lunes, 23 de enero de 2017

El año en que en Venezuela se le escapó a la oligarquía. Por Iroel Sánchez por Iroel Sánchez

El año en que en Venezuela se le escapó a la oligarquía. Por Iroel Sánchez

por Iroel Sánchez
La oposición antichavista en Venezuela comenzó el año 2016 con la mayor oportunidad que jamás habían tenido. La victoria en las urnas les permitía el control  de la Asamblea Nacional y el descenso en un 80% de los ingresos por exportaciones provocado por el impacto de la mayor baja del siglo en los precios del petróleo, junto la permanencia de un modelo económico rentista creaba la situación económica más difícil enfrentada por el chavismo desde su llegada al poder en 1999. Todo ello con la adición de que en los años transcurridos desde entonces se han incorporado al consumo millones de venezolanos antes excluidos, no en base a un incremento de la producción sino en el crecimiento de las importaciones pagadas por el petróleo que se hacían imposibles en las nuevas circunstancias.   
La reiterada declaración con que el gobierno de Barack Obama ha calificado a Venezuela como "amenaza extraordinaria", junto al cerco de instituciones financieras internacionales completaban un cuadro en el que era prácticamente imposible siobrevir para el gobierno. Aprovechando el poder legislativo, estaba en condiciones de golpear constantemente desde allí al ejecutivo bolivariano y no dejarlo gobernar. Por su parte, el gobierno norteamericano, a la vez que dialogaba con Cuba, conspiraba política y económicamente contra el aliado  más cercano de la Isla para presionarla a hacer concesiones en dirección al capitalismo.
Pero, lejos de coronar su victoria en un ajedrez político cuyo tablero le favorecía en fichas y posiciones, dentro y fuera del país, la precipitación antichavista en su obsesión -constituyendo el nuevo parlamento declararon su objetivo de sacar al presidente Nicolás Maduro en menos de seis meses- llevó a la oposición a dilapidar una oportunidad que ya no se repetirá. 
Por desafiar a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en defensa de tres diputados "no electos regularmente" todas las decisiones de la Asamblea terminaron invalidadas por ese tribunal con base en la Constitución. Por querer ignorar las etapas para convocar el referéndum revocatorio contra el Presidente, solo pueden ahora, de lograr el apoyo para convocar y ganar ese proceso, sustituir a Maduro por quien el diario español El País llama "el chavista más rechazado por la oposición", el ex gobernador del estado de Aragua, Tareck El Aissami. 
Entretanto, el ejecutivo bolivariano ha tenido tiempo para promover y concretar un acuerdo entre los principales exportadores de petróleo cuyo solo anuncio ha colocado el precio del barril de crudo en el doble del precio que tenía a inicios de 2016, ha podido tomar medidas que comiencen a desplazar la distribución de productos con subsidios generalizados solo hacia los sectores más necesitados y eliminar así una de las causas de la especulación y escasez, apoyado en unas Fuerzas Armadas que le han permanecido leales y no han aceptado los llamados de la oposicion para sumarse al golpismo. Esto último ha sido un factor clave para que la explosiva mezcla de desabastecimiento, guerra mediática y apoyo norteamericano no siguiera el curso que dio término al gobierno de Salvador Allende en Chile. 
El discurso de balance anual de su gestión que pronunció el Presidente Maduro ante el TSJ, en sustitución de la anulada Asamblea Nacional, revela una comprensión profunda de los errores cometidos en la conducción económica y de la necesidad de  abandonar el rentismo y el asistencialismo para pasar a un nuevo modelo de producción y distribución que permita transformar la sociedad venezolana con la participación activa del pueblo en defensa de la enorme obra social que ha construido el chavismo. 
Es la única manera de enmendar el error de permitir a los sectores golpistas reorganizarse y mantener intacto su poder económico y mediático tras el fracaso de su intentona de abril de 2002, además de que hasta 2015, como denunciaba el escritor Luis Britto García, apoyado en un documentado análisis titulado  “Desabastecimiento e inflación en Venezuela” de Paulina Curcio Curcio: 
"el gobierno ha entregado la llave de su marcapasos al adversario económico  capitalista al confiarle 60.000.000 millones de dólares preferenciales o más para que los disipe en importaciones fantasmas o en bienes que luego acaparará o que impedirá que lleguen al público."
(...)
"no llega al consumidor el enorme sacrificio que realiza el gobierno aportando dólares a tasa preferencial a los empresarios privados para que importen bienes básicos o insumos para producirlos, y éstos se quedan atascados en una purulenta mafia de intermediarios, en gran parte controlada por los monopolios y oligopolios del ramo. El ciudadano común nada puede contra este tapón que obstruye las políticas socialistas y corroe la adhesión del pueblo hacia su gobierno."
Por eso, la creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) está dando una respuesta novedosa y efectiva con protagonismo popular a esta problemática y ya abastecen a 2 millones de familias de bajos y se pretende hacerlas crecer hasta el doble de esa cifra en los primeros meses de 2017, al margen de las redes mafiosas creadas por la oligarquía y el desmoralizador bachaqueo. 
El chavismo parece haber sacado las lecciones adecuadas de su más dura coyuntura y la oligarquía venezolana ha desperdiciado una oportunidad de oro que difícilmente se le vuelva a presentar. Como reza el verso guilleniano, los opositores han sabido "lo que es morir de sed junto a la fuente" y ya difícilmente volverán a llegar hasta ella.

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