jueves, 28 de julio de 2016

Las elecciones en EEUU y el móvil perpetuo. Por Iroel Sánchez

Las elecciones en EEUU y el móvil perpetuo. Por Iroel Sánchez

En termodinámica el móvil perpetuo es imposible, siempre se pierde energía, pero en política no. Del 11 de septiembre de 2001 hacia acá, el terrorismo de quienes enarbolan extremistamente el islam y la guerra de aquellos que dicen combatirlo con métodos no menos terroristas no han dejado de suministrarse energía mutuamente en una escalada que parece no tener fin. 
La tarde del mismo día en que las Twin Towers cayeron inolvidablemente, Fidel Castro asistió en La Habana a un la inauguración de un curso maestros donde abordó el gravísimo suceso y previno contra lo que podría suceder: 
“De esto se puede sacar una idea: ninguno de los actuales problemas del mundo se puede resolver por la fuerza, no hay poder global, ni poder tecnológico, ni poder militar que pueda garantizar la inmunidad total contra tales hechos, porque pueden ser acciones de grupos reducidos, difíciles de descubrir, y lo más complicado, aplicados por gente suicida. 
(…)
“…les sugeriríamos a los que dirigen el poderoso imperio que sean serenos, que actúen con ecuanimidad, que no se dejen arrastrar por raptos de ira o de odio, ni se lancen a cazar gente lanzando bombas por todas partes.”
“Reitero que ninguno de los problemas del mundo, ni el del terrorismo, se pueden resolver por la fuerza, y cada acción de fuerza, cada acción disparatada del uso de la fuerza, en cualquier parte, agravaría seriamente los problemas del mundo.
“El camino no es la fuerza ni la guerra. Lo digo aquí con toda la autoridad de haber hablado siempre con honradez, poseer convicciones sólidas y la experiencia de haber vivido los años de lucha que ha vivido Cuba. Solo la razón, la política inteligente de buscar la fuerza del consenso y la opinión pública internacional puede arrancar de raíz el problema. Creo que este hecho tan insólito debiera servir para crear la lucha internacional contra el terrorismo; pero la lucha internacional contra el terrorismo no se resuelve eliminando a un terrorista por aquí y otro por allá; matando aquí y allá, usando métodos similares y sacrificando vidas inocentes.”
Pero exactamente lo contrario es lo que han impulsado los líderes de Estados Unidos y sus aliados europeos.
Primero, la administración de George W. Bush invadió Afganistán en busca de un villano que no encontró,  atacó a Iraq con base en pretextos cuyo carácter espurio hoy es indudable, institucionalizó la tortura y  estableció la vigilancia Big brother a nivel planetario. Documentos censurados entonces y difundidos recientemente señalan la participación de altos funcionarios saudíes en los atentados pero conscientemente el enemigo se buscó en otra parte. 
Luego, Barack Obama al fin encontró en el aliado Pakistán al antiguo discípulo de la CIA Osama  Bin Laden y lo ejecutó extrajudicialmente. Nada distinto a lo que el Premio Nobel de la Paz hace cada semana, drones mediante, con una lista de sospechosos que ningún tribunal juzga. En nombre de la democracia, y nuevamente con los aliados europeos, bombardeó Libia, convirtiendo un país estable en un caos aun mayor que el que impera en Iraq y Afganistán. 
Difícil de creer pero aun no era suficiente, Hillary Clinton ha contado a la revista The Atlantic -“Financiamos mal a los rebeldes sirios y surgió el Estado Islámico“- la responsabilidad del gobierno del que la actual candidata a la presidencia por el Partido Demócrata era Secretaria de Estado en el terror que ha convertido en un infierno la sociedad siria, la más secularizada del Oriente Medio. 
Tanto Donald Trump, que con su caricatura extremista seduce a los sectores más reaccionarios de la sociedad norteamericana, como la Señora Clinton, cuya próxima cena de recaudación de fondos será el 28 de agosto en la residencia hollywoodense del magnate proisraelí Haim Saban, continuarán “eliminando a un terrorista por aquí y otro por allá; matando aquí y allá, usando métodos similares y sacrificando vidas inocentes.” Ambos seguirán aportando energía al móvil perpetuo de la violencia que ya no solo cobra vidas en los países islámicos y EEUU sino también en ciudades europeas como Munich, Bruselas y París e impulsa el ascenso de políticos como Jean Marie Le Pen en Francia o Norbert Hofer en Austria que prometen apagar con más gasolina un incendio que no cesa de extenderse. 

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