domingo, 5 de agosto de 2018

La normalidad. En el Régimen electoralista corrupto del 78

La normalidad

 

"Normalidad" es lo que se precia Sánchez de haber introducido en Catalunya frente a la atribulada situación provocada por la agresividad del gobierno anterior. Gobierno al que, junto a sus aliados ocasionales, ha destituido mediante moción de censura. Porque no gobernaba, era corrupto y desastroso y había destruido la imagen de España como Estado de derecho. Una gestión sumamente negativa. Y, para dejarlo bien claro, procede a condecorarlo en bloque. Por increíble que parezca.

¡Ah, claro, es la "normalidad"! Los gobiernos entrantes condecoran a los salientes porque también ellos serán salientes y quieren ser condecorados.  Aunque los hayan derribado por ser malos gobiernos. Es difícil imaginar algo más estúpido.

Es la idea de “normalidad” de Sánchez. Compatible con negar la libertad de los presos políticos catalanes; compatible con negar el retorno de los exiliados, incluso la existencia misma de ambos, presos/as y exiliados/as políticas; compatible con rechazar la autodeterminación de Catalunya.

Esa debe de ser también la idea que lo lleva a anunciar la presencia del rey en los actos previstos de aniversario del atentado de las ramblas el 17 de este mes y en su compañía. "Normalidad": el jefe del Estado tributa respeto a las víctimas en compañía del presidente del gobierno. Lo "normal". Aunque ni él mismo lo piensa, pues no lo anunció en la rueda de prensa de balance de su gobierno.

Pero lo "normal" de Sánchez no es lo "normal" de la otra parte. El rey no es bienvenido en Catalunya, al menos oficialmente. El presidente Torra lo deja muy claro. Ellos no lo han invitado. Parece que el Ayuntamiento, tampoco. No lo ha invitado nadie de Catalunya. Se ha autoinvitado por boca del gobierno. Pero, no siendo la "normalidad" española la catalana, aquella se entiende como una imposición, un acto de fuerza, una provocación. Llamar “normalidad” a eso es pintoresco.

Por lo demás, ya se lo están avisando en las islas baleares, en donde la “normalidad” campa a sus anchas. A la cena del palacio en que se alojan los reyes falta un buen puñado de autoridades y representantes políticos. Culpan al rey de comportamiento anticatalán. Pues imagínese la pareja del presidente y el rey en el sitio mismo del atentado. El presidente Torra anuncia que irá al acto tras haber visitado a Quim Forn el conseller de Interior, en la cárcel. "Normalidad".

La única normalidad aceptable y duradera será la libertad de los presos/as y el retorno de las/los exiliados sin cargo alguno. Y la celebración de un referéndum de autodeterminación en Catalunya con supervisión exterior y vinculante.

Es una normalidad tan aplastante que ya está todo el mundo hablando de elecciones anticipadas en España y Catalunya.

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