencias y exposiciones artísticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcionó generosa financiación a diversos premios y becas culturales, así como a organizaciones encubiertas como la Fundación Farfield.

La agencia de inteligencia consideraba que la cultura y la creación teórica eran armas cruciales del arsenal global dirigido a perpetuar los intereses estadounidenses en todo el mundo. El documento de investigación de 1985 recién publicado, titulado “Francia: la deserción de los intelectuales de izquierda”, examina –indudablemente con el fin de manipularla– a la intelectualidad francesa y el papel fundamental que desempeñaba en la configuración de las tendencias que generan la línea política. El informe, a la vez que sugería que en la historia de la intelectualidad francesa existía un equilibrio ideológico relativo entre la izquierda y la derecha, destaca el monopolio de la izquierda en la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial –al que, como sabemos, se oponía de modo furibundo la CIA– a causa del papel fundamental que jugaron los comunistas en la resistencia al fascismo y que, en último término, permitió ganar la guerra. Aunque la derecha estaba enormemente desacreditada a causa de su contribución directa a los campos de exterminio nazis, así como su agenda xenófoba, anti-igualitaria y fascista (según las propias palabras de la CIA), los agentes secretos anónimos que escribieron el borrador del informe resumen con palpable regocijo el retorno de la derecha a partir de los inicios de la década de los setenta.
Más concretamente, los guerreros culturales clandestinos aplauden lo que consideran un movimiento doble que contribuyó a que los intelectuales apartaran a Estados Unidos del centro de sus críticas y las dirigieran a la Unión Soviética. Por parte de la izquierda se produjo una desafección gradual hacia el estalinismo y el marxismo, una progresiva retirada de los intelectuales radicales del debate público y un alejamiento teórico del socialismo y del partido socialista. Más hacia la derecha, los oportunistas ideológicos a los que se denominaba Nuevos Filósofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaña mediática descarada de difamación contra el marxismo.
Mientras otros tentáculos de la organización de espionaje de alcance mundial se dedicaban a derribar gobiernos elegidos democráticamente, a proporcionar servicios de inteligencia y financiación a dictadores fascistas y a apoyar escuadrones de la muerte de extrema derecha, el escuadrón parisino de la CIA recogía información sobre el giro hacia la derecha que estaba teniendo lugar en el mundo y que beneficiaba directamente a la política exterior de EE.UU. Los intelectuales simpatizantes de la izquierda de la posguerra fueron abiertamente críticos con el imperialismo estadounidense. La influencia en los medios de comunicación que ejercía la crítica marxista sin pelos en la lengua de Jean Paul Sartre y su notable papel –como fundador de Libération– a la hora de revelar la identidad del responsable de la CIA en París y de docenas de agentes encubiertos fue seguida de cerca por la Agencia y considerada un grave problema.
Por el contrario, el ambiente antisoviético y antimarxista de la emergente era neoliberal sirvió para desviar el escrutinio público y proporcionó una excelente excusa para las guerras sucias de la CIA, al “dificultar en extremo cualquier oposición significativa de las élites intelectuales a las políticas estadounidenses en América Central, por ejemplo”. Greg Grandin, uno de los más destacados historiadores de Latinoamérica, resumió perfectamente esta situación en su libro The Last Colonial Massacre (La última masacre colonial): “Aparte de realizar intervenciones notoriamente desastrosas y letales en Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965, Chile en 1973 y El Salvador y Nicaragua en los ochenta, Estados Unidos ha prestado apoyo financiero, material y moral silencioso y continuo a estados terroristas asesinos y contrainsurgentes […] Pero la enormidad de los crímenes de Stalin aseguraba que dichas historias sórdidas, por muy convincentes, rigurosas o condenatorias que fueran, no interfirieran en la fundación de una visión del mundo comprometida con el papel ejemplar de Estados Unidos en la defensa de lo que ahora conocemos como democracia”.
Este es el contexto en el que los mandarines enmascarados elogian y apoyan la incesante crítica que una nueva generación de pensadores antimarxistas como Bernard-Henri Levy, André Glucksmann y Jean-François Revel desencadena contra “la última camarilla de eruditos comunistas” (compuesta, según los agentes anónimos, por Sartre, Barthes, Lacan y Louis Althuser). Dada la inclinación izquierdista de aquellos antimarxistas en su juventud, constituyen el modelo perfecto para construir las narrativas falaces que fusionan una pretendida evolución política personal con el avance continuo del tiempo, como si la vida individual y la historia fueran simplemente una cuestión de “evolución” y de reconocer que la transformación social igualitaria es algo del el pasado, personal e histórico. Este derrotismo condescendiente y omnisciente no solo sirve para desacreditar nuevos movimientos, particularmente aquellos liderados por los jóvenes, sino que también caracteriza de forma errónea los éxitos relativos de la represión contrarrevolucionaria como progreso natural de historia.


El filósofo francés Raymond Aron (izda.) junto a su esposa Suzanne, de vacaciones con el agente encubierto de la CIA Michael Josselson y Denis de Rougemont (dcha.)
Incluso teóricos no tan opuestos al marxismo como estos intelectuales reaccionarios contribuyeron de modo significativo a la atmósfera de desencanto hacia el igualitarismo transformador, al alejamiento de la movilización social y al “cuestionamiento crítico” desprovisto de puntos de vista radicales. Esto es crucial para comprender la estrategia general de la CIA en sus amplias y poderosas iniciativas para desmantelar a la izquierda cultural en Europa y otros lugares. Reconociendo la dificultad de abolirla por completo, la organización de espionaje más poderosa del mundo ha pretendido apartar la cultura de izquierdas de las políticas decididamente anticapitalistas y transformadoras y redirigirla hacia posiciones reformistas de centro-izquierda, menos abiertamente críticas con la política interna y la política exterior de Estados Unidos. En realidad, tal y como ha demostrado minuciosamente Saunders, la Agencia continuó las políticas del Congreso liderado por McCarthy en la posguerra con el fin de apoyar y promover de manera directa aquellos proyectos que desviaban a productores y consumidores de la izquierda decididamente igualitaria. Amputando y desacreditando a esta última, aspiraba también a fragmentar a la izquierda en general, dejando lo que quedaba del centro-izquierda con un mínimo poder y apoyo público (y a la vez potencialmente desacreditada a causa de su complicidad con la política del poder de las derechas, un tema que continúa extendiéndose como una plaga por los partidos institucionalizados de la izquierda).
Es en este contexto donde debemos situar la afición de la agencia de inteligencia por las narrativas de conversión y su profundo aprecio por los “marxistas reformados”, un leitmotiv transversal al informe de investigación sobre los teóricos franceses. “A la hora de socavar el marxismo –escriben los agentes infiltrados– son aún más eficaces aquellos intelectuales convencidos, dispuestos a aplicar la teoría marxista en las ciencias sociales, pero que acaban por rechazar toda la tradición marxista”. Citan en particular la enorme contribución realizada por la Escuela de los Annales, de historiografía y estructuralismo –especialmente Claude Lévi-Strauss y Foucault– a la “demolición crítica de la influencia marxista en las ciencias sociales”. Foucault, a quien se refieren como “el pensador francés más profundo e influyente”, es especialmente aplaudido por su elogio de los intelectuales de la Nueva Derecha, cuando recuerda a los filósofos que “la teoría social racionalista de la Ilustración y la era Revolucionaria del siglo XVIII ha tenido consecuencias sangrientas”. Aunque sería un error echar por tierra las políticas o los efectos políticos de cualquiera basándose en una sola posición o resultado, el izquierdismo antirrevolucionario de Foucault y su perpetuación del chantaje del Gulag –es decir, la afirmación de que los movimientos expansivos radicales que pretenden una profunda transformación social y cultural solo resucitan la más peligrosa de las tradiciones– están perfectamente en línea con las estrategias generales de guerra psicológica de la agencia de espionaje.
La interpretación que realiza la CIA de la obra teórica francesa debería servirnos para reconsiderar la apariencia chic que ha acompañado gran parte de su recepción por el mundo anglófono. Según una concepción estatista de la historia progresiva (que por lo general permanece ciega a su teleología implícita), la obra de figuras como Foucault, Derrida y otros teóricos franceses de vanguardia suele asociarse intuitivamente a una crítica profunda y sofisticada que presumiblemente va más allá de cualquier relación con el socialismo, el marxismo o las tradiciones anarquistas. No cabe duda y es preciso resaltar que el modo en que el mundo anglófono acogió la obra de los teóricos franceses, como acertadamente ha señalado John McCumber, tuvo importantes implicaciones políticas como polo de resistencia a la falsa neutralidad política, las tecnicidades cautelosas de la lógica y el lenguaje, o al conformismo ideológico puro activo en las tradiciones de la filosofía anglo-americana apoyada por [el senador] McCarthy. No obstante, las prácticas teóricas de aquellas figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis denominó la tradición de la crítica radical –la resistencia anticapitalista y antiimperialista– ciertamente contribuyeron al alejamiento ideológico de la política transformadora. Según la propia agencia de espionaje, los teóricos posmarxistas franceses contribuyeron directamente al programa cultural de la CIA destinado a persuadir a la izquierda de inclinarse hacia la derecha, al tiempo que desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, creando así un entorno intelectual en el cual sus proyectos imperialistas pudieran medrar sin ser estorbados por un escrutinio crítico serio por parte de la intelectualidad.
Como sabemos gracias a las investigaciones realizadas sobre los programas de guerra psicológica de la CIA, la organización no solo ha vigilado e intentado coaccionar a los individuos, sino que siempre ha intentado comprender y transformar las instituciones de producción y distribución cultural. De hecho, su estudio sobre los teóricos franceses señala el papel estructural que desempeñan las universidades, las editoriales y los medios de comunicación en la formación y consolidación de un ethos político colectivo. En las descripciones que, como el resto del documento, deberían invitarnos a pensar críticamente sobre la actual situación académica del mundo anglófono y otros lugares, los autores del informe destacan cómo la precarización del trabajo académico contribuye al aniquilamiento del izquierdismo radical. Si los izquierdistas convencidos no podemos asegurarnos los medios materiales para desarrollar nuestro trabajo, o si se nos obliga más o menos sutilmente a ser conformistas para conseguir empleo, publicar nuestros escritos o tener un público, las condiciones estructurales que permitan la existencia de una comunidad izquierdista resuelta se ven debilitadas. Otra de las herramientas utilizadas para conseguir este fin es la profesionalización de la educación superior, que pretende transformar a las personas en eslabones tecnocientíficos integrados en el aparato capitalista, más que en ciudadanos autónomos con herramientas solventes para la crítica social. Los mandarines teóricos de la CIA alaban, por tanto, las iniciativas del gobierno francés por “presionar a los estudiantes para que se decidan por estudios técnicos y empresariales”. También señalan las contribuciones realizadas por las grandes casas editoriales como Grasset, los medios de comunicación de masas y la moda de la cultura americana para lograr una plataforma postsocialista y antigualitaria.
¿Qué lecciones podemos extraer de este informe, especialmente en el contexto político en que nos encontramos, con su ataque continuo a la intelectualidad crítica? En primer lugar, el informe debería servirnos para recordar convincentemente que si alguien supone que los intelectuales no tienen ningún poder y que nuestras orientaciones políticas carecen de importancia, la organización que se ha convertido en uno de los agentes más poderosos del mundo contemporáneo no lo ve así. La Agencia Central de Inteligencia, como su nombre irónicamente sugiere, cree en el poder de la inteligencia y de la teoría, algo que deberíamos tomarnos muy seriamente. Al presuponer erróneamente que el trabajo intelectual sirve de poco o de nada en el “mundo real”, no solo malinterpretamos las implicaciones prácticas del trabajo teórico, sino que corremos el riesgo de hacer la vista gorda ante proyectos políticos de los que fácilmente podemos convertirnos en embajadores culturales involuntarios. Aunque es verdad que el Estado-nación y el aparato cultural francés proporcionan a los intelectuales una plataforma pública mucho más significativa que muchos otros países, la obsesión de la CIA por cartografiar y manipular la producción teórica y cultural en otros lugares debería servirnos a todos como llamada de atención.
En segundo lugar, en la actualidad los agentes del poder están particularmente interesados en cultivar una intelectualidad cuya visión crítica esté atenuada o destruida por las instituciones que los patrocinan basadas en intereses empresariales y tecnocientíficos, que equipare las políticas de izquierda-derecha con lo “anticientífico”, que relacione la ciencia con una pretendida –pero falsa– neutralidad política, que promueva los medios de comunicación que saturan las ondas hertzianas con cháchara conformista, aísle a los izquierdistas convencidos de las principales instituciones académicas y de los focos mediáticos y desacredite cualquier llamamiento al igualitarismo radical y a la transformación ecológica. Idealmente, intentan nutrir una cultura intelectual que, si es de izquierdas, esté neutralizada, inmovilizada, apática y se muestre satisfecha con apretones de manos derrotistas o con la crítica pasiva a la izquierda radical movilizada. Esa es una de las razones por las que podemos considerar a la oposición intelectual al izquierdismo radical, que predomina en el mundo académico estadounidense, una postura política peligrosa: ¿acaso no es cómplice directa de la agenda imperialista de la CIA en todo el mundo?
En tercer lugar, para contrarrestar este ataque institucional a la cultura del izquierdismo resolutivo, resulta imperativo resistir la precarización y profesionalización de la educación. Similar importancia tiene la creación de esferas pública que posibiliten un debate realmente crítico y proporcionen una amplia plataforma para aquellos que reconocen que otro mundo no solo es posible, sino necesario. También necesitamos unirnos para contribuir a la creación o el mayor desarrollo de medios de comunicación alternativos, diferentes modelos de educación, instituciones alternativas y colectivos radicales. Es vital promover precisamente aquello que los combatientes culturales encubiertos pretenden destruir: una cultura de izquierdismo radical con un marco institucional de apoyo, un amplio respaldo público, una influencia mediática prevalente y un amplio poder de movilización.
Por último, los intelectuales del mundo deberíamos unirnos para reconocer y aprovechar nuestro poder con el fin de hacer todo lo posible para desarrollar una crítica sistémica y radical que sea tan igualitaria y ecológica como anticapitalista y antiimperialista. Las posturas que uno defiende en el aula o públicamente son importantes para establecer los términos del debate y marcar el campo de posibilidades políticas. En oposición directa a la estrategia cultural de fragmentación y polarización de la agencia de espionaje, mediante la cual ha pretendido amputar y aislar a la izquierda antiimperialista y anticapitalista, deberíamos, a la vez que nos oponemos a las posiciones reformistas, federarnos y movilizarnos, reconociendo la importancia de trabajar juntos –toda la izquierda, como Keeanga-Yamahtta nos ha recordado recientemente– para cultivar una intelectualidad verdaderamente crítica. En lugar de pregonar o lamentar la impotencia de los intelectuales, deberíamos utilizar la aptitud para decir la verdad a los poderosos, trabajando juntos y movilizando nuestra capacidad de crear colectivamente las instituciones necesarias para un mundo de izquierdismo cultural. Porque solo en un mundo así, y en las cámaras de resonancia de inteligencia crítica que provoque, será posible que las verdades expresadas sean realmente escuchadas y se produzca el cambio de las estructuras de poder.
Nota:
[1] Secretario de Estado con el presidente Eisenhower entre 1953 y 1959. 
(The Philosophical Salon Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo)

domingo, 2 de abril de 2017

VENEZUELA: El plan destituyente del Pentágono y el secretario de la OEA

El plan destituyente del Pentágono y el secretario de la OEA


Tiempo Argentino

Existe un gravísimo señalamiento contra el actual Secretario General de la OEA, Luis Almagro, que lo involucra en una operación comando planificada por el Pentágono contra el gobierno de Venezuela. El dato se encuentra en un documento titulado “Venezuela Freedom 2” con fecha del 25 de febrero de 2015 y está firmado por el jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd. Cabe destacar que Estados Unidos nunca cuestionó la autenticidad de este documento ni el acuerdo entre el Pentágono y Almagro que aquí se va a detallar.
El plan destituyente “Freedom 2” consta de 12 puntos y plantea entre otras cosas un “enfoque de cerco y asfixia" contra el gobierno de Nicolás Maduro y, en “el plano político interno insistir en el gobierno de transición y las medidas a tomar después de la caída del régimen, incluyendo la conformación de un gabinete de emergencia”.
El punto octavo es el que involucra directamente a Almagro. Dice así: “En el plano internacional hay que insistir en la aplicación de la Carta Democrática, tal como lo hemos convenido con Luis Almagro Lemes, Secretario General de la OEA.”
Este pacto con las altas esferas de Estados Unidos (cuya contraaprestación se desconoce) explica el afán con que Almagro se ha abocado desde el comienzo de su cargo en la OEA a derribar el gobierno de Maduro. Almagro condena a diario la prisión del venezolano Leopoldo López (quien, como dice el politólogo Atilio Borón, si hubiera realizado los mismos actos en EEUU no tendría apenas 13 años de prisión sino probablemente cadena perpetua) pero no dice una palabra sobre los asesinatos a líderes sociales en Colombia (que pasan largamente el centenar desde la firma de los acuerdos de paz), ni de los crímenes diarios en Honduras o México, ni de las denuncias de persecución que elevan organizaciones sociales y de izquierda contra el gobierno de Horacio Cartés en Paraguay.
En mayo de 2016, Almagro organizó una cruzada que terminó en fracaso. Convocó al Consejo Permanente de la OEA a una sesión extraordinaria para “atender a la alteración del orden constitucional y cómo la misma afecta gravemente el orden democrático” de Venezuela. Salvo Paraguay ningún país apoyó su iniciativa sino todo lo contrario defendieron el diálogo propiciado por Unasur.
A fines de 2016, frente a otra ofensiva de Almagro fue el Vaticano quien recomendó continuar con la mesa del diálogo entre gobierno y oposición pero el uruguayo se animó incluso a criticar a la Iglesia diciendo que con esas propuestas estaba retardando la aplicación de la Carta Democrática.
El presidente boliviano ha sido uno de los más duros críticos del secretario general de la OEA. Escribió Evo: “Almagro de la invasión española ha resucitado para convertirse en el Almagro de la intervención imperial norteamericana”. Se refería al conquistador español Diego de Almagro socio de Pizarro: ambos urdieron el asesinato de Atahualpa y para robar y repartirse las riquezas del Imperio Inca. «
Telma Luzzani: Autora de Territorios Vigilados. Cómo operan las bases militares de EEUU en Sudamérica.
Fuente: http://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/65767/el-plan-destituyente-del-penta-gono-y-el-secretario-de-la-oea-por-telma-luzzani