sábado, 3 de noviembre de 2018

¿Qué esperaban?



¿Qué esperaban?

 

Una oleada de indignación ayer al conocerse las peticiones fiscales. En la izquierda española, consternación; en el independentismo, furia. Y eso sin atender a las peticiones de Vox, que no exigen la pena de muerte porque no es legal, pero sí pena de muerte civil.

Realmente, ¿qué esperaban? ¿Entretenernos con la rebajita de la abogacía del Estado? La han aprovechado los de C's para enseñar los colmillos y pedir elecciones anticipadas. O quizá fueron los del PP. Son lo mismo. 

¿Qué se esperaba? Cuando se dice que este es un proceso político contra el independentismo disfrazado de farsa judicial, ¿qué es lo que no se entiende?

El Estado se siente amenazado y, ante la amenaza, responde movilizando todos sus poderes. O casi todos. Falta el militar abierto. Sus poderes más obvios son el gobierno, el Parlamento y los jueces. Tiene otros, en los medios, la banca, etc.  El poder judicial es un poder del Estado. Administra justicia en nombre del Estado (o del rey, que lo simboliza) y, si el Estado se siente amenazado y en contra de otra parte, administra la justicia en nombre e interés del Estado y en contra de la parte. Administra la justicia de la parte fuerte contra la débil y esta sufre la "justicia" del enemigo. 

Conclusión: las peticiones, con ser disparatadas, no son absurdas. Lo absurdo es el proceso en sí. Aunque las peticiones fueran simbólicas, de unas horas o una semana de servicios sociales, serían absurdas. Estos ciudadanos y ciudadanas no han hecho nada delictivo. Han cumplido escrupulosamente un mandato popular democrático. 

Es un proceso inquisitorial y lo sería aunque la causa hubiera sido gestionada con competencia jurídica, porque el punto de partida, el origen del hecho reprochable, no es reprochable, sino puramente ideológico. La pena es personal, pero el objetivo es amedrentar a una sociedad, acallarla por el miedo. Una técnica muy frecuente en España en manos de la derecha a la que ahora se ha unido de modo entusiasta el PSOE. 

La lucha del Estado contra la nación catalana es una lucha por la supervivencia como Estado. Por fin se confiesa claramente. Y en la lucha por la supervivencia vale todo. Desde que el rey llame a los empresarios catalanes para que abandonen Catalunya hasta que el mismo mozo saque a su primogénita a hacer el ganso en una ceremonia que, en sí, es una gansada. ¿O no es una gansada celebrar tan contentos el 40 aniversario de una Constitución que una gran mayoría cuestiona y quiere reformar? Sí, esa misma Constitución que los gobiernos blanden como si fuera una Tizona, lista para volver a la España del Cid. 

Vale todo. Hasta que un poder judicial al servicio de la política "nacional" administre la justicia en nombre de la tiranía. Porque este es el momento en que el Parlament ha reprobado al monarca. Felipe VI no es rey de Catalunya por libre voluntad de los catalanes. 

Entonces, ¿por qué lo es? Por derecho de conquista que los indepes tratan de revertir democrática y pacíficamente y el Estado de mantener a costa de la justicia y con obvia violación de los derechos más elementales de los presos/as políticas, los y las representantes independentistas democráticamente elegidos.

Sí, hay una cuestión española, hay un problema. Pero el sentido común más elemental dice que los problemas políticos, sobre todo de esta envergadura, no se resuelven metiendo a la gente en la cárcel.

¿No les da vergüenza basar su poder en la persecución y la represión?

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