miércoles, 17 de febrero de 2016

Fidel Castro: la verdad frente a la mentira Wilkie Delgado Correa

Fidel Castro: la verdad frente a la mentira
“…Nos parece como que el mundo se hunde cuando una verdad se dice, ¡como si no valiera más la pena de que el mundo se hundiera, antes de que vivir en la mentira!”
Fidel, hace 55 años
El reciente encuentro del Papa Francisco y del Patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la Habana, sentó pautas para el futuro de la cristiandad. Lo que ambas personalidades han expresado sobre Cuba rebasa con creces lo que era imaginable tiempos atrás. Y con ello se hizo evidente, una vez más, la falsedad de las campañas sobre la posible esencia enemiga de la revolución cubana contra las religiones, esgrimidas y reiteradas desde su mismo triunfo.
Cuando en el futuro se realice un estudio ponderado de los aportes de la Revolución Cubana a la práctica y la teoría revolucionaria, y de los instrumentos morales que le permitieron subsistir, desarrollarse y vencer durante más de 60 años a partir de su génesis armada con el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, tendrá que resaltarse ineludiblemente el apego a la verdad en su lucha contra enemigos menores y mayores, representados todos, después del triunfo del 1 de enero, por los gobiernos y las clases políticas estadounidenses, así como de otras partes del mundo, que en sus propósitos para destruirla por todos los medios apelaron al arsenal de mentiras más vil y descomunal que se pueda imaginar.
Como señalara Fidel la revolución fue hija inspirada de José Martí y, por lo tanto, su autor intelectual. Y es que el Maestro fue una sementera gigantesca de ideas para Cuba y el mundo. Así, por ejemplo, predicaba que la verdad debía cultivarse desde la cuna:
“A los niños no se les ha de decir más que la verdad, y nadie debe decirles lo que no sepa que es como se lo está diciendo, porque luego los niños viven creyendo lo que les dijo el libro o el profesor, y trabajan y piensan como si eso fuera verdad, de modo que si sucede que era falso lo que les decían, ya les sale su vida equivocada; y no pueden ser felices con ese modo de pensar, ni saben cómo son las cosas de veras, ni pueden volver a ser niños, y empezar a apreciarlo todo de nuevo.” 1
Al triunfar la revolución, con la herencia de incultura y pobreza que dejó el capitalismo rapaz, Fidel la enrumbó hacia las metas que garantizarían la liberación plena del pueblo cubano. Había que desterrar definitivamente las secuelas del oprobio entronizado durante siglos y construir el nuevo edificio de la república para el bien de todos.
Y todo debía comenzar, después de alcanzada la libertad inicial con la derrota de la dictadura, por aquellas conquistas que afianzarían más libertades en los años futuros. Y entre ellas la educación era esencial. Por eso convocó a la campaña de alfabetización con el propósito de acabar con el flagelo del analfabetismo en apenas un año, lo que fue alcanzado exitosamente precisamente en el año 1961, en el que Cuba fue invadida por más de mil mercenarios organizados, financiados, pertrechados y dirigidos por el gobierno de Estados Unidos. Esa invasión fue derrotada en menos de 72 horas en Playa Girón, y se infligió así la primera derrota al imperialismo en América.
Sobre esta tarea de emancipación educacional y cultural, Fidel señalaba:
“Liquidar el analfabetismo no es más que un primer paso; después vendrán nuevos pasos, después vendrán nuevas batallas, porque nuestro pueblo tiene que proponerse estudiar; superarse, saber cada día más, para comprender cada vez mejor; estudiar cada vez más; para comprender la verdad cada vez mejor.” 2
Y a la vez, Fidel reflexionaba sobre el papel diferente desempañado por los revolucionarios y los reaccionarios y explotadores en la consecución de la verdad. Al respecto, apuntaba:
“Los que enseñan la verdad preparan a los pueblos para comprenderla; los que enseñan la mentira condicionan a los pueblos para engañarlos. Los que defienden la explotación, los privilegios y la injusticia tratan de mantener a los pueblos en la oscuridad y la ignorancia más completa.
Las revoluciones que predican la justicia, que se hacen para redimir a los pueblos de la explotación, enseñan, educan, erradican la ignorancia.” 3
Una idea raigal de la ética política asumida por Fidel fue expresada con claridad meridiana en un discurso el 16 de marzo de 1959, o sea, hace 55 años.
“Nos casaron con la mentira y nos han obligado a vivir con ella en vergonzoso contubernio; nos acostumbraron a la mentira, y nos asustamos de la verdad. Nos parece como que el mundo se hunde cuando una verdad se dice, ¡como si no valiera más la pena de que el mundo se hundiera, antes de que vivir en la mentira!” 4
Esa esencia que encierran las ideas anteriores fue ratificada años después como doctrina política en su célebre concepto de revolución, contenido en el discurso del 1 de mayo de 2000:
“Revolución…;es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.” 5
Pero la verdad no se defiende sola como tal, requiere de portadores que la defiendan y de principios que la inculquen, y Fidel aporta un elemento novedoso y esencial, que es la función de servicio a un fin noble, algo que está más allá de lo estrictamente formal como ente abstracto y filosófico. Así lo expresó en comparecencia en el juicio contra el delator de los mártires de Humbolt 7, el 26 de marzo de 1964:
“La verdad es una entidad concreta y en función de un fin noble (…) E incluso desde el momento en que una verdad se emplee con mal fin ya no puede ser tal verdad. Yo concibo la verdad en función de un fin justo y noble, y es entonces cuando la verdad es realmente verdad. Si no sirve un fin justo, noble y positivo, la verdad, como ente abstracto, categoría filosófica, en mi opinión no existe…” 6
También se refiere a otro aspecto de la dicotomía entre la verdad y la mentira. Se trata de algo que no implica el ocultamiento doloso ni la mentira en el manejo de algunos asuntos en determinadas circunstancias coyunturales. Fidel lo identifica como discreción en el abordaje público de cuestiones específicas:
“…Hay cosas que por sus características y su naturaleza no es ese tratamiento (público). ¡Ah, pero la discreción es algo muy diferente a la mentira! La mentira no paga dividendos, los dividendos que una mentira brinde a la larga los cobra a un precio mucho mayor.” 7
Ya Martí, en su carta inconclusa del 18 de mayo de 1895, un día antes de su caída en combate, se refiere al asunto y circunstancias de algo esencial de su existencia, que en su momento debió asumir en silencio y como indirectamente, “porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”. Lo expresó palmariamente de esta manera:
“[...]; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy y haré es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas y de proclamarse en lo que son levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.” 8
Fidel también es explícito a la hora de señalar lo beneficioso que resulta, como táctica y estrategia revolucionaria, ser abanderados siempre de la verdad.
“… Y no saben que no hay mejor táctica, ni mejor estrategia que luchar con armas limpias, y que luchar con la verdad, porque esas son las únicas armas que inspiran confianza, son las únicas armas que inspiran fe, son las únicas armas que inspiran seguridad, dignidad, moral. Y son con esas armas con las que hemos ido venciendo y aplastando los revolucionarios a nuestros enemigos.
Mentira. ¿Quién ha escuchado nunca una mentira en boca de un revolucionario? Porque son armas que no benefician a ningún revolucionario, y ningún revolucionario serio tiene necesidad de acudir a una mentira nunca; su arma es la razón, la moral, la verdad, la capacidad de defender una idea, un propósito, una posición.” 9
Hoy la Cuba revolucionaria presenta una imagen distinta para gran parte del mundo porque las pequeñas y grandes mentiras que se propalaron por gobernantes y políticos de toda la ralea imperialista y reaccionaria y la jauría integrada por el sistema de medios de propaganda y subversión, para frenar su ejemplo y destruirla, fueron sufriendo el desgaste del tiempo y la contraofensiva de pueblos y gobiernos, que los condujo a la larga a la derrota, reconocida al fin, por el gobierno de los Estados Unidos. ¡Qué remedio les quedaba! Las mentiras fueron cayendo tal vez en un proceso demasiado lento, que puso a prueba el estoicismo del pueblo cubano, que tuvo que pagar la defensa de su dignidad y rebeldía a un alto costo de sacrificio. ¡Pero las mentiras se desplomaron, y las verdades fueron levantándose como escudos protectores de los destinos de la nación cubana!
Sin embargo, no se asombren si allí, allá o acullá escuchan todavía una mentira trasnochada e increíble de boca de personajes que persiguen herir a la Revolución Cubana con dardos envenados, simplemente porque llevan en su interior un odio y una enajenación mortal desde el punto de vista político. Ya han sido derrotados, pero aún se escuchan los aullidos y estertores de algunos o muchos, hasta el día en que sean enterrados en el basurero de la historia.
CITAS:
1. [José Martí: OC, tomo 18- 500-501]
2. [Fidel Castro: Discurso, 23-11-1961. En La educación en revolución, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1975, p. 60]
3. [Fidel Castro: Discurso, 9-11-1961. En Ideología, conciencia y trabajo político. Editora Política, La Habana, 1987, p. 260]
4. [Fidel Castro: Discurso, 16-3-1959. En Ideología, conciencia y trabajo político. Editora Política, La Habana, 1987, p.328]
5. [Fidel Castro: El concepto de revolución. Discurso del 1 de mayo de 2000. En www.ecured.cu]
6. [Fidel Castro: Comparecencia en el juicio contra el delator de los mártires de Humbolt 7, 26-3-1964. En Ideología, conciencia y trabajo político. Editora Política, La Habana, 1987, p.52]
7. [Fidel Castro: Discurso, 16-3-1964. En Ideología, conciencia y trabajo político. Editora Política, La Habana, 1987, p.52]
8. [José Martí: Epistolario, tomo V. Carta a Manuel Mercado 18/5/95, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, pp. 250-252]
9. [Fidel Castro: Discurso, 3-10-1965. En Ideología, conciencia y trabajo político. Editora Política, La Habana, 1987, p.62-63]

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