jueves, 11 de febrero de 2016

El dinero lavado y perfumado del PP

El dinero lavado y perfumado del PP

Las promesas de Rajoy son efímeras como pétalos y de ahí que su tajante pronunciamiento contra la corrupción –“Esto se acabó y aquí ya no se pasa por ninguna”- caducara en un suspiro. En cualquier otro la frase habría sonado como el golpe que da en la mesa el hombre traicionado en su confianza, pero tratándose del presidente del Gobierno, curtido por los años en los que las golfadas de su entorno le resbalaban como el agua de lluvia, todo el mundo se apresuró a poner en marcha el cronómetro para comprobar si era capaz de batir su propio récord de incumplimientos.
Así, cinco días después del ‘aquí me planto’ de Rajoy y con apenas unas horas de margen desde que el portavoz del PP invitara a Rita Barberá a dar un paso atrás, el partido procedía a incluir a la exalcaldesa en la Diputación Permanente del Senado para mantenerla aforada y demorar su irremediable comparecencia ante la Justicia ordinaria, donde tendría que explicar cómo pudo mantenerse virgen y pura rodeada de corruptos. Oro olímpico para el atleta gallego.
Barberá no sale de casa ni en defensa propia y ha dicho que lo más prudente es seguir atrincherada tras sus visillos y no ir al Senado, que al fin y al cabo es una manera tonta de perder el tiempo. De cómo la ‘reina del caloret’ ha logrado poner en ridículo a su amigo Rajoy en tan corto lapso de tiempo sólo es explicable por esa dichosa manta que todos esgrimen y de la que pocos tiran, y que en el caso de Barberá podría dejar al presidente con las vergüenzas al aire, aunque a decir verdad ya se le ve bastante desnudo.
Sin menospreciar el ingenio valenciano, es razonable pensar que el mecanismo utilizado por el partido en esa comunidad para blanquear el dinero negro de las supuestas mordidas con donaciones ficticias de sus dirigentes no se inventó junto a las Torres de Serrano. Es más, cabría suponer que todo el PP ha podido usarlo en algún momento ya que sus ventajas son incontestables: de una lado, lava divinamente; de otro, permite a esos dirigentes que ingresan sus 1.000 euros de donación y que luego reciben en metálico esa misma cantidad desgravarse en el IRPF por su fingida liberalidad.
De hecho, este mismo sistema ya fue utilizado con éxito por el viejo CDS cuando recibía maletines con billetes de Mario Conde y toda su dirigencia procedía a retratarse y a firmar las correspondientes boletas de ingreso en el Banco Popular para legalizar el aguinaldo. Aquello supuso un avance respecto a otros sistemas más rudimentarios de los que Florentino Pérez y la nevera de su despacho cuando era secretario general del Partido Reformista saben bastante.
De ser este el motivo, si existiera alguna mínima posibilidad de que Barberá experimentara una revelación semejante a la del yonki del dinero, el ‘arrepentido’ Marcos Benavent, y pusiera todo patas arriba, se entendería mejor la yenka de Rajoy. Lo peor que le puede pasar al presidente no es abandonar la Moncloa en primera instancia o no repetir como candidato en una eventual repetición de las elecciones. Lo que sería mortal para el todavía líder del PP es que la causa judicial dejara de circunscribirse sólo a Valencia.
Y es que las semejanzas entre Barberá y Rajoy son algo más que evidentes. Ni uno ni otro han tenido que pasar por los juzgados pese a haber estado rodeados de corruptos como islas desafiantes a una mar embravecida de podredumbre. Sorprende que ningún juez haya estado tentado de preguntarse qué conocía el presidente de las actividades de los tesoreros de su partido, cinco de los cuales han sido imputados. No sería extraño que en algún momento, con Rajoy lejos de la primera línea, la curiosidad de los magistrados sea incontenible.

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