viernes, 15 de julio de 2016

Algunos crímenes no prescriben, ¿es hora de reactivar la plataforma Juicio a Aznar? Pedro López López Rebelión

Algunos crímenes no prescriben, ¿es hora de reactivar la plataforma Juicio a Aznar?

El 28 de abril de 2007, convocados por el PCE, un grupo de personas, algunas representando a organizaciones y otras a título particular, nos reunimos para constituir la Plataforma Juicio a Aznar. Ante esta reunión, el día anterior salió un artículo en La Razón informando de la misma. La reacción de Aznar fue inmediata: amenazó con querellarse contra todos los participantes en la reunión. Por supuesto, no hicimos caso a esta baladronada. El objetivo general de la plataforma era exigir responsabilidades políticas y penales al gobierno de Aznar por la participación en la ocupación de Iraq, un crimen de agresión según el derecho internacional, con unas terroríficas consecuencias humanas: cientos de miles de muertos, 4,5 millones de desplazados, más de una decena de ciudades destruidas o dañadas seriamente, más de treinta mil iraquíes detenidos “por razones de seguridad”, etc. Por cierto, respecto a esto último, hay que decir que las detenciones no eran precisamente estancias en hotel, puede verse en youtube un vídeo en el que varios soldados españoles -que por lo visto no estuvieron en la guerra de Iraq, según dirigentes del PP como Esperanza Aguirre o Federico Trillo- pateando salvajemente a un detenido, con el comentario jocoso de un descerebrado que dice “jo, a este se lo han cargado ya”, seguido de su risa imbécil.
La Plataforma Juicio a Aznar tuvo cierto recorrido hasta la celebración de una jornada el 23 de febrero de 2008 en la Fundación Abogados de Atocha, la publicación de una carta abierta al presidente Rodríguez Zapatero al renovar su mandato en marzo de 2008 ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64905 ) y la presentación de una querella en abril de 2009 contra Aznar y sus ministros de Defensa (Federico Trillo) y de Asuntos Exteriores (Ana Palacio), querella que, como era fácil de pronosticar dada la “justicia” de nuestro país, fue archivada; lo que no quiere decir que no hubiera que presentarla en todo caso. Y lo que no quiere decir que el tema esté totalmente enterrado, dado que alguno de los delitos por los que se interpuso (especialmente el llamado “crimen de agresión”, crimen internacional de la mayor gravedad, competencia de la Corte Penal Internacional) es imprescriptible. De hecho, tanto Bush como Blair están amenazados con sendas querellas: en junio de 2015 Ramsey Clark, ex fiscal general de Estados Unidos, junto con un grupo de abogados, decidieron querellarse contra Bush, Donald Rumsfeld (exsecretario de Defensa de EEUU) y Dick Cheney (exvicepresidente de EEUU) acusándolos de conspiración y de cometer crímenes de guerra contra Iraq; los familiares de soldados británicos muertos en Iraq están estudiando medidas legales contra Blair. ¿Por qué no se va a reabrir la posibilidad de nuevas querellas contra Aznar con los datos que arroja el reciente informe Chilcot, por ejemplo?
Hace algún tiempo Blair pidió disculpas por dejarse llevar por una información equivocada y reconoció que la guerra de Iraq fue la semilla del ISIS. ¿Se dejaron llevar por una información equivocada? El informe Chilcot revela que Blair y Aznar acordaron una estrategia comunicativa para aparentar que habían hecho todo lo posible para evitar la guerra. Pero hay pruebas más contundentes de que entre Bush, Blair y Aznar tramaron una gigantesca mentira, que incluyó la comparecencia en Naciones Unidas de Collin Powell presentando unas pruebas falsas sobre la presunta existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, a pesar de que los inspectores, dirigidos por Hans Blix, no encontraban evidencias sobre el terreno. Por cierto, como nota al margen, en esta comparecencia se produjo un caso curioso en la historia de la censura: la rueda de prensa de Powell se producía en la entrada del Consejo de Seguridad donde desde 1985 colgaba un tapiz con la reproducción del Guernica de Picasso, un símbolo poderoso contra la guerra; pues bien, por primera vez el tapiz fue pudorosamente tapado.
Pero el asunto va más allá, ¿se trataba de una información equivocada o cuidadosamente cocinada? El documental Al descubierto: guerra de Iraq, de Robert Greenwald, estrenado en diciembre de 2004 y disponible en las bibliotecas de la Comunidad de Madrid, muestra la entrevista a 25 expertos que han ostentado cargos y responsabilidades muy relevantes (normalmente, en la CIA) y desvela cómo el gobierno de Bush y sus “cerebros” presionó a la CIA para que le proporcionara argumentos para justificar la guerra en Iraq. Una de las intervenciones más llamativas es la de Bill Chirstison, ex director de la Oficina de Análisis Políticos y Regionales, 28 años en la CIA. Informa de que el día siguiente al 11-S, o sea, el 12 de septiembre de 2001 hay una reunión en la Casa Blanca para evaluar la situación. En un momento dado, Donald Rumsfeld pregunta a los presentes: "¿no debemos utilizar esto como una oportunidad para hacer algo también contra Iraq?" Varios de los presentes se quedan patidifusos y dicen "no, Al-Qaeda está en Afganistán", a lo que Rumsfeld, seguramente el más listo de la reunión, contesta: "En Afganistán no hay blancos buenos, pero en Iraq hay muchos". A partir del 11-S se desata una campaña de justificación de la guerra, sin causas reales, ya que Iraq no representaba ninguna amenaza. Condolezza Rice, Rumsfeld (Secretario de Defensa), Cheney (vicepresidente) y Bush se dedicaron a propagar la mentira de las armas de destrucción masiva. La Casa Blanca pedía a la CIA que le proporcionara argumentos para justificar la guerra, pero la decisión se había tomado ya. La CIA cuestionaba las razones que se daban (armas de destrucción masiva), pero se presionó a su director para que apoyara la decisión. Los servicios de inteligencia no dirigieron el proceso como en ocasiones anteriores, sino que fueron forzados a apoyar la decisión del gobierno. Por primera vez desde los juicios de Nuremberg se estaba utilizando el argumento de la guerra preventiva.
Toda esta enorme mentira fue fabricada para el mundo con la ayuda de Blair y Aznar. Por eso, ante el cinismo de Aznar declarando en febrero de 2007 “cuando yo no lo sabía, nadie lo sabía”, hay que señalar que Aznar estaba mintiendo otra vez, como mentía cuando el 13 de febrero, con su cara de cemento armado aseguraba ante las cámaras de televisión: “El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva”, y ante el entrevistador, que le insistía “¿de eso usted está seguro?”, y remachaba: “puede usted estar seguro, y pueden estar seguras todas las personas que nos ven que les estoy diciendo la verdad”; como sigue mintiendo cuando, junto con Bush, sigue asegurando que el mundo es más seguro y está mejor sin Sadam Hussein.
A estas alturas, ya todo el mundo sabe que aquella guerra fue ilegal. Por eso el viceprimerministro con Blair John Prescott ha pedido estos días disculpas en un artículo publicado en elDaily Mirror reconociendo la ilegalidad de la guerra de agresión perpetrada, y dejando en evidencia que la prioridad de Blair era mantener una “relación especial” con Estados Unidos. Claro, que en esto Aznar no iba a quedarse atrás y estaba dispuesto a ir a la guerra incluso si no participaban los británicos, ¡pues no es nadie él para que le adelanten a hacerse la foto con el emperador poniendo los pies encima de la mesa!
Señor Aznar, seguramente usted no leerá este artículo, dado que está mucho más arriba que yo (aunque yo le veo mucho más abajo), pero desde aquí le digo que los crímenes como los que diseñaron usted y sus amigos Bush y Blair, más el mayordomo Durao Barroso, que les recibió en Las Azores, no prescriben, como usted sabe. Da igual que se ponga de perfil, como si pasara por allí; a usted le debemos el 11-M, y para los iraquíes –y para muchos más- usted es un criminal de guerra, consigamos que lo ratifique un tribunal o no. Su participación entusiasta en la guerra de Iraq, su responsabilidad en la muerte de cientos de miles de personas, en la destrucción de un país entero, en haber convertido en un infierno la vida de millones de personas, le perseguirá toda su vida, le hará temer que algún día le llame un tribunal, y, en todo caso, le hará pasar a la historia como un gran villano.
Y por último, creo que sería conveniente reactivar la Plataforma Juicio a Aznar y seguir estudiando posibilidades para que el inmenso crimen que fue la ocupación y masacre cometida en Iraq no quede impune.
Pedro López López. Profesor de la Universidad Complutense. Miembro fundador de la Plataforma Juicio a Aznar.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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