Jueves, 06 Noviembre 2014
Contrarreformas y polarización social
Los
dos últimos años, tras la renuncia de Andrés Manuel López Obrador
(AMLO) a responder con la movilización frente al fraude electoral de
2012 que impuso a Peña Nieto (PRI) en el poder, y después de la
claudicante firma del Pacto Por México por el PRD, el régimen consiguió
la confianza necesaria para imponer parte de sus contrarreformas más
estratégicas: la laboral (noviembre de 2012), la educativa (febrero
2013), y la energética (diciembre 2013). Frente a esta ofensiva de la
burguesía, la oposición del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA)
y de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y del resto de
sindicalismo independiente, ha sido más que tibia. En definitiva, los
primeros 10 meses de 2014 han estado marcados por la negativa a luchar
de parte de las principales organizaciones de masas.
Crisis del Régimen
Primero
fue la extraordinaria lucha de los estudiantes del Instituto
Politécnico Nacional (IPN) contra la imposición de un nuevo y
reaccionario reglamento interno, e inmediatamente después el gran
movimiento de protesta por los hechos sangrientos contra los normalistas
de Ayotzinpa. La visualización del Estado actuando conjuntamente con el
Narco para agredir a la lucha social, añadió un ingrediente
especialmente inflamable.
Hay
que subrayar que la intensidad con que se ha expresado la lucha de
clases en las últimas semanas ha dejado traslucir la seria debilidad del
Estado, derivando ello en resultados pocas veces vistos en años: los
estudiantes del IPN no sólo repelieron el ataque del nuevo reglamento
interno, sino que además lograron revertirlo arrancando una serie de
demandas, entre ellas la renuncia de la directora general de dicho
centro de estudios, Yoloxóchitl Bustamante. Otro caso es la incapacidad
del Estado para reprimir la furia con que se han manifestado normalistas
y maestros en Guerrero, que además de prender fuego al Palacio de
Gobierno del estado han ocupado una veintena de ayuntamientos
guerrerenses junto a la población. En muchas localidades de Guerrero las
respectivas asambleas populares han tomado prácticamente el control
político de las localidades y el Estado no lo ha podido impedir.
También
la caída el pasado 23 de octubre del gobernador de Guerrero, Ángel
Aguirre, es un estupendo termómetro del momento actual de la lucha de
clases, pues a diferencia de Oaxaca, entidad en la que el gobernador
Ulises Ruiz logró mantenerse en el poder hasta terminar su mandato a
pesar de la abierta insurrección revolucionaria de 2006, en esta ocasión
las cosas han transcurrido de otro modo.
El movimiento estudiantil
Hoy
en día el homicidio es la principal causa de muerte entre la juventud.
¡El capitalismo ha trasformado a México en un infierno para los jóvenes!
En
ese panorama sólo faltaba el estímulo adecuado para que las tensiones
acumuladas entre la juventud, salieran a flote. Peña Nieto, mirando la
escasa respuesta de los dirigentes de masas frente a los ataque previos,
subestimó a los estudiantes e intento imponer la versión para el IPN de
su contrarreforma educativa. La respuesta fue meteórica pues el paro
estudiantil que inició en la Escuela Superior de Ingeniería y
Arquitectura, en cuestión de días se extendió a toda la institución, que
alberga a aproximadamente 160.00 alumnos. Inmediatamente la solidaridad
de otras universidades se hizo sentir con fuerza: el 30 de septiembre
se movilizaron en el DF miles de estudiantes del IPN, de la UNAM, de la
UAM, de la UACM, etcétera, e incluso de algunas universidades privadas.
Lo mismo se repetiría en la tradicional movilización del 2 de octubre,
que recuerda la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas
en 1968. Finalmente, un día después, el 3 de octubre, el Estado
anunciaría la anulación del nuevo reglamento interno del IPN.
En
todo este gran movimiento juvenil, el Comité Estudiantil en Defensa de
la Educación Pública (CEDEP) ha jugado un papel especialmente destacado
en Ciudad Universitaria (UNAM), en la FES Aragón, en la UAM-I, en la
BUAP, en la UPN de Toluca, en la Escuela Superior de Música del IMBA y
otras instituciones de enseñanza media y superior. En dichos cetros de
estudios y en los actos de masas, el CEDEP ha agitado en torno a la
necesidad de unificar al movimiento estudiantil, dotarlo de un programa
claro, vincularlo con el movimiento obrero, entre otras ideas, que han
sido bien recibidas por el movimiento, entre ellas la de impulsar la
jornada nacional de lucha del próximo 5 de noviembre.
Maniobras del Estado
Por
su parte, Peña Nieto está tratando de ganar tiempo en las
investigaciones sobre los 43 normalistas desaparecidos hasta poder
ofrecer una cabeza en sacrificio (la detención del alcalde prófugo de
Igual, José Luís Abarca, e incluso del propio Aguirre o de allegados) y
esperar a que la tensión social se enfríe, pues en las condiciones
desarrolladas en las últimas semanas una noticia oficial sobre un
trágico final para los estudiantes secuestrados, podría provocar que la
lucha contra el Régimen adquiera bríos mayores a los ya vistos.
Desafortunadamente
la táctica dilatoria del Estado se puede ver favorecida si MORENA y la
UNT no asumen una postura verdaderamente firme de lucha. Los estudiantes
y otros sectores populares están haciendo su mayor esfuerzo para sacar
adelante las dos principales demandas del movimiento de masas: apoyar la
lucha del IPN y conseguir la aparición con vida de los normalistas de
Ayotzinapa. Pero dar un impulso mayor a una lucha que ya cuenta con
varios paros generales y movilizaciones de masas, requiere lograr la
participación del movimiento obrero.
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